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Depresión: terapias antiguas para una enfermedad contemporánea

Depresión: terapias antiguas para una enfermedad contemporánea

Se conmemoró el 7 de abril el Día Mundial de la Salud, que este año fue dedicado a reflexionar sobre la depresión, una patología que, según la OMS, padecen unos 50 millones de personas en nuestro continente y que encabeza, junto con otros desórdenes mentales severos como el trastorno de ansiedad, el ranking de enfermedades de la región, por encima incluso que las patologías cardíacas o el cáncer.

A pesar de esta situación, sólo dos de cada diez personas que padecen depresión acceden a un tratamiento adecuado. Es decir que un 80% convive con un desorden que no solamente provoca un sinnúmero de molestias sino que también puede provocar serios problemas económicos, debido a la falta de productividad que trae aparejeada, familiares e, incluso, la muerte provocada por el suicidio.

El doctor Hugo Cohen, miembro del Comité de Expertos de la OPS/OMS y vicepresidente para América Latina de la Federación Mundial de Salud Mental detalló diez tips que deben tener en cuenta aquellos que sufren de depresión a fin de enfrentarla. Entre ellos figura uno sobre el que quiero detenerme. Dice: "Ser conscientes de que los pensamientos negativos surgen de la enfermedad y rechazarlos". Es que, efectivamente, la persona que sufre de depresión se encuentra bombardeada continuamente por pensamientos negativos, que aparecen como recuerdos de situaciones dolorosas del pasado, culpabilidades reales o imaginarias y, sobre todo, perspectivas oscuras y negativas para el futuro. La sugerencia consiste en adoptar una actitud de espectador de los propios pensamientos, evitando identificarse con ellos y ubicándolos en el lugar que realmente les corresponde como fruto de un desorden con respecto al cual el paciente es ajeno.

Se trata de una estrategia que es utilizada por la psicología cognitiva y, también, por terapias de tercera generación como el ACT, pero que tiene raíces muchos más antiguas y profundas. Conocer y tomar conciencia de las reflexiones realizadas por quienes nos precedieron en el oficio de cuestionarse y tratar de encontrar respuestas a los interrogantes de la existencia humana resulta, en casos como este, no solamente aconsejable, sino también una medida sabia que puede aportar reales oportunidades de curación.

Escribía Epicteto, un filósofo estoico del siglo II: "Los hombres no se perturban por causa de las cosas, sino por la interpretación que hacen de ellas". Es decir, las heridas emocionales que sufrimos provienen del significado que damos a nuestras experiencias, y no de las experiencias mismas. Es más bien la interpretación de lo que nos pasa aquello que nos enferma, y no aquello que nos pasa. O bien, son los pensamientos que elaboramos a partir de esas interpretaciones los que agravan la patología. De allí el consejo de la psiquiatría contemporánea al que hacíamos referencia: "Ser conscientes de que los pensamientos negativos surgen de la enfermedad y rechazarlos".

¿De qué manera alcanzar esta conciencia? ¿Qué métodos podemos emplear para rechazar los pensamientos que nos enferman? Evagrio Póntico fue un filósofo y teólogo que tuvo una actuación destacada en los medios intelectuales de Constantinopla en la segunda mitad del siglo IV pero que a mitad de su vida se retiró al desierto egipcio donde vivió como monje durante quince años dejando muchos discípulos y muchos escritos. Se caracterizó por la profunda agudeza en sus observaciones de la psicología humana, el modo de entender las molestias y desórdenes que él mismo sufría y que veía a diario en su oficio de maestro y consejero de los demás monjes y en las terapias que propuso para superarlas.

Evagrio denomina pensamientos malvados a aquellos que intentan desestabilizar psicológicamente al hombre y, de acuerdo al medio cultural y religioso en el que escribe, considera que detrás de cada uno de ellos hay un demonio preocupado en causar algún mal al hombre. Este recurso a una mitología que puede resultar extraña al hombre contemporáneo es, sin embargo, efectiva para lograr la exteriorización del problema: los pensamientos no responden a una realidad de mi propia existencia sino que son exteriores a mí; son otros de los cuales debo defenderme e impedir que ingresen en mi mente.

Los seres humanos naturalmente huimos de todo aquello que consideramos malo para nuestra existencia, sea de un peligro que atenta contra nuestra vida o sea de una comida que nos provoca problemas digestivos. La táctica que sugiere Evagrio Póntico es considerar que existen ciertos pensamientos que son malos y de los cuales debemos huir porque indefectiblemente nos provocarán algún daño. De este modo, un pensamiento negativo que comienza a enmarañar el día de una persona que sufre de depresión es nombrado como un agente exterior y negativo que intenta provocarme una herida y del cual debo defenderme.

Se trata de una estrategia que tiene sus ventajas. Además de la despersonalización del problema, que otorga la posibilidad de luchar contra él como contra la intromisión de un ente extraño a la propia existencia, aparece la posibilidad de nombrar al pensamiento (Evagrio ofrece un detallado elenco de todos ellos), y sabemos, después de Lacan, que el nombre otorga una suerte de existencia que, en nuestro caso, habilita para la lucha y la defensa, ya que no se puede dar pelea contra lo que no se conoce. Primero se debe identificar al enemigo para luego poder atacarlo, y esa identificación se produce cuando lo nombro y lo reconozco como algo externo.

Como vemos, Evagrio desarrolla una personalización del mal: se trata de un demonio. Probablemente se trate de un recurso grotesco, pero debemos cuidarnos de considerar que responde a una estructura mental primitiva puesto que, en el fondo, se trata de la toma de conciencia de la responsabilidad personal y de la dignidad de cada persona que se resiste a la alienación que le proponen los pensamientos negativos: no soy esa imagen mental dolorosa que se me aparece como parte de mi personalidad; yo soy yo, y eso que me aliena, no es yo.

¿Cuáles son las terapias que propone Evagrio para superar esta situación? Son muchas y variadas, pero hay dos que se destacan, y la primera de ellas es la vigilancia, es decir, estar atentos y vigilantes a los pensamientos que se aproximan a fin de poder identificarlos y, si se descubre que son malignos, rechazarlos inmediatamente puesto que una vez que han ingresado en la mente, se hace mucho más difícil y costoso expulsarlos. Utiliza con frecuencia la imagen del vigía que está apostado en un mangrullo oteando el horizonte y que, cuando ve que se acerca el enemigo, da la voz de alarma. Debemos estar atentos. Recurriendo a la mitología griega, debemos atarnos como Ulises al mástil del barco a fin de no ceder al canto de las sirenas, es decir, no ceder a los pensamientos malvados que se empecinan por ingresar en la menta para enfermarla.

La segunda consiste en adquirir la conciencia plena de la realidad, lo que inglés se llama mindfulness, y que no consiste en este caso en una técnica de meditación determinada, sino simplemente en ejercitarnos en vivir el presente sin dejarnos embaucar por la madeja de pensamientos malvados que, dejados librados a su arbitrio, poco a poco nos van creando una realidad ficticia en base a la cual vivimos, juzgamos y tomamos decisiones, y es esta ficción la que nos enferma. Se trata, entonces, de volver a nuestra propia realidad o, lo que es lo mismo, en profundizar en nuestro conocimiento personal. Si no nos conocemos a nosotros mismos, no podremos tampoco reconocer a los pensamientos malvados que nos asaltan como extraños a nosotros, y continuaremos identificándonos con ellos. Es decir, seguiremos enfermos. Lo que sana y libera es el conocimiento y la aceptación de la propia realidad personal.

(*) Rubén Peretó Rivas. Investigador del CONICET y profesor en la UNCuyo

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11 de diciembre de 2017 | 14:51
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11 de diciembre de 2017 | 14:51
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  1. Muy lindo artículo
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