opinión

Ataque bendito

La relación entre política y religión, y sus nefastos efectos.

Ataque bendito

La violencia religiosa se hizo presente nuevamente. Sus efectos en el campo político no son otros que cientos de muertes, otra vez, en Francia, y en nombre del dios monoteísta.

La autoría del atentado se la atribuyó el Estado Islámico (EI), o Daesh (acrónimo árabe del EI), una entidad originalmente asociada al macro grupo terrorista Al-Qaeda, creados por los servicios de inteligencia de las potencias occidentales, entre ellas, Estados Unidos y Gran Bretaña, y apoyados por el ejército turco.

El comunicado contiene no pocos términos religiosos: "Ocho hermanos que llevaban cinturones explosivos y rifles de asalto llevaron a cabo un ataque bendito contra la Francia Cruzada" (1).

El “ataque bendito” no hizo otra cosa que reflotar un histórico problema mundial como es la relación entre política y religión, y sus nefastos efectos. Relación tóxica por donde se la mire, problema insoluble si se observa cómo los monoteísmos se han convertido en serios factores de conflictos en cualquiera de los continentes.

Los efectos no se reducen al problema geopolítico sino que son más extensos e impregnan - como el aceite en la madera -, todas las ranuras del poder.

1. “La religión mata”

La frase, del periodista angloamericano Chiristopher Hitchens, resalta sólo un aspecto de la violencia religiosa: la física y las muertes que históricamente ha acarreado “en nombre de Dios”.

El acto terrorista en Francia le otorga continuidad a los hechos que el polemista relató en un capítulo de su obra - basado en sus experiencias en ciudades europeas - donde se asesinaba por convicciones religiosas: “En Belfast he visto calles enteras quemadas por la batalla campal sectaria entre diferentes facciones cristianas…”. En Beirut… “el principal partido cristiano era en realidad una milicia católica denominada Falange…”; la cuestión en Belgrado (hasta la década de 1980, capital de Yugoslavia), se centraba “en la creación de un Estado títere de los nazis, centrado en Croacia, que gozaba del amparo del Vaticano y que con toda naturalidad trataba de exterminar a todos los judíos de la región, pero que también desarrolló una campaña de conversión obligatoria dirigida a la otra comunidad cristiana” (2).

En el caso francés, integrantes de EI atacaron diversas zonas y lugares de París, en particular, el Centro de Conferencias Bataclan, “donde cientos de apóstatas se habían reunido en una fiesta de prostitución, y otras áreas en los distritos 10, 11 y 18 de manera coordinada", agregaron en el comunicado.

De nuevo el lenguaje religioso. El antiguo concepto de apostasía - fósil terminológico – aparece con toda su fuerza, no sólo en el islam. También el catolicismo romano lo mantiene como ley para todos sus miembros en el canon 751 del Código de Derecho Canónico, y lo tipifica como un “delito” para aquellos que, en un acto de profunda honestidad, deciden cambiar de religión o no tener ninguna. Es más, pueden ser pasibles de una sanción por dejar esa religión.

Pero sería una ingenuidad total pensar que la violencia religiosa se reduce sólo a lo físico, a las muertes de civiles. Sus tentáculos se extienden a lo simbólico, psicológico, económico e institucional. Y la política (y no pocos políticos), sirven para legitimarlos.

2. “La religión lo emponzoña todo”

Las muertes, la alevosía y la sangre derramada en Francia, son efectos de la relación tóxica entre política y religión, pero no se agotan en ellas.

Actos de violencia religiosa – simbólica y psicológica - los vemos todos los días, dentro de las religiones, o fuera de ellas convalidados por la clase política. Un ejemplo puntual lo encontramos en la violación de derechos humanos de las mujeres dentro de los monoteísmos. Violencia de género aprobada no sólo por leyes religiosas sino por la legislación y actos estatales.

Que la religión lo emponzoñe todo – según Hitchens – se puede observar en numerosos escenarios: los sistemas de relación Estado/iglesias; el ejercicio de la libertad religiosa y sus límites; la igualdad religiosa institucional; los modelos sociales que pretenden imponer las religiones a través de leyes estatales; la composición religiosa de la sociedad e invisibilidad de los derechos de las minorías religiosas; el financiamiento económico de las religiones; el respeto a los derechos humanos en el plano interno de los credos; la simbología religiosa en dependencias y espacios públicos. Escenarios donde política y religión pueden entrar en cortocircuito, o en una alianza prebendaria y discriminatoria. Este último es el caso del catolicismo romano, cuya jerarquía vive en condición parasitaria en no pocos estados.

La ponzoña religiosa se observa más nítidamente en aquellos grupos que utilizan los diversos niveles de poder estatal buscando mitigar – cual vampiros - su insaciable sed de poder. En Argentina no pocos cuadros religiosos, infiltrados en el Estado, siguen buscando “recristianizar” la sociedad en una suerte de cruzada para imponer su “dictadura celestial”.

3. “¿Es la religión enemiga de la civilización?”

Es lo que preguntaba hace seis años el filósofo italiano Gianni Vattimo al ver cómo el papa católico de turno pretendía imponer a los estados laicos su ideología totalitaria.

Los genocidas Videla y Pinochet defendían la “civilización occidental y cristiana”; George W. Bush luchaba contra el “eje del mal”; los ayatolas y papas católicos romanos pretenden imponer sus leyes religiosas a toda la sociedad, violentando conciencias, invadiendo intimidades de los ciudadanos y ciudadanas; Bin Laden mataba a miles de personas derribando rascacielos. Todos “en nombre de Dios”.

Jugando un rol político al que no están llamadas, generando conflictos en todos los escenarios sociales y culturales; tolerando entre sus filas a grupos terroristas (financiados por potencias mundiales) e integristas; o más miserablemente, como lo hace el catolicismo romano, aliándose con dictaduras sangrientas, o convirtiéndose en factores de poder obstaculizando el progreso social “por causa del Reino”, difícilmente puedan sacarse el mote de “opio del pueblo”, como le gustaba calificarlas Marx.

Y si fuésemos más allá, se podría observar que el “derecho divino”, fundamento de los sistemas jurídicos religiosos del islam, cristianismo y judaísmo, legitimación última de ellos, posee un núcleo duro de extrema violencia.

“Hasta ahora la religión siempre había sobrevivido a las religiones”, decía Georg Simmel. En pleno siglo XXI siguen matando, los cuerpos, las conciencias, el espíritu con “ataques benditos” que seguirán repitiéndose, mediante atentados terroristas, violencia de género, discriminación a grupos identitarios sexuales, cercenamiento de las libertades de decisión, expresión y elección, en nombre del criminal dios monoteísta y avalados por la pusilánime y cínica clase política.

Notas

(1) “El Estado Islámico reivindicó en un comunicado los atentados en París”, en http://www.infobae.com/2015/11/14/1769696-el-estado-islamico-reivindico-un-comunicado-los-atentados-paris

(2) Hitchens, Christopher, dios no es bueno, 1º ed., Bs. As., Debate, 2008, p. 32 y ss.

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Opiniones (3)
15 de diciembre de 2017 | 16:19
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15 de diciembre de 2017 | 16:19
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  1. Es verdad tu religión mata, tu religión lo emponzoña todo y tu religión es enemiga de la civilización. Todo lo que decís sale de tu cerebro y está dentro tuyo, no afuera.
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  2. Como siempre, brillante!. Una frivolidad: La fotito del copete está mejor que la anterior, luce más relajado.
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  3. Sr Lombardi, presumo que usted debe haber tenido un incidente muy conflictivo con algun cura cuando niño pero bueno.... no cree usted que es algo antojadizo incluir a la iglesia catolica a la que tanto odia dentro de los culpables del ataque parisino solo por ser una religion y segun usted, ser estas el cancer del mundo ?
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