opinión

Miedo: el valor de expresarlo y el coraje de enfrentarlo

El miedo no sólo tiene que ver con la amenaza de peligro físico, sino que se suma el temor al dolor psíquico, de un peligro más simbólico y abstracto.

Miedo: el valor de expresarlo y el coraje de enfrentarlo

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

El miedo es una de las emociones más primitivas. Deriva de la aversión natural al riesgo o la amenaza, y se manifiesta en todos los mamíferos. Se caracteriza por un intenso sentimiento, habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.Su respuesta puede ser:la huida, para resguardarse;el enfrentamiento, para defender la vida;la paralización,cuando es mal gestionado.Si bien el cerebro ha construido nuevas estructuras, una parte sigue conservando este recurso valioso para preservar la vida, ante cualquier peligro posible.

Hay una porción cerebral, muy cerca del hipocampo, denominada "amígdala", donde se recibe gran parte de la información sensitiva y cognitiva, que desempeña un papel crucial en la detección y expresión de ciertas emociones, particularmente del miedo. Ante un estímulo amenazante, se activa la amígdala,actuando como una central de alarma, iniciando una respuesta de sobrevivencia, que dispone al organismo para la huida o la defensa.

El miedo produce cambios fisiológicos inmediatos: de repente se eriza la piel, se acelera la actividad cerebral, la respiración se agita, el corazón bombea sangre a gran velocidad para distribuir la adrenalina, se sonroja el rostro, se agrandan los ojos para mejorar la visión y se dilatan las pupilas para facilitar la admisión de luz, transpiran las manos y surca un escalofrío por la espalda como si un hielo corriese fríamente; todo ello en preparación literal ante un peligro inminente.

El miedo no sólo tiene que ver con la amenaza de peligro físico, sino que se suma el temor al dolor psíquico, de un peligro más simbólico y abstracto; como iniciar un negocio propio, la posible pérdida de un trabajo, comenzar o terminar una relación sentimental, el potencial cambio de una situación económica, tener que enfrentar un diálogo en disentimiento con un ser querido, hablar en público, ir a vivir a otro país. Todas ellas y muchas más, constituyen situaciones potenciales que implican"hacer frente" y el miedo aparece como advertencia, luz roja, o señal de alarma, que avisa qué se podría suscitar ante tales circunstancias.El estímulo no es en sí mismo el generador de miedo, sino que es la percepción de seguridad o control de la situación, la que lo convierte en algo temido o soportable.A diferencia de los animales, el miedo se da en los seres humanos, de acuerdo a la interpretación que se realice de la situación.La ansiedad es la respuesta fisiológica que acompaña al miedo.

Si bien el miedo es una emoción normal, esperable y funcional, esta sociedad le adjudica el mote de "débiles" a quienes lo expresan. Culturalmente se enseña a "no decir que se tiene miedo".Silenciando de este modo, la emoción más arcaica que el cerebro ha desarrollado y que se mantiene vigente en el presente.

Es importante aclarar que no existen emociones positivas o negativas. Sentir emociones es positivo, siempre, ya que tienen algún tipo de utilidad y se deberían sentir con libertad, en lugar de reprimirlas. El miedo no es un problema, el problema es lo que se hace con el miedo. El problema, es cuando las creencias e interpretaciones hacen que se sienta miedo de manera disfuncional, es decir, lo que ocurre a consecuencia de sentir miedo, es peor que lo que ocurriría si no se sintiera.Muchas veces no se hace lo que se desea y es realmente importante, por miedo a lo que pueda ocurrir.

Todos conocemos personas "miedosas", que acumulan diversos temores, fobias o aversiones a determinadas situaciones o cosas, reales o imaginadas.Pero cuando el miedo sobrepasa la barrera de lo esperable y se expande de manera inusual, afectando el sano desenvolvimiento de la vida, alcanzando niveles de miedo extremo, con sensación de pérdida de control, temor a morir, sufrir un infarto o sensación de estar enloqueciendo;es importante consultar a un profesional. Esa cascada de signos y síntomas, algo está manifestando, lo cual es importante evaluar y analizar.

Ahora bien, si vamos al otro extremo, y tan sólo imagináramos la vida sin miedo, viviríamos de forma tan temeraria que pondríamos en peligro nuestra vida y moriríamos a los pocos días de no tener miedo. El miedo ayuda a regular cómo deben ser los pasos en cada momento, como una especie de "madre prudente".

Esta emoción tan arcaica y tan presente,cuando se gestiona de forma funcional, entendiendo que algo puede suponer un problema ahora, pero con tiempo de entrenamiento se podría afrontar, preparar y permitir hacer frente a las distintas circunstancias que se desean solucionar. Por el contrario, cuando es tan intensa que paraliza, se convierte en un miedo disfuncional, generador de las más diversas patologías. No pocas veces escuchamos la frase "no tengas miedo": pues nada más alejado de la realidad. No se puede no tener miedo, no es algo que podamos elegir, el antídoto es la confianza y el coraje. Bertrand Russell dijo "Siente miedo, pero hazlo de todas maneras". La acción vence al miedo. Para construir confianza es necesario hacer lo que da miedo. La confianza es algo que se construye con una mentalidad sostenida, no es algo que sucede sólo con esfuerzos esporádicos. La confianza de "lanzarnos",seguros que el paracaídas se abrirá,con capacidades, recursos y habilidades. Confiando que lo que espera es mucho mejor que estar estáticos, pensando rumiantemente la mejor estrategia de solución. Tener miedo es cosa de valientes y enfrentarlo es cosa de perseverantes, tesoneros, atrevidos, corajudos y arriesgados.Sería bueno preguntarse qué es lo que nos gustaría hacer realmente y no hacemos, cómo nos gustaría vivir y no lo estamos haciendo, producto del miedo. Para llegar a eso, vayamos a sacarle las sábanas a los fantasmas, a jugarnos el pellejo y superar la adversidad, sabiendo que el miedo será una tapia, un tabique o una medianera a atravesar para llegar a la meta. No importa el éxito o no del resultado. Siempre saldremos victoriosos, pues habremos atravesado los miedos. Y ello implicará acumulación de confianza, reconocimiento de capacidades, sabiduría de poder y preparación para próximas contiendas.

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