opinión

¿Qué es eso de la literatura?

El autor -docente y escritor- reflexiona sobre qué es literatura y lo que se pone en juego, al escribir o leer literatura.

¿Qué es eso de la literatura?

A fines de febrero una curiosa hojita sobrevoló las cálidas salas de profesores de Mendoza. Se trataba de una lista nada inocente de “obras literarias obligatorias”. Con escaso pudor y menos conocimiento, la lista dice qué deben leer los alumnos este 2016, y lo que es peor, que serían evaluados directamente por la Dirección General de Escuelas (DGE).

Todo poeta que se precie imagina que un día le preguntarán qué es para usted la poesía y se prepara secretamente -durante su poética existencia- para responder esta famosa y prestigiosa pregunta. Asiste al concierto repetido de los días con el corazón en una mano y la birome cliqueando la otra, va a todas partes con un fajo de citas y palabras ajenas, lecturas memorizadas en el micro o el trabajo, esperando que le suban la pregunta. Que se la suban, porque recuerden que el poeta vive en las alturas.

Como gato con siete vidas por vivir, el poeta en proceso se queda en los techos o el jardín de las cosas esperando salte eso que profesores y hasta malos alumnos estudian y sin embargo, nadie, casi nadie, sabe decir ¿qué es la poesía? o por lo menos ¿qué es la literatura? de última ¿qué es escribir?

Tarde o temprano el poeta escéptico baja la guardia. Se duerme a la sombra de los laureles en el patio. Deja caer las citas de su mano, pierde libretas, lo mismo que los amores, la fe o los libros que prestó.

Así pasan los años. Y aunque el tiempo es relativo para Einstein, para nosotros no tiene nada de relativo, cual yuyo de verano se cocinan nuestras dudas y lo que no se responde, lo que no sabemos, es fruto de discrepancias y hasta futuras guerras mundiales, o al menos, guerras bibliográficas, pasto de congreso con total seguridad.

Así pasan los años. Y aunque el tiempo es relativo para Einstein, para nosotros no tiene nada de relativo, cual yuyo de verano se cocinan nuestras dudas y lo que no se responde, lo que no sabemos, es fruto de discrepancias y hasta futuras guerras mundiales, o al menos, guerras bibliográficas, pasto de congreso con total seguridad.

Puesto a buscar ayuda, y siguiendo su propio consejo de no quedarse únicamente con lo que dice Wikipedia, el poeta didáctico googlea qué es la poesía. Se arrima hasta el Rincón del Vago, entra a Yahoo! Respuestas. Si algo no está ahí dirían sus 200 alumnos, no existe. Y no está. Es decir está, pero las respuestas son tan amplias cual lista de candidatos a la república y tan ambiguas y falsas como las propuestas de esos candidatos.

No le queda otra entonces al poeta sin auxilio que resoplar los ácaros de su devaluada biblioteca, planchar los apuntes de Teoría literaria que se insistía leyéramos despiertos allá en Filosofía y Letras; salir a buscar hasta en las fuentes de la plaza, confiarse a entrevistas o ediciones malogradas de Confesiones de Escritores, entre otras páginas que el tsunami de Internet acerca a las contaminadas playas de nuestro escritorio.

Pero ¿qué es la poesía? ¿qué es la literatura? ¿qué es escribir?

Eco Umberto, que siempre ayudaba a levantar la autoestima a intelectuales con poca resiliencia, dijo: “no tengo idea”; Vargas Llosa, Mario, narrador prematuro de novelas profundas como La guerra del fin del mundo y La casa verde -que ahora ocupa un destacado lugar en revistas españolas del corazón, dice: “escribir es el centro de lo que hago. No concibo mi vida sin la escritura”. W.H. Auden, viejo candidato anglo al Nobel: “escribo por lo mismo que la gente se desnuda por ahí, porque no tiene otra cosa que hacer”. “Por honor y la honra de las musas”, declamaba Shakespeare, al que le gustaba mucho la honra de las musas. Porque uno no se encuentra bien, repite seguido Juan José Millás, premio Príncipe de Asturias y futuro Nobel de España.

Estas respuestas hidalgas más o menos ingeniosas, a veces serias y a veces ñoñas, forman una extensa cadena de oraciones sin verbo. Es decir no nos dicen qué hacer, menos que menos al poeta o escritor que se sabe vive de una considerable porción del plagio de ideas ajenas.

Don Pedro Barcia repite que en todo trabajo que quiera parecer serio hay que citar algo en latín o invocar a los griegos, así que empecemos por una estatua conocida: Aristóteles. Aristóteles en su Poética alza la antorcha de que la poesía -el arte en general- es imitación. Solo cambian los medios y los objetos a imitar. Así aprende el hombre y así disfruta, imitando. Esta idea corría bien por los helénicos caminos del s.V a.C, cuando el hombre y la naturaleza tenían una cara sin maquillar y lo más trágico que habían visto en su cine de piedras era a un tipo que se casaba con la madre después de matar al padre.

La literatura no puede ser imitar

Para muchos apasionados al modelaje clásico, la idea los conformó hasta la misma época en que descubrieron que la tierra no era el centro del universo, ni el planeta terminaba en el alambre oxidado del horizonte. Obvio que si uno se anima, concluye rápidamente que la literatura no puede ser imitar, imitar es una parte de la cosa, vade retro dirían los surrealistas, por ejemplo, y todo el sindicato de autores antes y después, que sostienen a muerte que el arte, la literatura, es ficción, crea mundos, los multiplica.

No enumeremos la historia de las definiciones de la literatura en el tiempo, eso está en Wikipedia y es harina de la Teoría literaria. Saltemos sin inmutarnos 3000 años. Como los alumnos, pasemos de la antigüedad al presente sin fechas incómodas.

De las pocas certezas que se pueden tener en esto de qué es la poesía o qué es escribir o qué es la literatura, algunos respetados señores -Pozuelo Ivanco, Scarpit, Guillén, Mignolo, Eagleton- escriben que literatura es aquello que una comunidad de lectores decide. Y cambia de acuerdo a las épocas. O sea, hay tantas definiciones de literatura como comunidades de lectores, niveles, lugares.

Otros, apuntando más al instrumento del asunto, defienden que por sobre todo la poesía es “una circunstancia especial de lenguaje”; que la literatura tiene algo de “puro fingimiento”; que otorga identidad y cosas tan importantes como conocimiento y conciencia, agrega Graciela Reyes. Aunque también se puede compartir con Beatriz Sarlo que “la literatura padece el relativismo pos moderno y todo vale, todo puede ser literatura porque estamos en democracia. El mercado hace al lector y el lector al mercado, por lo tanto el autor y el crítico están subordinados a ellos”.

Ojo, no confundir a Coca Sarli con Betriz Sarlo. No tienen nada que ver.

¿Entonces?

Algunos se jubilan repitiendo que sin ficción no hay literatura, pero las tres cuartas partes del canon literario vigente se meten al lote del vecino, o sea son historia, filosofía, sicología, política hecha y deshecha, estertores periodísticos, más que juego ficcional o fingido, mera construcción lingüística o búsqueda estética.

¿La literatura no es eso que hace uso anormal del lenguaje?

Sin embargo el escritor es el maestro de la lengua, saltan las maestras, manos en jarra. ¿La literatura no debía entretener? ¿Hay alguien que se pueda entretener con Rulfo -por extensión toda la literatura mexicana-, con los rusos, con Raymond Carver? Alguien que se haya reído con Residencia en la tierra o Canto General de Neruda, con Sábato o Walsh?

¿Y si fuera cierto que la definición de literatura siempre ha correspondido al lector, no al autor ni mucho menos al crítico o profesor?

En ese caso, literatura es la de los despreciados best seller. Esas serían las obras realmente literarias. Los más vendidos, los mejores. Coelho mejor escritor que García Márquez. Lejos. Chequeemos.

Los mejores libros deberían ser por consiguiente ¿los más traducidos en la historia? A ver:

Y estas obras, deberían corresponderse entonces con las más leídas, que según cifras publicadas por el portal AllTop.com, en los últimos 50 años, son estas:

1.- La Biblia: 3.900 millones de libros.

2.- Libro rojo de Mao- Tse Tung: 820 millones.

3.-La saga de Harry Potter: 400 millones.

4.- El señor de los anillos: 103 millones.

5.-El alquimista de Paulo Coelho. 60 millones

6.-El código Da Vinci: 57 millones.

7.-Crepúsculo: 43 millones.

8.-Lo que el viento se llevó: 33 millones.

9.-Piense y hágase rico, de Napoleón Hill: 30 millones de lectores.

10.-El diario de Ana Frank: 27 millones.

Estos libros que figuran en el ranking de los más leídos puestos a la mesa son una ensalada sin condimento; bibliografía de reiki, reflexiones de paredón, chismes políticos a la parrilla, crónicas policiales, denuncias matrimoniales que no prosperaron, arengas de pastores, esqueletos de futuras telenovelas adolescentes.

Estos libros que figuran en el ranking de los más leídos puestos a la mesa son una ensalada sin condimento; bibliografía de reiki, reflexiones de paredón, chismes políticos a la parrilla, crónicas policiales, denuncias matrimoniales que no prosperaron, arengas de pastores, esqueletos de futuras telenovelas adolescentes.

Sencillamente muestran lo que empresas editoriales, líderes políticos, religiones, comisiones autoconvocadas, lectores de pileta, críticos on line- dicen qué es la literatura y lo que se debe usar.

Qué comparten, para figurar en el mismo estante de la fama: El Principito, Ana Frank, Harry Potter, Los trabajos del reino, del mexicano Yuri Herrera (historia de un músico encargado de componer corridos para narcotraficantes), La virgen de los sicarios
del colombiano Fernando Vallejo (que dio lugar con su libro a un movimiento literario conocido como la sicaresca), con la saga de vampiros vegetarianos de Crepúsculo?

Volvamos a las preguntas originales de este ensayo

¿Qué es la poesía? ¿Qué es la literatura? ¿Qué es escribir?

En una entrevista publicada en El País, el periodista Jesús Ruíz Mantilla, enero de 2011, preguntó a 50 escritores por qué escribían. Las respuestas fueron en general tristes. Predecibles. Resumo para no aburrir: Para entender. Para amar y que te amen.Para saber, para conocer. Por miedo, por necesidad, por dinero. Para sobrevivir, porque no todo el mundo sabe bailar el tango, ni jugar bien al fútbol. Por costumbre, para matar la costumbre, por vivir otras vidas y revivir las propias. Por dar testimonio, porque no se sabe bien escribir. Porque el verbo provoca desasosiego (Nélida Piñón).Porque no se elige, como un amor (Amélie Nothomb). Por ser el masoquista que uno lleva dentro (Wole Soyinka).Por los arroyos y los torrentes de los libros leídos, cuenta Fernando Iwasaki, como forma de existencia, según Elvira Lindo. Para sentirse vivo y muerto, proclama Fernando Royuela.Se escribe porque algo impide que no se haga. Se escribe poesía porque hay alguien que tiene algo que decir. Porque solo así puedo pensar, dijo el argentino Andrés Neuman.

Suerte con la conclusión

Entonces ir tachando: no es algo que quepa en una definición de aula, a menos que saquemos algunos alumnos para afuera.

Poco que ver con la belleza. Eso que llaman canon (cuestión con la que mejor no nos metamos). Ni ahí con los sentimientos. Ni las ideas.

Nada que ver con los asuntos sublimes, como defendía a muerte el equivocado y anglófilo Harold Bloom. Entonces ¿qué es la poesía? Algunos/algunas llegan a pensar firmemente que la poesía es como las letras de Arjona y tiene que hablar de amor o ser un columpio personal. Una suerte de confesionario para los que no han pecado casi nada, un álbum de selfies de su maltratado, sensible corazón de mariposa condenada a las piedras pinchudas de un mundo volcánico con el que no tienen nada, pero nada que ver.

Hay poetas para todos los gustos y disgustos. Escritores que todavía no aprenden a leer y otros que no saben escribir, escritores con vista de rayos equis y escritores ciegos, escritores que duran menos en la vidriera que una oferta en cuotas fijas y escritores que llevan 30 siglos alimentando a la familia editorial.

Se escribe o hace literatura hoy con una pizca de ideas y demasiado papel, estamos librados a la suerte de la olla. Hay géneros como el teatro o la poesía que hay que buscarlos debajo de las mesas o cerca de los baños de las librerías, o bien wasapear a sus autores con el riesgo de encontrarse con un romántico canalla que todavía cree en la rima o peor, en el amor. Porque nosotros no sabemos qué es la poesía ni a dónde va, pero tampoco lo sabe bien el poeta malabarista de semáforo, el poeta visionario, el sensible poeta, ese ser especial que busca las estrellas en el pelo de una muchacha con casco.

Lectores que usan la literatura para dormir o despertar

Ni hablar de los lectores, esa fauna necesita un ecosistema especial. Hay lectores que leen para dormir y otros para despertar, o sea, usan a la literatura de clonazepam o despertador. Para espantar moscas o atraer a otra variedad de insectos. Lectores de un solo libro que lo buscan toda la vida en otros, lectores infieles que se entusiasman con cualquiera que se abra de páginas, lectores que quieren que los hagan reír, relajarse (el lector spa); lectores que están hartos de leer porque la literatura les salpicó la cabeza de pájaros, sus cabezas son un nido de hornero pero con libros.

Ni hablar de los lectores, esa fauna necesita varios artículos. Hay lectores que leen para dormir y otros para despertar, o sea, usan a la literatura de clonazepam o despertador. Para espantar moscas o atraer a otra variedad de insectos. Lectores de un solo libro que lo buscan toda la vida en otros, lectores infieles que se entusiasman con cualquiera que se abra de páginas, lectores que quieren que los hagan reír, relajarse (el lector spa); lectores que están hartos de leer (…)

Lectores sodomitas, masoquistas (el lector de diarios, básicamente); lectores que leen y leen pero nunca entienden nada; lectores incapaces de madurar (con síndrome de Peter Pan), se pasan la vida tratando de permanecer inocentes a pesar de la pornografía literaria que les muestra cómo es la cosa en la cruda, televisada realidad. Lectores Caperucita o bella durmiente, el/la Dorian Grey; lector virgen o de resumen (o sea, el lector de la escuela secundaria). Lectores borgeanos (de política ni hablar, mejor nos extraviamos en un laberinto literario); lectores cortazareanos (del soneto a la revolución de Nicaragua traducida desde París); lectores nerudianos (optimismo, amor y paz), lectores ratoneros (de Bocaccio a Henry Miller y hasta las Cincuenta sombras de Grey, sin empacho). En fin, en fin, lectores que cuando leen escriben su vida, se tatúan las manos, se las lavan en el río anónimo, depurador de las palabras, o sea el lector Pilato.

¿Qué es la poesía?

Nadie puede saberlo. El poeta no es “un pequeño Dios” (Huidobro) sino apenas quien lo niega. Ni es la voz o el amigo de los pobres (Neruda). No es un salvador. El poeta, el escritor no es moral solo porque es escritor, más de una vez entrega su pluma para que hagan un plumero los del gobierno, le enciende un libro a cada santo para ser subsidiado con un milagro, es decir, un cargo en cultura u otra beca por el estilo. La mitad más uno podría estar preso por violencia de género y pueden vender a la madre por una nota en el diario o incluso convertirse en funcionarios de gobierno y citar a Saramago sin pestañar.

Es verdad que cuando se es joven –juventud divino tesoro-/ya te vas para no volver/cuando llorar no lloro y a veces lloro sin querer-; verdad decíamos que en al alba de la vida casi todo poeta define el amor en la boca de una mujer (o varias, para no arriesgar).
Y jura que la poesía la esconde otra y hay que encontrársela.

Verdad que a los 30 y pico se cambia de musa y de panteón. Se prueba en el casino de los concursos, se apuestan los restos de la inocencia. Se llega a ser -como autor, como generación- transición.

Parodiando al chileno Jorge Teillier, se asume que se puede vivir poéticamente sin escribir poesía. O se puede escribir poesía sin vivir poéticamente.

Aunque no seamos Teillier ni Roque Dalton. Ni Cardenal. Ni menos Parra.

Ni siquiera llegamos a asomarnos a la ventana polarizada de los post boom.

Verdad que todo poeta -aunque de algo de escozor decir que se es poeta- se globaliza, se digitaliza, tarde o temprano empieza a desaparecer del espejo de sí mismo. Siguiendo la definición de Grinor Rojo, hacia los 90-2000 se hace contradictorio, resiste la caída del pelo, las ideologías, el fin de la historia (propia y ajena), la muerte del sujeto romántico.

Porque el poeta, el escritor, a fin de cuentas no es más que -según los críticos/ académicos/editores/otros autores- un protagonista neutro y contemplativo que acepta “el desorden natural de las cosas, consecuencia de la uniformidad mundial lograda por el mercado y la cultura digital visual que ordena todo el planeta”. La literatura en suma -lo mismo que su autor- es materia oscura en expansión.

Hasta es posible que la mentada literatura ni siquiera sea un género literario o una rama del árbol caído de las artes. Dudas, muchas dudas, pero entre las pocas certezas esta: el que quema libros, el que elabora listas de libros, el que dice esto se lee o no, solo puede ser alguien que por lo menos ya descubrió una verdad indiscutible: la literatura hace pensar. La literatura desobedece las reglas y está contra el orden y la disciplina social.

*Parte de este ensayo se presentó en el V Congreso realizado el día 9 de octubre de 2015, en las instalaciones del Centro de Educación e Investigación Lavalle, organizado por el Instituto de Educación Superior 9-024 en el Departamento de General Lavalle, Provincia de Mendoza.

https://www.youtube.com/watch?v=3-tVqq1GyWU


¿por qué se escribe?

para defenderse de los fantasmas propios

de los ajenos

de los que trae el televisor

se escribe para salvar al mundo del mundo

al lector del escritor - al escritor del lector

se escribe porque se es un instrumento de los dioses

o de los hombres

para traer un mensaje de paz de esperanza (Amado)

para superar los complejos personales

para la foto

por el premio

por la inmortalidad

se escribe para ser libre en un país de tiranía (Arenas)

para no desintegrarnos en la nada (Sartre)

para poder llegar a saber este y otros porqués

porque es una escoba contra la muerte (Ba Jin)

para exorcizar sus/ tus/ mis demonios (Ray Bachchan)

para acortar el tiempo

para extenderlo

para no estar solo

para poder estarlo

por sacudirse el miedo

porque no estamos bien (Millás)

porque nos es revelado (Borges)

porque hay que salir a buscar las respuestas

o las preguntas

porque no se puede evitar

la vida

Dionisio Salas Astorga. Poemas sin clasificar, 2015 

Opiniones (1)
21 de septiembre de 2017 | 02:23
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21 de septiembre de 2017 | 02:23
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  1. El párrafo 5to y 6to está repetido, pero no influye en la calidad de la nota. Opinando sobre el planteamiento de la misma, me parece que la belleza del pensamiento escrito -poesía, relato, cuento, reseña, entrevista, carta, nota, ensayo, estudio, correo electrónico, servilleta de bar, etc- no está dado por la cantidad de palabras y frases que contiene, sino, por el sentimiento que genera al leerlo. Si el mensaje del pensamiento escrito, te saca una sonrisa o te hace brotar una lágrima, recordar una vivencia del pasado o soñar con un evento de cara al futuro, partir de una polémica sin fundamentos y llegar a un debate civilizado; ese conjunto de frases y palabras ha cumplido su objetivo y ya no es parte del olvido. Nadie vive por siempre... salvo lo que escribes, eso nunca muere. Saludos.-
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