opinión

EE UU: El extraño caso de la clase media desaparecida

El análisis económico de EEUU de un editor de The Guardian.

EE UU: El extraño caso de la clase media desaparecida

 La imagen mostraba a dos mujeres vestidas de fiesta haciéndose un “selfie” junto a los antidisturbios griegos. En el verano de 2015, esta era una escena común y corriente: partidarios del euro de clase media congregados para salvar a Grecia de la amenaza del Grexit [salida del euro]. Pero cuando describí la escena en una emisión destinada a un público norteamericano, me rebotó una pregunta de los EE.UU.: esto no suena bien, parecen demasiado “finas” para ser clase media.

Clase media significa en los EE.UU. lo que clase trabajadora en Gran Bretaña. Salvo que, mientras que nadie – ni siquiera en el Partido Laborista de Corbyn – va por ahí diciendo que representa “valores de clase trabajadora”, todos los políticos afirman en Norteamérica representar los valores de esta clase media.

Pero la clase media se está achicando. Un informe de la semana pasada del Centro de Investigación de Pew concluía que, por primera vez desde los años 70, las familias definidas como de “ingresos medios” son en realidad una minoría en los EE.UU., estrujadas por ambos lados por un grupo aquejado por la pobreza por debajo y un grupo enriquecido por encima.

Los gráficos que muestran este achicamiento se leen como un ejemplo de libro de texto del futuro que predice para el mundo el economista francés Thomas Piketty. En 1971, había 80 millones de hogares en los EE.UU. definidos como de renta media, comparado con 52 millones combinados en los grupos por arriba y por debajo. Ahora, hay 120 millones de familias de clase media, pero 121 millones de familias ricas y pobres, “Un desplazamiento demográfico que podría señalar un momento crítico”, afirma Pew.

Ha habido un gran desplazamiento en quién se hace con la riqueza generada por Norteamérica: “Todo un 49% de la renta agregada norteamericana fue a los hogares de renta alta en 2014, de un 29%, que era lo que había en 1970. La parte correspondiente a los hogares de renta media era del 43% en 2014, lo que baja substancialmente desde un 62% en 1970.”
Se supone que la Norteamérica media, por supuesto, es el cimiento de la democracia norteamericana. La familia joven con niños, con ingresos que van aumentando gradualmente a medida que pasan los años, es el fundamento de la estabilidad y el consenso políticos, y aunque su época por excelencia fueron los años keynesianos entre 1945 y 1973, el sueño, el mito u otra metáfora de relato han sobrevivido. Hasta hoy.

El hecho puro y duro es que la mayoría de los norteamericanos, de acuerdo con Pew, o son ricos o son pobres. Y este comienzo está empezando a tener repercusiones políticas. Sería fácil vincular el surgimiento de la retórica antiinmigración, racista de Donald Trump a un simple momento decisivo de la demografía. Pero las inseguridades con las que juega son reales.

En parte la nueva demografía de los EE.UU. es una historia de éxito: la gente negra y la gente mayor han subido ambas, de acuerdo con Pew, en la escala de renta. El descenso más claro se da entre quienes no recibieron o completaron educación universitaria. Eso significa que la prototípica historia de éxito de los EE.UU. ya no es la de la familia joven, blanca, residente en las afueras de Embrujada [Bewitched, popular serie de television de los 60] y las leyendas de Doris Day. Y el trabajador manual, el agricultor y el vendedor autodidacta – todos arquetipos esenciales – ya no entran tan fácilmente en el relato del éxito.

La economía liberal favorece a los que ya son ricos y a los que tienen muchos activos. Esto significa, en una economía hinchada con los esteroides de la expansion cuantitativa, gente mayor. Mientras tanto, para los jóvenes – ya sean los del precariado o aquellos con bastante suerte como para entrar en la mano de obra estable de la Norteamérica empresarial – la deuda acumulada mientras se consigue el pasaporte esencial para el estatus de renta media – una licenciatura universitaria – funciona como un freno de por vida sobre la riqueza en activos.

Este momento crítico de la demografía crea, en resumen, más problemas para el relato político principal de Norteamérica de los que crea para esas clases medias encogidas. El consenso se está fragmentando. Las redes sociales lanzan a nuestro marco temporal las grabaciones de repetidos tiroteos de la policía contra gente negra o de otras minorías norteamericanas. Lanza a las candilejas a los insensatos asesinos a tiros de múltiples víctimas. Y hace hoy que el odio antimusulmán se convierta en vírico.
El objetivo de Trump no consiste sólo en amplificar estas inseguridades sino en crear una política del espectáculo y de insensatez en torno a ellos. Los ejecutivos comerciales norteamericanos se desesperan quedamente no sólo por lo abierto del racismo sino también por la irracionalidad subyacente del discurso.

Si hay menos gente trabajando en empleos tecnocráticos, en los que hay que adecuarse a la lógica, la prudencia y la atención a todas horas todos los días, entonces, más tarde o más temprano, el ácido de la sinrazón comienza a corroer la democracia. Ese es el miedo: que los valores de la ciencia, la lógica y la humanidad se queden atrás a medida que la derecha conservadora que se fragmenta va gritando, cada uno más fuerte que el otro.

Vale la pena explicar la causa de raíz de esa fragilidad, no obstante, porque no resulta evidente por qué razón el declive proporcional de la clase media debería disparar, casualmente, una implosión de la razón tan spectacular como la que se está produciendo en la batalla de las primarias republicanas. Cuando se ahonda en la demografía de la clase media norteamericana, aparece una respuesta plausible: es más etnicamente diversa que nunca, hay menos matrimonios que nunca, está mejor formada que nunca.

Ningún conservadurismo – o cualquier forma de liberalismo – que asuma como única opción una clase media que es blanca, religiosa y sin formación va a estar en sintonía con la realidad, pero esta clase media norteamericana nueva, diversa, más moderna necesita representación como nunca anteriormente. Los ingresos medios del estrato superior, dice el studio de Pew, son siete veces los del estrato medio. En 1983, eran simplemente el doble.

A punto de empezar las primarias, más allá de toda la autoparodia y enloquecimiento, las preguntas más serias para estos 120 millones de hogares serán: quién nos entiende realmente, y quién nos ofrece un camino plausible más allá del estancamiento de los ingresos reales y la inseguridad multigeneracional.

(*) Paul Mason. Editor de economía de Channel 4 News. Su libro Postcapitalismo: A guide to our Future, ha sido publicado por Penguin en 2015. Fuente: The Guardian. Traducción: Lucas Antón. En SinPermiso.info

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