opinión

Carta abierta a monseñor Aguer

Tras sus recientes declaraciones en “Claves para un mundo mejor” del sábado 5 de diciembre de 2015

Carta abierta a monseñor Aguer

Monseñor Héctor Aguer:

¡Paz y bien!

Permítame realizar observaciones a su comentario reciente en su habitual columna del programa “Claves para un mundo mejor”, donde provoca a toda una sociedad que viene luchando por conseguir igualdad y respeto.

Por un lado, entiendo que usted esté ofendido y tenga la responsabilidad y hasta la obligación de salir a defender los daños realizados en la Catedral de la Plata. Tampoco comparto la violencia. Pero eso no le da derecho ni potestad para que, con trivial oportunismo, ataque y catalogue a todos los ciudadanos homosexuales por los actos de un reducido grupo de personas.

Por otro lado, sinceramente hace tiempo intento interpretar y comprender su ardua cruzada y sus insistentes ataques a la comunidad LGBTIQ de la Argentina. Aun intentando escudriñar desde el punto de vista religioso cuáles son sus motivaciones, realmente no logro encontrar una justa y cristiana razón para esa “peligrosa fijación”. Estoy dispuesto incluso a que en un diálogo amable podamos intercambiar pareceres.

Por eso le pido que, en la proximidad de comenzar este año de la misericordia impulsado por el Papa Francisco, que revise su actitud, “desenfunde” sus declaraciones, se despoje de sus escudos y trabaje por la Paz y la Unidad, valores permanentemente reiterados y reclamados por sus pares en las últimas declaraciones de la Conferencia Episcopal Argentina.

En segundo lugar, quiero manifestarle las observaciones de su comentario, que son el “quid” de la cuestión, la razón de esta carta:

Usted trajo a colación en su comentario un artículo de la revista “Familia y vida” (“Hijos gay, padres heterosexuales. Plan de curación familiar”), donde resalta el contenido y recomienda su lectura. Quiero recordarle que la ciencia ha dejado ya en evidencia las falacias de tantos artículos como el que usted promociona. Es tiempo de dejar de repetir que la condición homosexual es un problema o una especie de patología de la conducta. Ya hace mucho tiempo que la Organización Mundial de la Salud retiró a la homosexualidad de la lista de enfermedades.

Pero usted no solo destacó el contenido del artículo, sino sobre todo el testimonio de “conversión” del autor del mismo, el señor Richard Cohen, un supuestamente confeso “ex homosexual”, una persona que ha sido expulsada de asociaciones profesionales precisamente por su pensamiento dañino. Es muy peligroso que usted insista en fomentar ese tipo de pensamiento. No sé si es consciente o está al tanto del terrible daño que provoca en las personas esas mal denominadas “terapias reparativas”, y el permanente reclamo de diferentes organizaciones de derechos humanos pidiendo que se dejen de realizar estas experiencias alrededor del mundo, porque muchas veces provocan daños irreversibles. Recomendar su lectura parece ser un acto de agravio vengativo.

La ciencia ya hace tiempo que se pronunció. Ahora es tiempo de crear conciencia e impregnar los diversos ámbitos de la sociedad, incluso el religioso. Es tiempo de dejar de llenar la cabeza de los feligreses haciéndoles creer que Dios condena una vida homosexual activa. No se olvide que al interior de sus puertas, tiene infinidad de catequistas, religiosos, religiosas, seminaristas, hombres y mujeres casados, que están intentando ser aceptados y valorados por sus familias y comunidades. Usted no contribuye a que ese acercamiento sea pacífico y llevadero. Le aseguro que en las parejas homosexuales también fomentamos los valores humanos, con igual valentía (amor, aceptación, respeto, alteridad, complementariedad, etc.)

Pero me resulta extraño que no sea la primera vez que nos ataca en conjunto o, incluso con agravios personales. Nunca le dije nada acerca de sus ofensivos comentarios y denigración de mi persona cuando se explayó en el programa francés “El efecto Papillón” (“L´effect papillon”) en el contexto de la cobertura que hizo ese programa sobre el primer matrimonio igualitario de un sacerdote homosexual. Decidí en aquella oportunidad no malgastar energías en responderle. Me parecía más importante estar celebrando con mis familiares y amigos. Sobre todo por respeto a mi amado esposo, que tiene un perfil mucho más bajo que el mío (fíjese que hasta en eso somos complementarios).

Por el bien de la humanidad, no entremos una vez más en el facilismo y la mediocridad del pensamiento dialéctico de dividir a la sociedad en dos bloques herméticos. Deje de decir que “los homosexuales en la Marcha del Orgullo destruyeron la Catedral de la Plata”, porque los homosexuales no somos un bloque. Somos personas únicas e irrepetibles, tan únicas e irrepetibles como usted lo es. Aprenda a distinguir que hay personas dañinas y otras que no lo son, ¿acaso no pasa lo mismo con sacerdotes y obispos? Ya sabemos el daño que ha generado en la humanidad esos dualismos maniqueos: buenos y malos, héroes y villanos, crédulos e impíos.

Por último, la nobleza intelectual me obliga a decir y no quiero pasar por alto, la vergüenza que me generó el comentario del conductor del programa, el Señor Héctor “Tito” Garabal, quien al terminar su reflexión dijo que eran palabras “llamando al diálogo y al encuentro”. Sinceramente disiento muchísimo del criterio que maneja para hablar de “diálogo y encuentro”. Debería revisar cuáles pretenden ser sus claves para un mundo mejor.

Es que ustedes se escandalizan de los lobbys gay, pero no dicen nada sobre las cruzadas antigay. Cuando toda la sociedad argentina está dando pasos agigantados en la Diversidad, la Inclusión, la Aceptación, el Respeto, siguen apareciendo comentarios como el suyo, o la reciente acotación del doctor Abel Albino. Es una pena que una labor tan digna y eminente como es la lucha contra la desnutrición se vea afectada por el comentario digitado y enviado por sus superiores del Opus Dei.

Para finalizar nos invito a que juntos esperemos esta Navidad como un encuentro amoroso de un Dios que quiere hacerse cercano y Amigo.

Opiniones (4)
23 de octubre de 2017 | 21:45
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23 de octubre de 2017 | 21:45
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  1. Monseñor Héctor Aguer, solo dice en nombre de la Iglesia, lo que corresponde y ve, como autoridad y parte de ella. Pero para aquellos que desean ser parte de la misma, debe tener en cuenta que la doctrina no cambia, es una sola, si la quieren aceptar y desean pertenecer de cumplir con su doctrina, de otra forma, puede crear su propia iglesia. Pero si creo que esta gente enferma y que no reconoce su enfermedad, solo les llevo algo mensaje de un amigo español, quizás luego de leerlo, les quede más claro, decía: Dos leonas no hacen pareja. Dos gatos, tampoco. No pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la zoología. No es producto de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana. Por supuesto no es un invento de la Iglesia Católica. Muchos siglos antes de que Jesús naciera en Belén, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Después ellos se divertían con efebos, que para eso estaban, para el disfrute. La esposa era para tener hijos. La palabra matrimonio procede de dos palabras romanas: "matris" y "munio". La primera significa "madre", la segunda "defensa". El matrimonio es la defensa, el amparo, la protección de la mujer que es madre, el mayor y más sublime oficio humano. Cada palabra tiene su significado propio. Una compraventa gratuita no es una compraventa, sino una donación. Y una enfiteusis por cinco años no es una enfiteusis, sino un arriendo vulgar. Llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo me parece como poco serio. Jurídicamente, un disparate. De carcajada. Que le llamen "homomonio", "chulimonio", "seximonio", lo que quieran, todo menos matrimonio, que ya está inventado hace tiempo. Nadie llama tarta de manzana a la que está hecha de peras. Lo curioso es que cuando dices cosas como estos alguno te miran como extrañados de que no reconozcas la libertad de las personas. Y por más que les dices que sí, que respeto la libertad de todos, que cada uno puede vivir con quien quiera, incluso con su perro, pero que eso no es un matrimonio, van y me llaman intolerante. No se lo que harán los parlamentarios españoles a la hora de votar, tal vez seguir el modelo argentino. Son políticos, no juristas. Votarán por razones políticas, no según Derecho. Las consecuencias son graves. Si un varón tiene derecho a casarse con otro varón y una mujer a hacerlo con otra mujer, ¿le vas a negar el derecho a un hermano a casarse con su propia hermana? ¿O a un padre a hacerlo con su hija? ¿No tienen el mismo derecho? La sociedad se quiebra. Huele a podrido. Como en Dinamarca, cuando la profe le preguntó a Pablito cómo se llamaba su madre, el niño contestó: "Mi mamá se llama Pedro"
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  2. Acabo de descubrir que mi censurador comienza a pensar en algunas cosas parecido a mi. Si lo censuras, te faltó agregarle acento ( qué ).- O sea, no hay una regla fija, sino que depende de tu criterio personal..... eso no es censura, simplemente es persecución.-
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  3. Ya sabemos que eres, ¿porqué esa cara de andar buscando pescado fresco????
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  4. Aguer es un facho, opus del. Toda la vida pensó y piensa así.
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