opinión

Hay vida (no reconocida) fuera de los expedientes

Cuando una persona que en su momento fue abusada, torturada o golpeada no lo denunció, pero ahora quiere darlo a conocer, todos reaccionan en su contra. Absuelven al victimario y condenan a la víctima.

Hay vida (no reconocida) fuera de los expedientes

 Las víctimas de abusos y delitos que no pasaron por un expediente, no son "personas" para el sistema, se trate de la Justicia o de cualquier otro engranaje de la sociedad, incluida la prensa. "Si no hizo la denuncia, a usted no le pasó nada", es la frase que simplifica un absurdo que es ley, y que es cumplido y recitado -como pocas normas- a rajatablas por todos. No se considera el derecho a no denunciar por miedo a las represalias, y hasta se las transforma en victimarios de sus propios victimarios, quedando estos últimos prácticamente absueltos por decisión colectiva de toda acusación que se le pueda formular. Todo, porque la víctima, en su momento, se sintió vulnerable, amenazada, insegura y no presentó la denuncia correspondiente, y a pesar de que haya sido golpeada, violada o torturada.

Es posible estemos viviendo en una especie de "bucle" de la historia, en donde las tonteras que hacemos como sociedad se repiten tanto que terminamos por verlas y reconocerlas, cuando antes no lográbamos percibirlo. En el caso del accionar judicial, puede ser una oportunidad, además, para darse cuenta de que en lugar de buscar la verdad de los hechos, como creen que están haciendo, se está dando crédito a mentiras, tornándolas una realidad virtual en virtud de contar cada una con su correspondiente expediente y ser, así, parte de la maquinaria de litigación.

En Mendoza, en función de una falta de criterio rector reinante desde hace muchos tiempo, están yendo a prisión decenas de personas por el solo hecho de haber sido denunciadas de violencia de género, por ejemplo. Muchas de esas causas iniciadas con el Código Penal en la mano por fiscales terminan siendo anuladas a la hora de llegar a la instancia judicial correspondiente. Los detenidos recuperan su libertad (a veces sin el empleo que tenían y ahora, como víctimas ellos también), la causa queda en fojas cero y todos hacen como si la Justicia estuviera atiborrada de trabajo, secándose el sudor de la frente. Se trata -como vemos- no más que de una fantasía: no están administrando justicia ni están siendo justos. Es un simulacro en el que se entretienen con lo que concuerdan en calificar como "verdad": la realización de una denuncia. ¿Y los que no denuncian por todo lo dicho al principio? ¿Esa verdad y esa justicia quién se encarga de buscarla, cómo y dónde se consigue?

Es por ello quienes se sienten animados a contar lo que les pasó alguna vez frente a la posibilidad de que el que abusó, golpeó o torturó lo siga haciendo, se animan, recurren a una nueva forma de justicia por mano propia: las redes sociales y la prensa. Resultaría al menos apresurado tildar esta reacción como errónea si no se tiene en cuenta, en el fiel de la balanza con la que criticaremos esa actitud, todo lo que esa persona sufrió y todo lo que pudo hacer sufrir el victimario a otros desde que quedó impune por no estar inventariado en la selva de expedientes del Poder Judicial.

Frente a esto, los abogados -a quienes recurrimos a consultar desde la prensa como si se tratara de "expertos en todo"- no se han adaptado ni encuentran respuesta; no se hallan fuera de lo que recibieron como instrucción en las escuelas de Derecho. Responden, lógicamente, con lo que saben hacer y les da de comer: "Si no hay denuncia, no hay delito", una verdad asumida por el sistema, pero una mentira objetiva, porque la persona sí pudo haber sido víctima y el engranaje estatal (e inclusive el social) no le dio la confianza, el respaldo ni las garantías para que su triste verdad se volviera una "verdad de expediente" para el lenguaje judicial.

Así está pasando con los abusos de sacerdotes, que en muchos países se remontan a 50 años atrás, con el agravante de que la dominación no solo era física, sino también mental. A tal punto ejercieron su poder, que no exclusivamente en ámbitos religiosos pueden someter a torturas en la Tierra en vida, sino que las prometen -en caso de delatar a los victimarios- en el Cielo, después de muertos.

Y así con todos los casos, "mayores" o "menores", según el estándar que se les antoje darles a los opinólogos. Pasó con un ministro del que ahora todos dicen que "se sabia", pero que justo quienes lo llevaron al lugar no conocían sus antecedentes ni nadie lo dijo a tiempo. Cuando aparecen, ahora, personas que se animan a contar lo que les pasó, saltan todos en su contra, revictimizándola. "De eso no se habla", parece ser el mandato social, que acuerda que solo se puede hablar de lo que se acuerda con abogados de por medio, como si todo en la vida se tratara de llenar expedientes.

La vida de las personas es bastante más compleja que eso. Hay vida fuera de los litigios judiciales; una vida paralela, una dimensión bastante más real a la que se vive bajo el imperio del Código Penal y algo hay que hacer para no negar esa dimensión y darle cabida en la sociedad. 

Tan solo, para poder vivir el tranco que nos toca tranquilos, sin que alguien que tenga media cuota de poder más se abuse de quien carece de él.

Opiniones (5)
15 de diciembre de 2017 | 09:28
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15 de diciembre de 2017 | 09:28
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  1. al margen del trabajo de la justicia, las distintas opiniones, y notas prefabricadas, hay una sola realidad: cuando el daño moral o físico afecta a la victima menos que la vergüenza que pueda sentir para hacer la denuncia , y se le pasa la vergüenza después de muchos años, hay que pensar que todo tiene un fin político. Esto de ninguna manera justifica el accionar del victimario, pero le quita seriedad a las denuncias.
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  2. En San Rafael hace tiempo existio un caso de abuso a unas 10 chicas en el barrio UNIMEV que nunca fue denunciado. Pero fueron victimas en sus propias vidas de un pedofilo que ahora se lo promueve y por ser delito de intancia privada no se denuncio. El delito existio y las victimas existen.
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  3. un viejo tema que el cine y la literatura no han dejado de tocar. incluso Agata Christie en su obra Eran diez negritos. siempre digo y lo he tuiteado hace un tiempo. hay algo mejor que el champagne , se llama venganza.
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  4. TOTALMENTE de acuerdo. La justicia trabaja para el delito de moda... Hace un tiempo era la discriminación ahora es violencia de género. La causa de esto es la falta de recursos (humanos, tecnológicos, físicos y cualquier otro que se le ocurra) en todos los niveles. Entonces con los recursos disponibles se hace lo que se puede tratando de evitar que los delitos de moda se conviertan en casos periodísticos dejando otros delitos menos importantes (fuera de moda) sin investigar hasta agotar todas las pistas en un tiempo razonable. Ojalá que los cambios que se vienen sean positivos y que no sean un mero cambio de muebles de lugar.
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  5. La Justicia como toda actividad humana, no está ni va a estar exenta de errores. Aquí lo que nos pasa es que la cantidad absurda de garantías, sobre todo para el victimario, termina haciendo colapsar el sistema, así tenemos un laberinto de chicanas que los abogados las conocen a la perfeccion. Entonces si vivis cerca de un chorro, y en tu casa hay una reja forzada, esta todo revuelto y faltan cosas...no basta con que veas al tipo con tu ropa, o con la bicicleta de tu hijo. A partir de ahi, ellos estan tranquilos y a la espera, a vos como victima te espera un peregrinar, que te genera muchas amarguras y nada de resultados. Para que ese termine preso (1 cada 10 delitos) tiene que dejar huellas, secuestrarle los objetos, ordenes de allanamiento, tomarle declaracion (con su defensor, sino no es valida aunque reconozca que te robó) Si no tiene antecedentes (para la justicia, porque seguro que los tiene y muchos) tampoco termine detenido. Todo esto genera papeles absurdos, en plena era de datos digitales, y como siempre el resultado esperable, el delincuente suelto la familia victima atemorizada y saqueada. Seria interesante que algun medio alguna vez sondee cuanto papel gasta el poder judicial de la provincia, para tener la pesima justicia que tenemos. Aun estando presos la monstruosidad de recursos que se gastan en brindar garantias a los delincuentes, dejaria a todos con la sensacion de bronca e impotencia de siempre.
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