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La despensa de la calle Viamonte ahora es una carnicería

Los actuales dueños del viejo almacén de don Julio no le encuentran la vuelta y por eso decidieron cambiar de rubro.

La despensa de la calle Viamonte ahora es una carnicería

Durante 35 años don Julio abrió su negocio todos los días. Aunque tenía varios empleados, siempre se vanaglorió de un viejo eslogan comercial: atendido por sus propios dueños. Don Julio era muy hábil para los negocios. Sus métodos no eran muy ortodoxos y generalmente traspasaban los límites de la ley, pero nunca nadie se metió con él.

El viejo era astuto como un zorro y tenía el olfato de un sabueso. Ostentaba una cintura política que le permitía, siempre, llevarse bien con el gobierno de turno sin importar la legitimidad ni la bandera del mismo.

A sus clientes los mantuvo siempre conformes. Les daba fiado todos los meses, pero cada tanto les pedía algún que otro favorcito recordándole sus gestos en épocas de vacas flacas.

Con el correr de los años el negocio de don Julio se convirtió en uno de los más importantes del país, lo que lo llevó a crear lazos internacionales con unos colegas de cuestionable reputación en Suiza, donde todavía se manejan los hilos del rubro a nivel mundial.

Pero don Julio fue envejeciendo y no preparó a nadie para dejarle el negocio. Un buen día su corazón se detuvo y todos sus clientes fueron a despedirlo. Casi sin pedirlo don Luis, uno de sus colaboradores, se paró detrás del mostrador para no bajar la persiana.

Don Luis no tenía las habilidades de su antecesor y, para colmo de males, los amigos que habían hecho en Suiza empezaron a caer en cana porque parece que estuvieron muchos años metiendo la mano en la lata.

Las cosas no le fueron para nada bien a don Luis y un día lo rajaron para poner a un interventor, don Armando, un cordobés con cara de bonachón que se mueve muy bien en la venta de cosméticos. Don Armando sacó a la luz que la despensa tenía miles de deudas por dar fiado durante tantos años y por otras cagadas que se mandó don Julio, pero aún no logra encontrarle la vuelta.

Encima, los pocos clientes fieles a don Julio que no están en la lista de deudores se mueren por hacerse cargo del negocio, que sigue funcionando ahí en la calle Viamonte, y están haciendo todo lo posible por conquistar ese lugar.

Lo que pasa es que aparecieron tres inversores internacionales que podrían salvar la actividad y nadie quiere quedarse afuera. En la desesperación se están metiendo todos en el gremio de los matarifes y, desde hace unos meses, el almacén de don Julio está funcionando como carnicería.

Aunque, por ahora, sólo están vendiendo carne picada. Y de ternera.


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19 de noviembre de 2017 | 21:42
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