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The Trump Show: salir de la decadencia con un espectáculo decadente

The Trump Show: salir de la decadencia con un espectáculo decadente

 El pronunciado ante el Congreso fue el mejor discurso de Donald Trump. Resulta raro admitirlo, pero puesto en su contexto, es así. Una mezcla de Hugo Chávez con Jimmy Swaggart y William Boo dan por resultado el Trump de anoche. Y esta no es una comparación con fines despectivos, sino una construcción posible: muchas palabras, mucho nacionalismo, mucha dependencia de Dios (que es lo mismo que sacarse las responsabilidades de encima) y muchísima actitud de árbitro "incentivado" para medir la realidad.

A lo largo de su mensaje, Trump fue más presidente que durante todo el tiempo transcurrido hasta ahora, pero sin que eso le impidiera ser más Trump y, por lo tanto, un conductor de shows exitosos. Con invitados a escena, como si el Congreso se tratara de un gran escenario de televisión, en un rítmico desfilar de golpes bajos, una vez más cumplió una de sus insólitas promesas: consiguió rating, y debe estar más satisfecho por ello que por el éxito de sus malogradas medidas que lo muestran, a poco de andar, como un improvisado vecino poderoso a cargo de la nación más potente del mundo.

El discurso de campaña de Trump repite de memoria el manual del chavismo: lo que importa es ganar en forma permanente, sin dar tiempo a la reflexión y acusando a todo el resto de lo que no puede hacer. Parado sobre los restos de un Barack Obama a cuya gestión se dedicó a golpear (con o sin razón), se paró sobre sus escombros, titánico. E impredecible.

Con ello propuso salir de la decadencia real que vive el pueblo en Estados Unidos, en donde el consumo de su propia medicina los ha vuelto pacientes viciosos de un capitalismo crónico. Y en su show, decadente también, acorde a lo que espera ávido ese público ya afiebrado, les propuso una sanación cuyo éxito y resultado final le encomendó a Dios, y no a sus equipos.

El minuto a minuto discurso:


Claves: Donald Trump
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7 de Diciembre de 2017
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