opinión

La nostalgia de la Navidad

La reflexión de un sacerdote con los pies sobre la Tierra.

La nostalgia de la Navidad

 La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.

No es solo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.

La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos.

Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados solo a este mundo.

Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.

Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.

A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

(*) José Antonio Pagola. Columnista en el blog Buenas Noticias. Hay tres datos en la biografía de este guipuzcoano de Añorga, nacido hace 70 años en el seno de una familia numerosa, que han configurado toda su vida: la presencia de su madre, la celebración del Concilio Vaticano II y su paso por l’ École Biblique de Jerusalén. Recuerda que aprendió más el Evangelio con su ‘ama’ en la cocina de casa que de los catedráticos de Roma y Jerusalén. Más tarde, sus estudios en la Ciudad Eterna, coincidiendo con la cita conciliar convocada por Juan XXIII, siguieron forjando la sensibilidad y el carácter de uno de “los presbíteros que nos ordenamos para convertir la Iglesia al Evangelio”. Finalmente, su estancia en Tierra Santa despertó en él “la pasión por los profetas de Israel y por Jesús”

Opiniones (1)
19 de agosto de 2017 | 01:31
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19 de agosto de 2017 | 01:31
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  1. Puro sentimentalismo. Este teólogo, además, está prohibido por el Vaticano, o cuando menos, sancionado.
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