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El ballotage

Después de la elección con seguridad tendremos un cambio, porque así es la democracia.

El ballotage

El ballotage o doble vuelta es un sistema de elección que por primera vez los argentinos pondremos en práctica. Nuestro país tiene una tradición de elección indirecta de los primeros mandatarios. 

La Asamblea del año XIII, como el Congreso Constituyente de Tucumán designaron a los Directores Supremos (como nuestros actuales presidentes) por medio de los representantes de las Provincias. 

Los Directores Supremos también eran elegidos por voto de los diputados presentes. Así fue como tuvimos a Posadas, Carlos María de Alvear, Pueyrredón y José Rondeau. En 1826 el Congreso General de la República designó, después de sancionar la Ley de Presidencia, a Don Bernardino Rivadavia, nuestro primer Presidente, elegido por los legisladores. 

La Constitución de 1853 implantó el Colegio Electoral, una copia del mecanismo que hasta hoy tiene la Constitución de Estados Unidos. El pueblo no elegía en forma directa a sus presidentes, elegía electores, quienes conformaban el Colegio Electoral. Esto hicimos aquellos que votamos en 1983 (Alfonsín) y en 1989 (Menem). 

Cada Provincia tenía un cupo de electores, y esto tenía un sentido. Allá en 1853 el sistema de electores significó quitarle poder a la Provincia de Buenos Aires, porque por este sistema el interior sumaba muchos más electores que "el puerto". 

No nos olvidemos de nuestras luchas entre el interior y el puerto. Este era el verdadero sentido de la elección indirecta y no la que nos querían vender de que era porque no se confiaba en el voto popular, levantando banderas para la elección directa. 

Con el actual sistema, las Provincias cedieron su poder a la Provincia de Buenos Aires, y hoy todo se resuelve con los votos de ese distrito. Todos los presidentes que se sucedieron desde 1853 (Urquiza) hasta 1946 (Perón), fueron electos en Colegios Electorales. 

La reforma constitucional de 1949 introdujo la elección directa del Presidente y se eliminó el Colegio Electoral. La Revolución Libertadora del 55 dejó sin efecto la reforma, y las elecciones del 58 (Frondizi) y del 63 (Illia) se hicieron con Colegio Electoral. Por 1852, allá en Francia, Napoleón III aplicó el sistema denominado “ballotage”, sistema que luego se expandió por Europa. 

El gobierno de facto del General Lanusse (1972) por un decreto-ley modificó la Constitución de 1853 introduciendo la “doble vuelta”. El 11 de marzo de 1973 Héctor Cámpora triunfó con una mayoría tal que hizo que Ricardo Balbín desistiera de ir al ballotage. Ese mismo año ante la renuncia de Cámpora, tenemos una nueva elección donde la fórmula Perón-Perón triunfa por abrumadora mayoría. 

En 1983 volvimos al Colegio Electoral, pero en 1994, Pacto de Olivos mediante, se reforma la Constitución y se implanta el “ballotage argentino”, como siempre haciendo algo distinto y marcando diferencias. Este mecanismo rebuscado y complicado de entender para muchos es el que llevó a que recién en la elección de 2003 se tuviera que poner en práctica, pero en esa ocasión el binomio Menem-Romero declinó a favor de Kirchner-Scioli. 

La Constitución de 1994 rigió las elecciones que tuvieron lugar desde entonces: 1995, 1999, 2003, 2007 y 2011. De todos esos comicios, el único que arrojó un claro escenario de ballotage fue el del 27 de Abril de 2003, cuando la Alianza Frente por la Lealtad (Menem - Romero) obtuvo el 24% y la Alianza Frente para la Victoria (Kirchner - Scioli) logró el 22%. 

Menem desistió de presentarse, por lo que Néstor Kirchner fue proclamado presidente. Después de esta presidencia le siguieron las elecciones donde la actual Presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) triunfó sin necesidad de recurrir a la doble vuelta. 

El 22 de noviembre los argentinos debemos elegir entre una de las dos fórmulas más votadas, Scioli-Zannini o Macri-Michetti, también tenemos la opción del voto en blanco. Este hecho no debe darnos temor, es parte de la democracia, los temores son parte de la anti-democracia. Tenemos el derecho y la obligación de votar, y este acto no debe atemorizarnos. 

En otros tiempos el temor nos llevó a perder la libertad y así fue como llegaron los gobiernos de facto. Ni el peor de los escenarios nos debe tentar por la pérdida de la libertad. 

El único camino para luchar por la libertad es EJERCERLA. No debemos olvidar que tenemos una triste historia de pérdida de las libertades, muchas veces provocadas por el miedo y casi siempre motivadas en lo económico. 

La “Enfermedad Argentina“ de estar pendientes del dólar, llevó a muchos a golpear la puerta de los cuarteles. Toda la atención se prestaba a la situación económica, para la cual tampoco nos hemos destacado en ser los mejores administradores. 

Así fue como toda la atención la pusimos en lo económico, en la estabilidad, en el libre juego de la oferta y la demanda, en las reglas del mercado, y durante ese tiempo nos olvidamos de otros derechos, ya que no todo pasa por la economía, aunque votábamos con el bolsillo. 

Nadie puede negar el avance que en los últimos años hemos tenido en muchos derechos (derechos del paciente, de la mujer, derecho a la muerte digna, a la identidad, derechos de los menores, de los discapacitados, de los adultos mayores…. Y muchos más). 

Sin dudas, Argentina hoy está entre las naciones más avanzadas en la protección de los derechos humanos, esto es un hecho indiscutible. Frente a nosotros parece que la alternativa está entre la estabilidad económica y la perdida de los derechos o seguir como estamos sin perder los derechos. 

Creo que cualquiera sea el resultado, tendremos cambios, cada candidato tiene una impronta personal distinta a la que tiene la actual Presidenta. Después de la elección con seguridad tendremos un cambio, PORQUE ASÍ ES LA DEMOCRACIA. En lo que no deberíamos caer es en el votar EN CONTRA DE… sino siempre votar A FAVOR DE …. y el domingo 22 tenemos dos opciones de votar A FAVOR DE …. Si entendemos que el 22 vamos a votar A FAVOR DE…. debemos tener en cuenta que uno de los candidatos está más cerca de aquellas teorías o doctrinas que privilegian la estabilidad y el mercado y otro de los candidatos asumiría con todo un compromiso de sostener las políticas que privilegian los derechos humanos y el de las tantas minorías que componen nuestra sociedad. 

Ni uno ni el otro dejará de atender lo que no le es propio, pero sin dudas que a la hora de decidir una impronta pesará más en uno o en otro dependiendo de quién elijamos. Lo que parece es que nuestro país y nosotros estamos madurando hacia una democracia más adulta, más cerca de los planteos que en otras sociedades se realiza. 

Así como en Estados Unidos tenemos Demócratas y Republicanos, Conservadores y Laboristas en el Reino Unido, parece que Argentina va tras este tipo de alternativa. Siendo así, nuestro voto podrá cambiar en uno u otro sentido, pero debemos ser conscientes de cómo inclinaremos la balanza, y que dentro de 4 años podemos volver a elegir. 

No nos olvidemos de que ya votamos legisladores y gobernadores, que el Congreso ya tiene distribuidas sus fuerzas, la casa de las leyes es nuestro refugio, solo nos queda elegir a quien debe conducir esta Nación en este sistema Republicano.


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19 de agosto de 2017 | 06:40
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