opinión

Impulsividad, el arrebato de las emociones

La baja tolerancia al estrés y a la frustración hace que una persona impulsiva pueda calificarse como imprudente, arriesgada o poco reflexiva.

Impulsividad, el arrebato de las emociones

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

La impulsividad es la predisposición a reaccionar, movido por alguna emoción, de forma inesperada, atropellada, y desmedida, sin que haya mediado deliberación previa de la razón; ante un hecho externo o interno que pueda interpretarse como amenazante. El impulsivo actúa y luego piensa, contesta antes de terminar de oír la pregunta, presenta dificultades para aguardar su turno, no tolera perder, reacciona de manera desbocada ante cualquier cosa, le cuesta planear la acción, cambia rápidamente de una actividad a otra, carece de perseverancia.La impulsividad y la búsqueda de sensaciones novedosas son generalmente altas en la adolescencia, y bajas en la vejez.

La baja tolerancia al estrés y a la frustración, hace que una persona impulsiva pueda calificarse como imprudente, arriesgada, poco reflexiva, insensata, exageradamente natural, inconsciente o incluso irresponsable. Considerada una de las características más predominantes en síndromes psicopatológicos como el déficit atencional, el trastorno límite de personalidad, la bipolaridad, el trastorno por control de los impulsos, los comportamientos antisociales y el consumo de sustancias psicoactivas. La impulsividad constituye tanto un síntoma en estas patologías, como una enfermedad en sí misma.

Es importante dejar en claro que el impulsivo no necesariamente tiene que ser agresivo o violento.Se pueden tomar decisiones impulsivas, arrebatadas o demasiado presurosas. Todo ello no implica acto agresivo, pero no deja de ser impulsivo. De la misma manera, no es lo mismo tener conductas impulsivas aisladas, en la que entramos la mayoría de los mortales, que presentar la impulsividad como forma prototípica de reacción y en toda situación.La conducta impulsiva circunstancial, esporádica y aislada, en la que se contempla lo errático de la misma, lleva el sello del arrepentimiento, la autocrítica, en ocasiones la culpa y en todos los casos el aprendizaje. Sin embargo, cuando dicha conducta es constante, generalmente conlleva la explicación en forma de justificación, y por ende, la repetición de la misma, fruto de no haber capitalizado dicha experiencia.

Por otro lado, no hay que confundir impulsividad con espontaneidad. La espontaneidad está relacionada con la naturalidad y la autoconfianza. Ser impulsivo sin embargo, es actuar sin reflexionar, ni pensar en las consecuencias de los actos. Una cosa es ser espontáneo, expresando lo que se quiere y siente, pero otra es ser víctima de los propios impulsos, que algunas veces pueden llegar a ser autodestructivos.

Si bien ser espontáneo es una sana cualidad, hay situaciones donde uno debe cuidar lo que hace o dice. Una persona asertivamente espontánea, puede medir cuándo es apropiado mostrarse tal cual es o cuándo debe ajustarse a las reglas, el impulsivo en cambio, no logra dominar esto, tendiendo a actuar antes de pensar, con reacciones generalmente desproporcionadas. Las personas impulsivas presentan un umbral de menor tolerancia, en relación al resto de la población; tendiendo a perder de vista el contexto en la urgencia que lo invade, impidiéndole postergar la acción, lanzándose con una alta tensión emocional y sin medir consecuencias.

Generalmente a la persona impulsiva, ésta forma de actuar le resulta natural, por lo tanto no es algo que pueda dejar atrás de la noche a la mañana. Para cambiar primero lo debería desear, sobre la base de haber tomado conciencia de su desajuste o práctica exasperada. Y segundo, sería necesario que pueda reordenar su forma de actuar. Aprendiendo a diferir sus deseos, para tolerar el intervalo entre estos y la acción, consiguiendo disfrutar del recorrido hacia el objetivo.

La impulsividad implica un fuerte sentimiento de urgencia, por cuanto es necesario aprender que no todo es urgente, hay cosas que necesitan tiempo para desarrollarse, y otras que pueden ser importantes pero no por eso urgente. Aquí es donde debería instalarse la capacidad de autocontrol, como la capacidad de postergarse, que incluye la habilidad de gestionar de una manera voluntaria y consciente los propios actos, producciones verbales o comportamientos en general.

Lo asombrosodel cerebro humano es su capacidad para modular la expresión, por lo que no es necesario soltar lo primero que pasa por la cabeza."Verbalizar los pensamientos" en lugar de ejecutarlos crudamente, suele ser muy operativo; la palabra, en este sentido, se puede convertir en un gran aliado, permitiendo generar un tiempo entre la emoción y el paso a la acción. Es importante hablar, decir lo que nos pasa, lo que se piensa y se siente. Como así también, planificar las acciones tomando el tiempo necesario para pensar, organizando los pasos precisos para llegar a la meta, regulando la energía, para lograr mejores resultados a la hora de actuar.

Si lo que nos corre es la urgencia, la rapidez de no poder esperar, o el temor a quedar como lentos, pacatos o poco inteligentes; por no tener la respuesta exacta a flor de piel, sacando para ello la respuesta de la galera o la acción más cercana, pues estaremos mas cerca del error que del acierto. Si vamos a pecar que sea de lentos, de reflexivos, de ponderar los pros y los contras, de evaluar costos y beneficios.

Poseemos dos grandes áreas: emoción y razón. El equilibrio entre ambas partes podría constituir un estadio necesario para resolver la mayoría de las situaciones.Pero sin dudas la razón es el timón y las emociones las velas que hay que ajustar, para poder llevar nuestro curso, dirección y objetivos, a buen puerto. El aspecto primordiales el tiempo como factor mediador,que generará el espacio necesario para que las emociones sean precedidas por la razón y que de ella se desprenda la conducta ajustada. No dejemos de hacerle honor a la característica esencial de ser "homo sapiens", sin por ello perder la pasión. Que las emociones toquen nuestra puerta, sin necesitar correr presurosos a abrirla; tomándonos el espacio necesario para decantar, esperar y dar lugar a que la emoción y la razón jueguen en un área permitida, para al final, sacar el concentrado esperado, que nos dejará satisfechos de haber resuelto de manera efectiva y pacífica, los conflictos cotidianos de nuestra vida.

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