opinión

Fracaso: la frustración sobredimensionada

Las personas culposas tienden a sentirse fracasadas, responsabilizándose en exceso de lo que sucede a su alrededor.

Fracaso: la frustración sobredimensionada
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Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Generalmente oímos la palabra fracaso, acompañada de un tono y gesto de profunda decepción, en la persona que la verbaliza. Y esto es porque el fracaso, representa lo contrario al éxito o triunfo. Siendo por definición, el resultado adverso, en una situación que se esperaba sucediera de otro modo.

Pero adjudicar el rótulo de "Fracaso" ante a una determinada circunstancia, supone un peso enorme, llegando a ser una exageración y desmesura. Las personas culposas tienden a sentirse fracasadas, responsabilizándose en exceso de lo que sucede a su alrededor. Y por consecuencia, cuando las cosas no salen como lo esperan, se atribuyen el peso del fracaso.

Hay algo a tener muy en cuenta, y es que nuestro cerebro reacciona a las interpretaciones que hacemos de la realidad. Si la evaluación es negativa, el sentimiento que acompañe, será negativo. "Las personas no sufrimos por las situaciones, sino por el significado atribuido a las mismas, lo que pensamos sobre ellas". No nos domina el pensamiento, sino que nos entregamos a "derivas racionales" que en ciertas ocasiones, terminan siendo perjudiciales. En este sentido, nos decimos: "Fracasé", en una suerte de ataque contra nuestra estima y por sobre todas las cosas, una lectura distorsionada de la realidad. Como seres humanos que somos, tenemos la capacidad de elegir cómo pensar, en qué pensar y cuándo pensar, en ciertas cosas. Los acontecimientos no son en sí mismo ni positivos ni negativos, simplemente suceden. Es el significado atribuido a los mismos, basado en conceptos previos de nuestras expectativas, lo que provoca el malestar, frente a un resultado interpretado como negativo.

Si tenemos en cuenta las expectativas desde las que partimos al iniciar un proyecto, emprender un camino, o trazar un plan, nos damos cuenta que es básico generar objetivos coherentes con nuestras capacidades y con nuestras circunstancias. Quien genere objetivos inalcanzables, está, como se dice, "destinado al fracaso". En competencias deportivas, por ejemplo, un competidor inferior puede considerar un éxito el simple hecho de competir con un rival de superior categoría, aunque salga derrotado. Por eso es importante destacar que hay distintas consideraciones del fracaso, incluyendo los que lo ven como oportunidad, sin impedir de este modo futuros éxitos, sino considerado como experiencia de aprendizaje, recuperándose con buena capacidad de resiliencia.

Que las cosas no salgan como lo esperamos, es algo de lo que nadie escapa. Anhelos, deseos, proyectos, intenciones, programas, acciones; en fin, todo aquello que iría en una dirección y el resultado es contrario, errático, a medias, o cuando menos fallido; todo ello se enmarca en una definición mucho más ajustada y conceptualmente generadora de menos sufrimiento: FRUSTRACIÓN. Entendida como el sentimiento que se experimenta cuando las cosas no suceden como lo esperamos.

De este modo podemos ver que frustración y fracaso son distintas formas de mensurar los hechos y el porcentaje de nuestra participación en los mismos. El Fracaso es un sobredimensionamiento, una conclusión errónea y en la mayoría de las ocasiones, una definición típica de quienes se atribuyen la incapacidad de doblegar las circunstancias, quienes creen que deberían haberlo logrado de cualquier manera y se atribuyen el cien por ciento de la responsabilidad, sin considerar que las circunstancias están multi determinadas. Pensando que las cosas sólo son viables de un modo único y de no ser así, es considerado fracaso. Sin embargo, el sentimiento de Frustración está en relación al deseo trunco de llevar a cabo determinada situación. Sin atribuir necesariamente el total de la responsabilidad a un solo factor.

Constantemente estamos desarrollando nuestro presente, mientras conducimos hacia un norte definido; nos manejamos en base a proyectos a corto, mediano y largo plazo. Podríamos decir que vivimos en un presente contextual, que abarca tanto el presente, como el futuro inmediato. Por lo que estamos permanentemente promoviendo acciones que no siempre llegan al puerto deseado o imaginado. Caminos que quedan truncos, desde la cancelación de una reunión con amigos, desaprobar una materia, la postergación de un evento; hasta situaciones más complejas, como la finalización de una relación, abandonar una carrera universitaria, perder un trabajo o un giro inesperado en inversiones económicas. Lo que sucede es que una parte que constituye el todo, se cae, pero sentimos que sin esa parte, todo se derrumba como un castillo de naipes.

Arrogarse la condición de fracasado, es claudicar, abdicar o derrotarse a sí mismo; renunciando al crecimiento. De frustraciones estamos constituidos, y de nuestros errores forjamos el aprendizaje. Las dificultades naturales de la infancia, las burlas, los noviazgos abandonados, los amores no correspondidos, la traición de amigos, los conflictos familiares, las discrepancias entre pares, la revolución adolescente, el engaño por detrás, el aprovechamiento miserable, el no reconocimiento de la tarea realizada; y así, un sinfín de hechos que marcan el inexorable camino de la vida, donde las frustraciones hacen callo para soportar las que vendrán. Esa es la dirección obligatoria, donde no existe la vida entre algodones. Pero sí la paciencia para soportar y entender que gracias a la "tolerancia a la frustración", es que podremos desarrollar la capacidad de superación. Sin ese elemento nutricional que es el frustrarnos, no podríamos tolerar los embates inevitables de la vida. La frustración es casi una vacuna obligatoria, que quien se somete a una dosis moderada, desarrollará los anticuerpos necesarios para batallar las siguientes instancias de la vida. Esa es nuestra condición de estar vivos: avanzar, caer y levantarse para poder progresar en la vida. Frustraciones que serán el preámbulo de más vivencias con mayor aprendizaje y la antesala amarga del regocijo posterior, de haber superado la prueba necesaria para subir un escalón más, en la espiral interminable de aprender a vivir.

Opiniones (1)
18 de noviembre de 2017 | 22:58
2
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18 de noviembre de 2017 | 22:58
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  1. Muchas gracias Carina y Mauricio. La columna más esperada de la semana. Brillante! MDZol: ¿Habrá alguna forma de poner en cada nota de estos genios enlaces a las anteriores? Creo que sería muy bueno para construir comunidad. Muchas gracias de nuevo
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