opinión

Las 15 películas imperdibles que se estrenaron en 2016

Un análisis sobre quince films fundamentales que se estrenaron en los cines mendocinos durante 2016.

Las 15 películas imperdibles que se estrenaron en 2016

Ya sea en circuitos comerciales o salas alternativas, 2016 fue un año que ofreció una variada grilla de propuestas. Si bien es cierto que importantísimos títulos del cine mundial no llegaron a los cines de nuestro país, aquí la idea es recorrer - sin orden de mérito - las 15 películas imperdibles que tuvimos chance de ver en las salas. 

 La lista tiene en cuenta el aterrizaje de los films en cines mendocinos este año, por más de que algunos de ellos hayan sido estrenados fuera del país en temporadas anteriores. 

Sully

La historia es conocida por todos. En enero de 2009, el capitán Chesley "Sully"Sullenberger (aquí interpretado por un estoico Tom Hanks), se enfrentó con el desafío más grande en sus cuarenta años de trayectoria como piloto. Ni bien despegó del aeropuerto LaGuardia de Nueva York, una bandada de pájaros destrozó los dos motores del avión, y el experimentado profesional tomó la audaz decisión de aterrizar sobre las heladas aguas del río Hudson. Las 155 almas que tripulaban el vuelo 1549 de US Airways salieron ilesas, y en cuestión de minutos el hombre se transformó en una suerte de estrella nacional.

Con varias décadas de oficio dirigiendo cine, y un contundente número de películas en las que abordó la perspectiva del héroe desde diversos puntos de vista; Clint Eastwood vuelve a mostrar a los 86 años su pulso de enorme artesano del clasicismo. Solo un realizador con pleno conocimiento de las herramientas más nobles del lenguaje cinematográfico, puede sostener durante poco más de hora y media la atención sobre un relato cuyo desenlace fue televisado en todo el mundo. Para llegar a este resultado, el maestro Clint confía en dos pilares fundamentales a la hora de enaltecer una película: un guión sólido con buen pulso rítmico y actuaciones sobrias desprovistas de toda solemnidad.

En tiempos de voracidad pirotécnica, el octogenario realizador ejercita su mirada sobria y elegante sobre una historia que enfrenta las convicciones de un hombre versus la maquinaria de las corporaciones. La desgarradora mirada de Tom Hanks supervisando que no haya quedado ningún pasajero a bordo del avión, cuando se dispone a ser el último en abandonar la nave previo al rescate, funciona como síntesis de una de las constantes del cine de Clint Eastwod: seres frente a circunstancias cruciales que definen sus actos a partir de sus su principios, aún a expensas de confrontar con la fría y deshumanizada letra del protocolo. 


Gilda, no me arrepiento de este amor

Hay que decirlo sin vueltas: para muchos, Gilda, no me arrepiento de este amor tenía todas las de perder. Por un lado, una apuesta que se interna en los intrincados laberintos de la película biográfica, con fallidos antecedentes en la historia del cine nacional, traducidos en biopics sobre íconos de la escena musical con títulos sobrevaluados como Tango feroz, o impresentables como Luca vive. Por otro costado, ponerse en la piel de la abanderada de la música tropical, supone para cualquier actriz, un reto del que difícilmente se pueda salir airosa.

Los primeros minutos de esta película dan por tierra todo prejuicio, y evidencian el notable pulso cinematográfico de su directora Lorena Muñoz. En su primer paso en el cine de ficción, Muñoz plantea una puesta rigurosa que no confunde virtud con virtuosismo. Sabe desde dónde mirar una historia conocida de antemano por todos. Y entiende que para tocar la fibra emotiva del espectador, se puede apostar a ciertas fórmulas de probada eficacia, sin revolcarse innecesariamente en el golpe bajo.

 En cuanto al trabajo de Natalia Oreiro, es sabido que la actriz uruguaya llevaba largos años esperando la concreción de este proyecto. Su entrega absoluta no sólo está presente en los pasajes más intensos del relato, sino en cada gesto y silencio labrados con plena convicción. Los logros de esta película resultarían impensables sin el caudal de oficio y carisma de Oreiro. Su presencia sobrepasa la idea de ser un plus, para transformarse en uno de los ejes fundamentales de este triunfo cinematográfico. 


Mustang

Premiada en el Festival de Cannes y nominada al Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero, esta película incursiona sin subrayados ni golpes bajos sobre un tema por demás espinoso: la difícil situación de la mujer en Turquía. La historia de cinco hermanas que al terminar las clases son sorprendidas en el mar en un inocente juego con sus compañeros, que deriva en el encierro de las chicas en el hogar y un estricto control de su conducta; sirve como disparador para ejercitar una mirada sobre una sociedad extremadamente patriarcal y anacrónica.

En medio del riguroso dispositivo comandado por el tío, devenido líder del grupo familiar frente a la pérdida de los padres, las jóvenes quedarán a merced de sus decisiones, que incluyen entre otras cosas, matrimonios pactados por conveniencia. La ópera prima de Deniz Gamze sorprende al combinar con gran precisión las aristas más dramáticas del relato con pinceladas de comedia. Más que una fábula feminista, Mustang es una película que respira aires de vitalidad y resistencia. Un film que comprende a la rebeldía como única opción posible para zafar de una sociedad atada a códigos que retrasan.


En primera plana

La noticia de los abusos sexuales perpetrados por sacerdotes en el Instituto Próvolo fue sin dudas, la noticia más shockeante en nuestra provincia durante 2016. Un siniestro eslabón en el largo historial de atrocidades cometidas por representantes de la iglesia católica. Sin dudas, a nivel de agenda mundial este es uno de los temas más álgidos, y la preocupación llegó a la mismísima Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, que premió este año con el Oscar como Mejor Película a la notable y rigurosa En primera plana.

El film reconstruye la ardua investigación desarrollada hacia el año 2001 por un grupo de periodistas del Boston Globe, abocados a sacar a la luz una gran cantidad de casos de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes, que contaron con el amparo de las altas esferas de autoridades políticas y religiosas. Más allá de su tesón a la hora de revelar uno de los rincones más podridos de la iglesia; la película no distrae su foco en subtramas periféricas. En primera plana no necesita introducir ningún romance en la redacción del Boston Globe, ni tampoco presentar escenas de persecución o amenazas estridentes. La integridad de esta historia se sostiene sobre la base de la sobriedad, esquivando golpes de efecto tales como escenas de flashbacks que ilustren los casos de abuso sexual.

Si bien en los últimos años, títulos como Vivir al límite y Argo conquistaron la codiciada estatuilla dorada abordando historias sobre conflictos que han sacudido a la conciencia de los norteamericanos; En primera plana va un paso más allá al meterse con una institución milenaria como la Iglesia Católica, y avanzar de manera implacable hacia la confirmación de una tesis por demás áspera: los abusos de curas hacia menores no son hechos aislados sino una práctica sistemática. 


Florence

Sin lugar a dudas, Stephen Frears es uno de los grandes directores de las últimas décadas. Un artesano inigualable que sin la necesidad de erigirse sobre el pedestal de cineasta aclamado, ha sabido enhebrar nobles películas, tanto en sus experiencias dentro del cine industrial como en sus propuestas independientes.

Basada en una historia real, Florence aborda la vida de una legendaria soprano que fue centro de todo tipo de burlas en la alta sociedad neoyorkina en los años '20. A base de persistencia y falta de auto crítica, esta mujer impulsó una carrera que la llevó a presentarse ante un Carnegie Hall repleto; a pesar de su nulo talento para el canto.

La película se desenvuelve con gracia, pero sin desbarrancar en el cinismo. Hubiera sido un lugar común encarar un personaje de estas caracterísiticas desde una mirada sarcástica y despiadada, Frears opta en cambio por acompañar y entender a esta excéntrica mujer, que tiempo más tarde se transformaría en figura de culto venerada por miles de amantes del universo kitsch. Meryl Streep y Hugh Grant se lucen con una interpretación que da en el registro justo de esta comedia agridulce.


Rams, la historia de dos hermanos y ocho ovejas

La llegada de una película de Islandia a nuestras carteleras fue una bienvenida rareza de 2016. Ganadora de la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, Rams gira alrededor del particular vínculo entre dos hermanos criadores de ovejas en un apartado y gélido pueblito.

A medida que el relato se desplaza, va mutando de registro, y aquello que en un principio podía parecer una suerte de comedia costumbrista, deviene más tarde en un drama con enorme potencia emotiva.

Con escasas y justas palabras, esta conmovedora película se interna en un paisaje natural y humano en el que a pesar de la soledad que se respira, hay necesarias ventanas de humor y ternura.


Camino a La Paz

Hace pocos días, recibimos la gran noticia de que nuestro gran Ernesto Suárez es candidato a llevarse un Premio Sur, galardón a lo mejor del cine nacional según la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de la Argentina, nominado en la categoría Revelación Masculina por su protagónico en la ópera prima de Francisco Varoe. Lejos de instalarse en el concepto de ser una suerte de leyenda o institución, "El Flaco" enfrentó por primera vez a los 75 años el gran desafío de encabezar el elenco de un largometraje, y en su debut su trabajo luce tan convincente como el de su compañero Rodrigo de la Serna.

Camino a La Paz es una road movie con todas las de la ley que nos zambulle en un viaje a bordo de un Peugeot 505, con Sebastián (De la Serna), un hombre que no atraviesa el mejor momento en su relación de pareja, y Jalil (Suárez), un musulmán nacido en Mendoza que quiere llegar a Bolivia para encontrarse con su hermano. Sebastián acaba de mudarse a una nueva casa, y tras recibir numerosos llamados telefónicos que confunden su hogar con una remisería, se lanza como improvisado conductor y empieza a llevar pasajeros. La difícil situación económica que está pasando con su mujer, lo lleva a aceptar el inusual viaje que propone Jalil: atravesar el norte argentino y cruzar a la ciudad de La Paz.

Como en toda road movie, intuimos de antemano que esta travesía no solo implicará un desplazamiento geográfico, sino una experiencia de mutuo aprendizaje. Más allá de cierta dominante melancólica en el relato, Camino a La Paz se permite algunas bocanadas de humor. Con sorprendente timing y percisión, al duó De la Serna-Suárez le basta una mirada cómplice, una acción, o unas pocas palabras para sobrepasar las tensiones que surgen entre ellos. 


Arreo

El realizador Tato Moreno y la productora Claudia Gaynor, dupla tanto en la vida afectiva como profesional, han entendido que el triunfo de una película independiente depende tanto del tesón como de la virtud. No sólo desde el arduo y largo proceso en que un film es concebido, sino desde el laborioso acompañamiento en su recorrido por festivales y salas de cine; Moreno-Gaynor han demostrado una fuerza y disciplina pocas veces vistas en el cine local.

Aclamada y premiada en varios festivales internacionales, esta producción propulsó un contundente éxito de taquilla en su propia tierra, Mendoza. Durante tres semanas, Arreo se ubicó entre las diez películas nacionales más vistas en nuestro país, gracias a su notable performance en Cine Universidad. El film de Tato Moreno cuenta con los dos componentes fundamentales que hacen de un documental una experiencia fascinante: una historia interesante para retratar y una mirada que sobrepasa la intención informativa. Hemos visto cientos de documentales que se conforman con transitar sus temas y personajes desde un abordaje meramente periodístico. Aquí en cambio, desde el primer minuto, queda en claro que estamos frente a un director con buen pulso de cineasta, capaz de sostener a lo largo de hora y media un relato tan minucioso como sensible. Y ese es sin dudas el gran triunfo de esta desafiante gesta, acompañar a una familia de puesteros trashumantes de Malargüe, eludiendo la comodidad del pintoresquismo y abarcando las aristas más diversas de un oficio con futuro incierto.


45 años

En tiempos en que han proliferado tantos relatos vitales y ligeros sobre la vejez, al estilo Rigoletto en apuros o El exótico Hotel Marigold, el realizador Andrew High (Weekend), opta en cambio por una profunda y devastadora mirada sobre las consecuencias del paso del tiempo en una pareja que ha permanecido unida durante 45 años.

Geoff Mercer (Tom Courtenay) y Kate Mercer (Charlotte Rampling) se encuentran en los preparativos de la celebración de su gran fiesta aniversario, cuando un evento del pasado amoroso de Geoff vuelve a salir a la luz. Con un pertinente grado de contención dramática y una atinada elegancia narrativa, la película se desenvuelve sobre esa extraña dicotomía tan frecuente en matrimonios de larga data. Por un lado, un universo propio construido a puro motor de amor y compañía incondicional. Por otro, la perplejidad que supone la irrupción de desconocidos pliegues en la intimidad de uno de los integrantes de la pareja. Lejos de la seguridad que supone un vínculo de toda una vida, acecha la incertidumbre sobre cuan sólida es la base de una construcción que siempre se pensó como una fortaleza.


Carol

En la última película de Todd Haynes (Velvet goldmine, I'm not there), hay cine en estado depurado. Desde su concepto visual, rodado en super 16 milímetros, en lugar del homogéneo digital al que se ha acostumbrado nuestra retina cinéfila en estos últimos años, el talentoso cineasta norteamericano entiende que nada mejor para un melodrama clásico ambientado en la New York de comienzos de los '50, que capturar su historia sobre soporte fílmico. 

Esa noción de clasicismo también se extiende a la estelaridad de sus dos figuras principales. Más allá de que la Academia se haya encaprichado en nominar a Cate Blanchett en el rubro actriz protagónica y a Rooney Mara en el de actriz de reparto, está más que claro que ambas son protagonistas centrales de una historia que las une en un sutil recorrido que va desde el deseo al amor. Carol (Blanchett) es una señora de alta sociedad con un matrimonio en plena ruptura. Therese (Mara) es una chica con algunas cosas no muy definidas, que trabaja durante la temporada navideña en una gran tienda. Ambas se conocen y la atracción es inmediata.

Carol postula el amor de mujeres como uno de los vínculos más confidentes, y a su vez superpone el tema de la maternidad, en tiempos en los que ni siquiera asomaba la chance de que un niño cuente con dos madres. A pesar de estar ambientada en los años '50, la película logra actualizar la gesta romántica/combativa que emprenden Carol y Therese. Y Todd Haynes sabe comprender a estas chicas, acompañándolas sin estridencias ni sentencias, bordando su historia con un hilo de elegancia y sofisticación; que jamás roza los bordes del discurso solemne o pretencioso. 


El libro de la selva

Los personajes y situaciones de los libros de Rudyard Kipling fueron llevados en al menos cuatro oportunidades a la pantalla grande, y la versión que llegó este años a las salas es sin dudas la más oscura y espectacular.

El director Jon Favreau (Iron Man, Cowboys & Aliens) dosifica con delicadeza artesanal cada clima del relato, aún en medio de un ejército de diseñadores y animadores. Porque esta remake de El libro de la selva ha sido concebida mayormente en estudios, con un despliegue de texturas y efectos de animación hiperrealistas para los animales, acompañando al pequeño actor protagonista. En este sentido, la película enfrenta su primer desafío ya desde los primeros minutos: por convención, todo animalito que hable en pantalla nos remite a un imaginario excesivamente naif e infantil. Favreau logra sortear ese preconcepto a motor de un andamiaje técnico tan perfecto como convincente, pero lo que es más importante, a partir de un guión sensible e inteligente, que sin descuidar el entretenimiento, asume que ninguna proeza de efectos especiales se impone frente a un espectador tan entrenado como el de hoy, si la historia no está contada con pasión y solvencia.

Sin anticipar la resolución de esta fábula, se puede decir que la coda final no se inclina por el mismo camino del clásico animado. El cierre es más inquietante, aunque también el punto en que se detiene puede ser tomado como una estrategia comercial frente a un posible capítulo dos. 


El conjuro 2

Si bien El conjuro 2 no estuvo a la altura de su genial predecesora, tampoco defraudó a su público y se mostró como uno de los exponentes más dignos del cine de terror cosecha 2016. El director malayo James Wan, responsable de El juego del demonio y del debut en 2013 de El conjuro, es un gran conocedor de los recursos más genuinos de un género a menudo bastardeado a través de cientos de productos de cuestionable calibre.

El conjuro 2 se despega del grueso de la producción del cine de horror en dos sentidos: no se sostiene por sus muestras de sadismo visual, y no se regodea en múltiples vueltas de tuerca con su correspondiente explicación. La premisa es sencilla, pero su desarrollo es compacto y contundente: la pareja de expertos en fenómenos paranormales conformada por Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga), recibe el encargo de viajar a Londres para desentrañar el misterio de una serie de sucesos acontecidos en una derruida casa de un suburbio.

No hay nada demasiado nuevo en El conjuro 2, pero el film baraja con solvencia tres cartas de nobleza del cine de terror. Los personajes están bien trazados y correctamente interpretados, la atmósfera visual es tan inquietante como la de icónicos títulos de los '70 como El exorcista (film con el que guarda más de una similitud); y por sobre todas las cosas, es una de las pocas películas recientes que comprende que el horror más tocante es ese que se manifiesta de manera física. Camas que se sacuden, muebles que se mueven solos, cruces que giran; configuran un arsenal mucho más eficaz que el de una sobrecarga de artificiosos efectos digitales.


Mi gran noche

Parecía que el gran Álex de la Iglesia había perdido el rumbo. En esta última década, sus películas evidenciaron cierto lastre de repetición y falta de brillo. Y justo, cuando todos estábamos extrañando su enorme poder a la hora de cocinar suculentas comedias de sabor bizarro, condimentadas con certeros toques de sátira social; el realizador español dio con esa desmesurada bacanal cinematográfica llamada Mi gran noche.

Con el cantante Raphael a la cabeza de un frondoso elenco de reconocidas figuras de la escena ibérica, esta comedia transcurre durante la grabación de un especial de año nuevo para televisión. Dentro del estudio, la batalla de egos entre los conductores del show, las tensiones de quienes ofician como extras en esa interminable jornada de grabación; y un posible atentado contra la vida del astro del espectáculo (claramente, Raphael). Fuera del estudio, un violento clima de agitación social, signado por la ola de despidos del canal que en ese mismísimo momento se encuentra rodando el aparatoso programa.

Álex de la Iglesia recupera el pulso de cineasta voraz, y vuelve a entregarle a sus seguidores una comedia que es un subidón sin escalas. Exageración, absudo y humor negro; se barajan en este cóctel explosivo de mezquindades, chantajes y oportunismos. Una vez más, sin pontificar ni erigirse en aleccionador moral, el mordaz realizador da con una comedia tan encantadora como brutal.


Julieta

Un melodrama clásico hecho y derecho, en el que Almodóvar visita nuevamente el universo femenino e hinca el diente en la maternidad. Basándose en tres cuentos de la canadiense ganadora del Nobel de Literatura Alice Munro, el director sigue el derrotero de Julieta, una madre abatida que se enfrenta al abismo de la prolongada ausencia de su hija.

¿Hay dolor más grande para una madre que la pérdida de un hijo? Aunque parezca imposible encontrar sufrimiento más grande que ese, existe todavía uno más abrumador: la decisión de un hijo de desaparecer de la vida de su madre. Sobre esa inquietante premisa navega la película número 20 de Almodóvar; y lo hace con el aplomo necesario para no transformar el relato en un festín de golpes bajos.

Adriana Ugarte y Emma Suárez dan vida a Julieta a lo largo de diferentes etapas en una historia que atraviesa tres décadas. La elección de dos actrices que no tienen parecido físico alguno, es uno de los puntos más significativos de este film. El espectador naturaliza que esos rostros tan distintos tengan su correlato en los fuertes cambios de la atribulada protagonista. 

 Que una película como Julieta haya contado con pocas pantallas y funciones en las salas de nuestro país, es un injusto declive en la consideración de uno de los cineastas más estimulantes de las últimas décadas. Lejos de amedrentarse, Pedro Almodóvar se mantiene fiel a sus convicciones y resiste con nobleza. En tiempos de una cartelera dominada por la estridencia, aquel director que alguna vez sacudió al mundo con su desenfado; hoy se transforma en el inesperado guerrillero del clasicismo.  


Tangerine

En una primera aproximación, da la impresión de que Tangerine es una de esas películas independientes propulsadas por su éxito en festivales de cine independiente, que se erige más por sus características formales que por su valor cinematográfico: el film fue rodado con un iPhone 5 y protagonizado por prostitutas trans de los suburbios de Los Ángeles que no tenían ninguna experiencia actoral. Luego, superados los primeros minutos de proyección, y por encima de todo ardid promocional; queda claro que las opciones del realizador Sean Baker (Starlet) son conceptualmente pertinentes.

Inusual fábula navideña, Tangerine nos pasea por las rivalidades de un grupo de mujeres que trabajan en las calles, y una batalla de celos por un proxeneta vinculado a dos de ellas. La imagen saturada generada por el registro del celular le otorga al relato una inmediata pátina de realismo, y el realizador sabe dosificar momentos de aspereza con otros de una genuina e incondicional confidencia entre sus personajes.





Opiniones (2)
17 de octubre de 2017 | 19:21
3
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17 de octubre de 2017 | 19:21
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  1. Menos mal que no está moonlight sr. Manson, inexplicablemente ganadora del Oscar!! Animales Nocturnos y Hell or High Water también son de lo mejor del 2016!!
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  2. Bien Manson por haber incluido a Arreo, terrible documental, Tato Moreno es un crack!
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