opinión

Empresarios creen que habrá nuevas elecciones en España

Así lo indica La Vanguardia en un artículo publicado este martes.

Empresarios creen que habrá nuevas elecciones en España

 A las puertas de la Navidad, brókers e inversores internacionales están entregados a la caza de los regalos. Los mercados se aletargan y su actividad se relaja. Sugestionados por las fallidas encuestas, unos y otros habían comprado como más probable en España un escenario color de rosa para sus intereses tras el 20-D: ajustada pero suficiente victoria paraformar gobierno del bloque conservador, recompuesto internamente con un menor peso del PP en favor de Ciudadanos. El nuevo partido con el que la City y la gran banca han vivido una intensa luna de miel, especialmente desde el verano, para gran enfado de algunos ministros de Mariano Rajoy. No en balde, Albert Rivera, de la mano de Luis Garicano, profesor instalado en Londres, había confeccionado un programa económico liberal muy de su gusto.

Sin embargo, el resultado electoral ha acabado siendo “mucho peor de lo esperado” o el “peor escenario posible”, según recogen los primeros documentos improvisados ayer por los analistas y enviados a sus clientes. Inestabilidad e incertidumbre son las referencias comunes.

Entre las grandes empresas españolas el que se considera como escenario más probable, unas nuevas elecciones, se ve también como muy negativo. Y en los próximos días los pronunciamientos desde el mundo económico sobre al asunto marcarán la actualidad.

La alternativa menos mala, un gobierno de Mariano Rajoy en minoría, sería débil y efímero por definición. El más deseado por las grandes empresas y las patronales desde el domingo por la noche: una gran coalición PP-PSOE, se antoja como imposible, fundamentalmente a la vista de las posiciones adelantadas por los socialistas.

Varias grandes del Ibex tenían ayer reuniones o consejos, ya programados para cerrar el año. En el conservador ambiente de esas salas de reuniones, donde la preocupación presidía, prohombres de la política y la economía especulaban ya sobre posibles candidatos en unos nuevos comicios. El otro gran consenso entre las grandes empresas es que en ningún caso debe abrirse un largo periodo de interinidad y negociación negociando un improbable gobierno. Es decir, nada que se parezca a lo que pasa en Catalunya con las conversaciones entre Junts pel Sí y la CUP.

En fin, la factura de la profunda y larga crisis española que ha hecho estragos desde el 2008 ha vuelto a alterar ahora a los grandes inversores tras casi tres años de recobrada tranquilidad; antes ha golpeado a los ciudadanos, para descomponer después el sistema de partidos políticos. Y con él, la continuidad del programa de reformas que el Gobierno de Rajoy, patrocinado por la canciller alemana Angela Merkel, ha aplicado durante la pasada legislatura. Es lo que los mercados llaman la “fatiga de las reformas”, un eufemismo para calificar las resistencias sociales tras varios años de ajustes y caídas de la demanda interna.

En consonancia con este contexto, la bolsa española tomó nota ayer y ajustó su queja a una caída del 3,6%. Aunque tampoco conviene exagerar. Y menos mientras la niebla navideña se apodera del mercado. El Ibex 35, en noviembre del 2011, también recibió la aplastante victoria de Rajoy con una caída prácticamente idéntica. Mayor fue aún cuando el socialista Rodríguez Zapatero logró su primera, y esta sí inesperada, victoria en marzo del 2004, un 4,2%.

El dinero es eléctricamente huidizo ante cualquier novedad desagradable y ayer “muy probablemente los grandes fondos y sociedades de inversión ya dieron la orden de reducir preventivamente sus inversiones en los grandes valores de la bolsa española, las 35 grandes y selectas compañías del Ibex”, señalaba el presidente de una ellas. Especialmente las que más pueden verse afectadas por cambios legislativos, bancos, energéticas y servicios regulados. Muchas de ellas recibieron ayer llamadas de analistas adelantándoles cambios en sus recomendaciones: de comprar a mantener o vender.

Pese a todo, ayer no hubo dictamen definitivo de los inquietantes mercados. Simplemente ajuste de expectativas. Desde las cúpulas del mundo empresarial se pide tiempo. Reclaman una coalición, ayer se pronunció en este sentido Juan Rosell, el presidente de la CEOE, pero no apuestan por una sola modalidad. Hay que esperar a que pasen unos días para ver si “maduran” las posiciones de los partidos principales, aseguran con más voluntad que convicción.

En los mercados internacionales el 20-D español no produjo alteraciones reseñables. Sin repercusiones europeas. No hubo nada parecido al efecto griego. En parte porque las urnas noquearon al bipartidismo pero sin liquidar del todo las dos columnas del viejo orden y el giro a la izquierda no parece suficiente para alcanzar el Gobierno. Pero, sobre todo, porque saben que Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), seguirá comprando montañas de deuda, también española, para evitar que reviva la crisis del euro. Ese es el marco de referencia que, de momento, sigue invariable para los grandes inversores.

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20 de octubre de 2017 | 05:21
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