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Veinte años sin Cabezas y el reino de mentiras de Trump

El día después en Pinamar y la noche que el balneario rindió homenaje al fotógrafo asesinado aquí. Verdad y engaño. Una fábula más para el gato Donald.

Cuando no sabía cómo terminar este texto leí una excelente recomendación de Guillermo Jaim Etcheverry. Se trata de un artículo de opinión publicado hoy en The New York Times, con la firma de Charles Blow, titulado "A Lie by Any Other Name".

"Algunos han sugerido que en los medios de comunicación debemos centrarnos un poco menos en estas mentiras -algunas de ellas publicadas en tweets y otras en entrevistas o conferencias de prensa- y centrarnos más en las políticas, en particular en la ineptitud del gabinete y la serie de órdenes ejecutivas que Trump mismo está firmando (...) Trump no sólo tiene "una guerra con los medios de comunicación", como él tan indecorosa e irrespetuosamente lanzó. De hecho está teniendo una guerra con la verdad misma".

En otro tramo, el autor afirma que "Donald Trump es un mentiroso probado. Él miente a menudo y sin esfuerzo. Miente sobre lo profundo y lo trivial. Miente para evitar la culpa e invitar a la gloria. Él miente cuando su orgullo está herido y cuando su pomposidad es desafiada".

Sobre Trump: "Miente para evitar la culpa e invitar a la gloria. Él miente cuando su orgullo está herido y cuando su pomposidad es desafiada


Ayer fue un día extraño en Pinamar, más allá de lo cambiante del clima y del frío, que comenzó apenas la ciudad oscureció. No fue otro día más aquí, en la ciudad en la que fue visto con vida por última vez el fotógrafo José Luis Cabezas, para luego aparecer a varios kilómetros, en Madariaga. La efeméride -esto ocurrió hace 20 años- me encuentra aquí, sin jamás haberlo imaginado.

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José luis cabezas

La casa en la que vivía Alfredo Yabrán en Pinamar. Quieren colocarle el nombre de José Luis Cabezas a la actual calle De las ballenas.


Por otra casualidad absoluta el equipo destinado por MDZ en Pinamar se aloja a cuadras de la que era la casa de Alfredo Yabrán, el empresario que persiguió lo imposible: esconder la verdad. A partir que el fotógrafo lo hizo público en una imagen aparecida en la revista "Noticias" y hasta su suicidio, la verdad lentamente le fue ganando a la mentira. 

Eso es lo que celebré ayer, en la intimidad. A los ponchazos, atándolo con alambres, los argentinos podemos sentirnos orgullosos de estas conquistas. Son avances a mi entender de la civilidad, de la racionalidad, de la humildad.

No celebro, en cambio, que los implicados en este asesinato brutal y decisivo para la historia del periodismo argentino (al menos desde el retorno de la democracia), estén libres. Y hago propias las palabras que anoche, aquí en Pinamar, expresó la hermana de Cabezas, Gladys: 

"Es un beso al corazón que no se olviden de José Luis. Y aunque estén sueltos, que los asesinos sepan que la familia no los va a perdonar nunca". La misma indignación que escuchamos cuando la entrevistamos en el programa "Moros en la Costa", en MDZ Radio.

La reunión para honrar la vida y la valentía del reportero sucedió en la zona dispuesta por el municipio, a la entrada (en Avenida Bunge e Intermédanos). 

El ánimo no era el de fiesta o de la lógica liviandad que puede proponer un balneario en plena temporada. 

De hecho, los presentes se fueron reuniendo casi como si se tratase de un fogón. Vi por primera vez en persona a la viuda. Su sencillez resulta una lección de vida, frente a tanta legítima indignación. Lo mejor que oí salió de boca del director del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi: "Cómo te revienta el alma cuando los asesinos salen antes de tiempo. No hay democracia sin justicia y sin que paguen los responsables hasta el último día, le joda a quien le joda. José Luis dio un ejemplo impresionante. Lo mataron porque tuvo bolas".

Cabezas


Me alejo de la reunión que recuerda las dos décadas de este hito nada feliz para el periodismo. Lo hago por una de las calles laterales. Como me ha sucedido todo el mes me pierdo. Se lo atribuyo a la herradura que forman varias de ellas, todas con desembocadura del Atlántico. Es raro: no suelo perderme en las ciudades, pero aquí, como nunca, he caminado casi como un explorador.

Resignado a encontrar el refugio de este último mes camino entre calles de arena. Es noche cerrada. Hace mucho frío, como si fuera el fin del otoño, pero es enero. Pienso en qué clase de periodista sería en caso que lo fuera. Nunca me he sentido uno clásico. El cielo está nublado, los árboles cada vez son más altos. Llego en el obligado periplo hasta una extensa lomada, que diviso con cierta nitidez. Es uno de los límites de un campo de golf. La referencia me orienta hacia mi destino final.

Acá debe haber estado Yabrán, pienso. Emprendo la caminata luego de una pausa. Y no me olvido de Cabezas, ni siquiera cuando, al fin, traspaso la puerta de entrada de la casa en que nos alojamos.

Vuelvo al artículo del Times y cierro el círculo de la mentira de Yabrán frente a la verdad de Cabezas: "No es una coincidencia que el surgimiento de Trump coincida con el surgimiento de "noticias falsas". No es casualidad que su ascenso coincida con una era de falta grave de fe en las instituciones. Y ahora que ha sido elegido, Trump quiere un control absoluto sobre el flujo de información, dictar su propia versión de los hechos en lugar de vivir con la realidad de los hechos aceptados. Trump está en una batalla para doblar la verdad en su beneficio".

Quizá alguien debiera contarle al gato Donald la historia de Yabrán, en especial su final.

Opiniones (1)
24 de enero de 2018 | 09:41
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24 de enero de 2018 | 09:41
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  1. Excelente columna la del periodista y amigo Mauricio Runno. Coincido que la verdad siempre se impone. Pero para llegar a ella, muchas veces, debemos trazar un camino largo y doloroso. Se vienen tiempos duros para la humanidad, donde deberemos luchar permanentemente contra la mentira.
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