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Somos demasiado románticos

Los futboleros seguimos pretendiendo jugadores que prioricen lo deportivo por encima de lo económico y cuando eso no sucede nos sentimos engañados.

Somos demasiado románticos

La revolución económica del fútbol chino llegó hasta Mendoza. Sin la repercusión ni el peso financiero de la salida de Tevez de Boca para jugar en el Shanghai Shenhua, pero la incorporación de Ayoví al Beijing Renhe de la segunda división causa en el hincha del Expreso una desilusión similar.

Hace rato que el fútbol dejó de ser simplemente un deporte para convertirse en una industria que mueve millones y millones a nivel planetario. Llegar a jugar en Primera es el sueño de todos los pibes que se anotan en una escuelita o en un club para dar sus primeros pasos con la redonda pero, sobre todo en Sudamérica, no sólo por el deseo de triunfar en el equipo de sus amores o, por qué no, vestir los colores de su país.

Jugar en un elenco competitivo y llegar a salir campeón debe ser la ambición de todos, pero esas ambiciones irán variando según se vaya desarrollando la carrera de cada uno y así, en algún momento, lo económico terminará siendo priorizado por encima de lo deportivo.

Y no está mal. Ser futbolista profesional es un trabajo como cualquier otro, con la ventaja de poder percibir sueldos siderales en la élite. Por eso no hay que cuestionar este tipo de decisiones, aunque a los futboleros nos cueste.

Porque los hinchas no cambiamos. A excepción de los barras, el hincha es hincha por amor a la camiseta y ese amor no entiende de cifras.

"El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... Pero hay una cosa que no puede cambiar. No puede cambiar de pasión", le dice el personaje de Guillermo Francella en El secreto de sus ojos al interpretado por Ricardo Darín, en una de las escenas más recordadas de la película.

Esa pasión nos lleva a querer tanto a nuestro equipo que rápidamente nos encariñamos con los que marcan una diferencia, ya sea desde lo futbolístico como desde la actitud dentro de la cancha. Por eso nos duele cuando alguno decide dejar de vestir la camiseta a la que nosotros no renunciaríamos nunca.

El desafío, entonces, es tratar de contener esa pasión para seguir apoyando al club del que uno sea hincha y no pretender que los jugadores actúen como suponemos que lo haríamos nosotros en la misma situación.

A veces, somos demasiado románticos.


Opiniones (1)
17 de noviembre de 2017 | 16:40
2
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17 de noviembre de 2017 | 16:40
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  1. Cierto... Pero triste. Uno los empieza a querer y se van por la guita.
    1
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