opinión

La ciencia argentina de cara a las próximas elecciones

Un biólogo molecular mendocino opina sobre el balotaje.

La ciencia argentina de cara a las próximas elecciones

 Mi nombre es Juan A. Mondotte, nacido en San Rafael, Mendoza. Luego de finalizarmis estudios universitarios en la Universidad de Buenos Aires, realicé un doctorado en el Instituto Leloir. Ahora resido desde hace unos años en París, Francia, con mi familia; realizando una especialización científica en el Instituto Pasteur, y pensando en volver pronto a nuestro país.

Ante el inminente histórico ballotage del 22 de noviembre, el cual va a definir nuestro gobierno en los próximos años, decidí escribir esta carta para compartir mi punto de vista respecto a la política científica llevada a cabo en la Argentina en los últimos años.

Luego de una de las épocas más oscuras en la historia de la Ciencia Argentina, en la que quedará grabada para siempre la frase del entonces Ministro de Economía, Domingo Cavallo quien mandó literalmente a los científicos a lavar los platos, comenzó en la ultima década un período de alto progreso científico, consolidando una gran soberanía en el campo del conocimiento.

Un hecho de suma importancia fue la jerarquización de la ciencia, con la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en 2007. En los últimos doce años tanto las becas doctorales como las postdoctorales se cuadruplicaron, duplicándose además la cantidad de investigadores.

El Programa Raíces, permitió la repatriación de más de 1200 científicos argentinos, ello acompañado con la construcción de nuevos institutos de investigación

Claro que todo esto se logró con una fuerte decisión política que significó un aumento del presupuesto destinado a ciencia del 0,3 al 0,6% del PBI.

Por otra parte, cuando escuchamos hasta el cansancio “Cambiemos”, slogan y nombre del partido del candidato a presidente Mauricio Macri, me pregunto, de acuerdo a las declaraciones, discursos y la gestión en el Gobierno de la Ciudad: ¿cuál será el cambio que propone en lo que respecta a una Política Científica y Tecnológica?.

La administración porteña, en el marco de la ley 2.511 sancionada en 2007, establece que un presupuesto anual no inferior al 1% del presupuesto total de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se destinará para Ciencia y Tecnología; cuando en la actualidad sólo se destina el 0,001%. Todo esto a pesar de tener la mayor concentración de científicos del país. En consonancia con esto, Carlos Melo, director de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires brindó una entrevista en la que mostró la postura del macrismo sobre política científica. Una visión elitista y unidimensional de la ciencia, que pretende determinar los salarios de los investigadores en base al impacto de sus publicaciones, sin ponderar la capacidad de vincularse con el sector productivo y hacer transferencia de conocimientos.

En otras declaraciones, en una charla en la Cámara Argentina de la Mediana Empresa, Macrideclaró: “Hay mucho despilfarro. Nunca vi un gobierno que malgaste tanto los recursos. Hacen empresas tecnológicas que no hacen falta, se generan empresas satelitales que no funcionan”, refiriéndose a la construcción en el país del primer satélite de comunicaciones (Arsat-1).

Estos dichos no dejan lugar a dudas de que Macri desconoce lo que hacen las empresas tecnológicas en la Argentina, y que considera un gasto la inversión en conocimiento y tecnología. Para el líder de Cambiemos, las empresas tecnológicas "no hacen falta" y "no funcionan”. Una idea que parece ir a contramano del desarrollo tecnológico mundial e incluso del sentido común.

Para dar una dimensión global de este hito tecnológico para nuestro país, hay que destacar que sólo ocho países en el mundo fabrican instrumentos de este tipo. Una verdadera apuesta a futuro que ha dinamizado el desarrollo nacional en materia de telecomunicaciones.

Considero que nuestro sistema científico nacional debe pugnar por la continuidad y la profundización de las políticas que apoyan la ciencia, la técnica y la innovación productiva, medidas imposibles de sostener en el marco de un modelo económico excluyente, de libre mercado y endeudamiento externo.

Termino con una frase de los años sesenta de Bernardo Houssay, ganador del premio Nobel de Medicina en 1947, que sigue siendo totalmente válida en la actualidad:

"Algunos creen que la ciencia es un lujo y que los grandes países gastan en ella porque son ricos. Grave error: gastan en ella porque es un gran negocio y porque de esta forma se enriquecen. No gastan en ella porque son ricos y prósperos, sino que son ricos y prósperos porque gastan en ella. Nada da dividendos comparables a los que proporciona la investigación científica y tecnológica".

(*) Juan Alberto Mondotte, biólogo molecular. Medalla de Plata Mundial en Biología - Turkmenistán, 1998.

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