opinión

Suposiciones, el constante hecho de interpretar la realidad

La realidad es la construcción subjetiva de cada individuo que le otorga un "sello propio" a la interpretación de cada hecho.

Suposiciones, el constante hecho de interpretar la realidad

 Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Suposición es la idea o juicio que se presume cierto, verdadero o real para llevar a cabo un razonamiento o actuar de una determinada manera. A diario se hacen cientos de suposiciones, sobre cómo los demás piensan, sienten y actúan, sin siquiera ser consciente de ello.

Al cerebro le molesta la incertidumbre y el caos; le gusta programar, organizar, encasillar, sacar conclusiones en un intento de dar sentido al mundo que le rodea. Realizar una suposición es hacer una conjetura en base a los indicios que se tienen, para llegar a una conclusión, dando por hecho algo en búsqueda de una explicación y a continuación reforzarla con sucesivos pensamientos y comentarios. Generalmente se termina creyendo aquel hecho "creado", dándolo por sentado, sin cuestionarlo como una posibilidad dentro de un amplio abanico de opciones, asumiéndolo como verdad absoluta y más tarde, ni siquiera recordando el origen de tal afirmación. Así se pueden crear imágenes distorsionadas de personas o sucesos, partiendo de una simple suposición. El cerebro no discrimina mucho entre realidad y lo que "cree" que es la realidad, por ende, reacciona emocionalmente a esa idea, porque la toma como cierta. De hecho, la realidad, es la construcción subjetiva de cada individuo, con la base de las experiencias vividas, lo que le otorga un "sello propio" a la interpretación de cada hecho.

El problema es que dentro del mundo de las suposiciones, existe una tendencia mayoritaria a hacerlo de manera negativa, adversa o catastrófica. Sumado a creer, que muchas de las cosas que pasan tienen que ver con uno mismo. Ninguna de estas suposiciones es productiva,crean problemas, que solo existen en los pensamientos, y se termina sufriendo más con lo que se imagina, que con lo que en realidad sucede. Buda decía: "Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos".

Por otro lado, suponemos que los otros entienden lo que queremos decir, porque es "obvio" lo que se está expresando; sea una cara, una frase y hasta el frío e inexpresivo mensaje de texto. Como también suponemos con qué intención hablan o actúan las personas. Es decir, permanentemente se está interpretando, suponiendo, creyendo, dando por sentado, adjudicando significados o adosando atributos. Y esto se hace sobre situaciones, contenidos verbales, expresiones faciales, entonaciones de frases, lectura de cartas o mensajes en redes sociales. Los problemas en la comunicación humana surgen cuando se establece una crucial distancia entre lo que una persona dice, lo que quiso decir, la manera en que lo expresa y lo que el otro escucha, cree entender e interpreta de ello.

Vivir con otras personas hace que inevitablemente haya en el medio, una distancia entre dos realidades distintas; al provenir de diferentes familias, modos de crianza, valores, contexto social, hasta las prácticas que cada uno haya ido experimentando a lo largo de los años, es la base sobre las que se van construyendo creencias y pensamientos únicos, que pasan a ser ideas directrices en la vida de cada uno. Así se forman los esquemas mentales, que son las estructuras de pensamiento que permiten interpretar y categorizar la información proveniente de alrededor; a partir de ellos se organizan las ideas acerca de uno mismo, de los otros y del mundo.De este modo construimos un lente a través del cual accedemos a la realidad. Al empezar a desarrollar un vínculo con personas y situaciones, es cuando este escenario de fondo se pone en acción ante cada contacto.

Estas formas de construir la realidad guían las emociones y las acciones. Por lo tanto, en muchas ocasiones se convierten en profecías autocumplidas. Hay estudios que señalan que las personas tienden a tomar distancia de los hechos que van en contra de sus creencias. Se tiende a producir sistemáticamente, ciertas respuestas frente a diversas situaciones, lo que se conoce como los"sesgos cognitivos", que expresan poca flexibilidad de adaptación a distintos contextos y repiten un estilo de pensamiento.Es importante mencionar que todo esto es aprendido, y como todo aprendizaje se puede revisar, corregir y volver a aprender.

Es necesario verificar, preguntar, averiguar, experimentar. Dejar de suponer es complicado, ya que se trata de un mecanismo natural y una tendencia muy arraigada a buscar respuestas y explicaciones. Pero lo que se puede hacer es "aprender a concientizarlas suposiciones" y a disminuir de este modo su impacto, antes de darlo por cierto,dejando lugar a la confirmación. Un diálogo con la persona implicada, dando la oportunidad de expresarse, es más productivo que un diálogo interno o con un tercero, basado en supuestos. Una vez que se cerciora la información, se puede actuar con una base más confiable.

Preguntar, buscar opiniones externas, es la mejor manera de ampliar los horizontes e incluir nuevas perspectivas de análisis.Los juicios, muchas veces elevan una pared que bloquea el paso a nuevas experiencias, esto sofoca la creatividad y convierte a la persona en rutinaria y estancada. Flexibilizar y poner en tela de juicio los pensamientos, especialmente aquellas cogniciones que interfieren negativamente con la vida, es una estrategia de gran ayuda.

Si damos por sentado que lo que suponemos es lo correcto, estamos sentenciando, juzgando y considerando nuestra interpretación como indiscutible, única y real.Nos situamos en el lugar de "creer" ser objetivos, poseedores de la verdad, dueños de la razón. Es aquí donde tenemos que detenernos y trabajar. Aceptar que "de tal manera, de cierto modo", comprendemos y estamos mirando lo que ha sucedido, lo cual sólo constituye una parcialidad, un esbozo o un recorte propio "de mi visión" repleta de sesgos. Una humilde, subjetiva y particular mirada. Expresar que es sólo nuestro modo de entender, sin intentar forzar, obligar, exigir o convencer a quien tengo enfrente, en que sólo yo estoy en lo correcto. Este seria el objetivo; expresar sin imponer, argumentar con modestia, disentir con respeto, escuchar con apertura,aceptar mi limitación, no dar por "obvio", no sobreentender lo no acordado explícitamente y como eje para una vida más funcional, preguntar para no suponer.

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23 de enero de 2018 | 01:18
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