opinión

Por ahora no hay temor en los mercados

El periodista Carlos Abel Suárez pone en foco el proceso electoral.

Por ahora no hay temor en los mercados
 Las elecciones argentinas de este domingo son por muchos motivos singulares. Diría que inéditas en los 32 años de la vuelta al Estado de Derecho luego de la dictadura militar. Su principal característica es que, de acuerdo al resultado previsible, no constituyen una amenaza para los grupos económicos que han sacado la mejor tajada de la gran expansión económica (2002-2009) y del estancamiento de estos últimos cuatro años. También porque la mayor parte de la ciudadanía ha soportado la más aburrida campaña electoral que se recuerde, con candidatos que dicen muy poco y prometen el oro y el moro. Y además porque casi nada cambió en las preferencias de los electores en relación con las primarias abiertas (PASO) de agosto pasado.

Las PASO, por consiguiente, han cumplido plenamente con su objetivo de ser un dispositivo de ingeniería electoral para garantizar la supervivencia de los aparatos electorales y degradar la vida política y democrática de los partidos y por lo tanto de la sociedad.

El oficialismo gastó toda la pólvora en Daniel Scioli, el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, con el propósito de ganar en primera vuelta, mediante la triquiñuela ideada por Carlos Menem al reformar la Constitución en 1994, donde triunfa la fórmula que suma más del 40 por ciento de los votos, siempre que exista una diferencia de 10 puntos con el segundo. Ninguna encuesta confirma categóricamente este escenario, pero todas lo indican como “casi” probable. Cara o seca.

El segundo lugar es para la coalición que encabeza Mauricio Macri, jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que ha conseguido estabilizar una fuerza política de centro derecha, gobernando el distrito durante los últimos 8 años, pero que pudo desplegarse nacionalmente gracias al apoyo de la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica, liderada por Elisa Carrió.

Sergio Massa, que fuera la estrella en las elecciones parlamentarias de 2013, quedó esmerilado a un tercer lugar, según las consultoras de opinión. De acuerdo a éstas también es el candidato que más propuestas concretas formuló durante la campaña y quien mostró a su gabinete como garantía de su pragmatismo: el varias veces gobernador y veterano del peronismo de Córdoba, José Manuel de la Sota, y a Roberto Lavagna, quien fuera el elegido por Eduardo Duhalde para pilotear la crisis del 2001 y luego continuó como ministro de Economía de Néstor Kirchner hasta 2007.

Estos tres han sido los principales actores de este acto comicial. Todos nacieron a la vida política con Menem, han sido sus discípulos, según lo dice el propio actual senador por La Rioja que ahora milita en las filas del kirchnerismo y nadie puede desmentirlo. Se podrían escribir varias páginas con dichos de cada uno de ellos sobre los años 90 y la política de Menem y Domingo Cavallo. Todavía más: Scioli y Macri, son muy parecidos, amigos que han compartido asaditos y picaditos de papi fútbol dominical.

Frente a los posibles cambios en la coyuntura, el establishment (nacional y transnacional) organiza una suerte de asamblea, el coloquio de IDEAS, cuya 51º reunión, bajo el lema “Tiempo de acordar y hacer”, se realizó en Mar del Plata a mediados de octubre. Allí tomaron examen a todos los candidatos y a todos economistas, con algún papel en el próximo gobierno, exceptuando a los del Frente de Izquierda (FIT) y al candidato testimonial de la provincia de San Luis, el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá.

Los tres que encabezan las preferencias electorales fueron aprobados. Sin embargo, Scioli - como favorito de la carrera - salió del coloquio de IDEAS con la luz verde de los principales grupos económicos del país, según trascendió. Allí afirmó: “Les quiero garantizar que vamos a encarar todos los instrumentos fiscales, financieros, para que todos se puedan largar a sembrar, a producir, para tener una rentabilidad acorde”.

Igual grado de levedad económica y política caracterizaron a Macri y a Massa. No hubo definiciones, ni siquiera diagnósticos serios, sobre la política industrial, agropecuaria, energía, transportes, tipo de cambio, medio ambiente, inflación, pobreza, etc., etc. Sólo frases de circunstancia y promesas en el aire.

En la instancia de no ganar Scioli este domingo, la segunda vuelta se dirime el 22 de noviembre. Habrá otra breve campaña, donde es probable que tengan que soltar la lengua, al mismo tiempo negociar con los que quedaron en el camino. La clave estará en cómo se reparten los votos de Massa (alrededor del 20 por ciento de acuerdo a las muestras), que podrían definir el triunfo - con el 50 por ciento más un voto - de Scioli o de Macri.

La sociedad argentina está viviendo los últimos días de una burbuja, que estallará de alguna forma. Esta certeza es la que ha intentado ocultar el libreto diseñado por los asesores de imagen de los candidatos con mayor chance. Cuatro años de estancamiento económico, con una inflación del 25 por ciento anual, con precios de alimentos de la canasta básica que han superado el 1.000 por ciento desde 2003, la industria no creció en los últimos 25 meses, ninguna expectativa de aumento del empleo en el sector privado, 12 millones de pobres y un cambio del ciclo de la economía mundial, con caída de la demanda y los precios de los productos primarios que explican gran parte de la burbuja de la economía argentina, no es una foto sobre la que quieran hablar los candidatos. El actual equipo económico se la pasó en ring haciendo fintas, aferrándose a la mentiras de las estadísticas oficiales, funcionales al “modelo” desde que fue intervenido el INDEC en 2007, aplicando por momentos una receta ortodoxa, es decir de ajuste moderado, para contener la inflación, al tiempo que tapaba los agujeros y bombeaba para mantener la nave a flote y llegar al próximo 10 de diciembre. Durante la gestión de Kicillof el peso de devaluó un 61 por ciento, pero sigue retrasado frente a los precios internos y no alcanzó a ponerse a la par con Brasil ni oxigenar a las aplastadas economías regionales. “Esto que está pasando es un disparate político”, denunció el diputado Claudio Lozano, dirigente de la CTA opositora, al discutir el proyecto de Presupuesto para el año próximo enviado al Congreso por el Ejecutivo. Agregó Lozano que “2 billones de pesos en gastos pasaron por fuera del Congreso entre 2003 y 2014, que significa entre el 20 y el 30% del gasto total”. Por cierto, esta manía de ocultar y falsear información, no es costumbre sólo de los K, ya lo hizo Domingo Cavallo con los datos de la pobreza, durante el gobierno de Menem, y por hacer lo mismo, fue denunciado el ministro Roberto Lavagna – que hoy acompaña a Massa - en agosto 2004 por Rubén Lo Vuolo. (ver Jugar con la confusión, Página 12 08/08/2004). Ahora Axel Kicillof repite la misma escena, que bien caracterizó Rolando Astarita en Pobreza K y el yelmo de niebla.

Las recetas que se manejan para salir de la crisis son conocidas; lo que discuten, tanto los economistas vinculados a Massa, Macri o Scioli, es si el ajuste podrá ser pausado o con tratamiento de shock. Con la picardía, que no tienen los candidatos y que bien define a Hugo Moyano, el líder de la CGT opositora, está promoviendo la unificación con los hasta ahora oficialistas. El lema de Moyano es: “hay que unirse porque de cualquier manera vamos a tener un presidente pelotudo”. Lo que como sabemos - y sabe Moyano - es peor que un malo.

La Caja de Pandora que se abrirá el 10 de diciembre es importante, no va a lanzarnos al 2001, seguramente, pero en la política argentina pasan cosas extrañas. El país de 2016, estructuralmente no cambió, en algunos aspectos ha retrocedido. Depende, como ya se ha dicho en numerosos trabajos publicados en Sin Permiso, casi exclusivamente de la exportación del poroto de soja. La economía se concentró y se extranjerizó. La matriz industrial sigue siendo dependiente de las importaciones. Ninguno de los tres mejor ubicados en la carrera presidencial se propone discutir la actual estructura productiva, cuestionar la minería a cielo abierto, molestar a la Barrick y a Monsanto, importantes aliados del kirchnerismo, ni a las petroleras, que generosamente subsidian los argentinos, único gobierno en el mundo, que les reconoce 77 dólares por barril, mientras el precio del Brent oscila en los 40 dólares. Los subsidios al sector energético son alucinantes, que no son precisamente ayuda social. Cuando se pregunta sobre estos temas se escucha un gran silencio o un juego de palabras. Sin embargo, coinciden en que hay que endeudarse para que el ajuste, con devaluación en la mochila, sea menos doloroso.

El lugar de la izquierda

El Frente de Izquierda (FIT) podría repetir un número similar de votos a los alcanzados en las PASO, de acuerdo a las encuestas, lo que significaría una consolidación de la fuerza, particularmente en Salta, Mendoza, provincia de Buenos Aires y Córdoba. La campaña del FIT giró en torno a la necesidad de aumentar la representación parlamentaria para enfrentar el ajuste que se viene. Junto al compromiso de acompañar las luchas sindicales y sociales. Ciertamente es la única corriente que se manifiesta anticapitalista, aunque sus coincidencias programáticas no van más lejos, hacia la construcción de una mayoría social y política que pueda constituirse en una alternativa de poder.

Por su parte, el centro izquierda, que sustenta la candidatura de Margarita Stolbizer, no llegó a restaurar la implosión causada por la fuga de Carrió y de gran parte de los radicales hacia las filas de Macri. En el camino, quedaron las figuras de Fernando “Pino” Solanas, y del ex gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, cuyo partido estuvo a un tris de perder el gobierno provincial. Muy lejos de ese casi 17 por ciento de los votos, que lo ubicó en el tercer puesto de las elecciones nacionales de 2011, ahora las encuestadoras no le dan más del 4 por ciento.

No obstante, el mayor peligro para saber los verdaderos votos del FIT o de Stolbizer está en la fuerza que dispongan para fiscalizar las mesas de votación. Con una ingeniería electoral obsoleta y diseñada para burlar la voluntad popular, retornaron fantasmas de los años 30. Las pasadas elecciones en Tucumán, prendieron la luz de emergencia, plantearon serias dudas, numerosas irregularidades comprobadas, donde la ley permite instalar la confusión con 250 boletas colectoras, millones de pesos en gastos inútiles de papel. Triquiñuelas de todo tipo, elecciones escalonadas a gusto y conveniencia de los sátrapas locales, hacen del sufragio universal una payasada. Imposible la transparencia, específicamente para las agrupaciones que no cuentan con los medios materiales de un control sofisticado.

En la calle no se tiene la misma sensación que en el coloquio de IDEA. Notable que esta campaña electoral no haya puesto – como ha sucedido otras veces - un paréntesis o en pausa a los conflictos sociales. A pocas horas de las elecciones una fuerte represión se desató contra los vecinos de la localidad sanjuanina de Jáchal, golpeadas y detenidas varias mujeres que protestaban por los graves daños ambientales provocados por la fuga de más de un millón de litros de solución de cianuro de la mina Veladero, que explota la transnacional Barrick Gold en la cordillera de Los Andes. Proclamados futuros ministros de Scioli, el gobernador de San Juan, José Luis Gioja y su hermano César, senador nacional, son socios y defensores a toda costa de la Barrick, que ha contaminado los ríos y diques de la provincia. Una verdadera tragedia ambiental.

El 19 de octubre murió en el Chaco el dirigente piquetero Ángel Verón, internado en grave estado en un hospital de la zona, luego de ser brutalmente golpeado por la policía en la represión por un corte de la ruta 11 a mediados de septiembre. Uno más en la larga lista de las víctimas de la represión y criminalización de la protesta social en esta última década.

Con ser estos, los casos más notorios, no son sido los únicos conflictos. El caos del tránsito en el centro de Buenos Aires durante varios días de la semana pasada, fueron una muestra de la conflictividad y de protestas múltiples, de sectores sociales que van desde los cartoneros a los médicos, ya sea contra el gobierno de Cristina o el del Scioli, en la provincia, o contra la gestión de Macri en la Ciudad.

El voto de los intelectuales K

Ya habrá tiempo para hacer un balance de los 12 años del kirchnerismo, pero es curioso el fenómeno de los intelectuales nac&pop frente a esta elección. El director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, uno de los intelectuales K más abierto al debate plural, acaba de expresar que votan “con la cara larga” y “desgarrados”. Dicho así, en plural, pienso que refleja la opinión de miles de los suyos. En realidad, Cristina se aseguró para su hijo y para los principales dirigentes de su propio aparato cargos legislativos, nacionales y provinciales. Sin embargo, muchos de los intelectuales que la acompañaron en estos años quedarán a la intemperie en un futuro gobierno de Scioli. El fenómeno curioso es el del “acatamiento”, el de la incapacidad de independencia crítica. Y no es para nada cierto como dicen algunas leyendas que eso viene del peronismo. Porque hasta en los días de gloria de Perón existieron quienes lo cuestionaron, ni hablar de los 70 cuando lo enfrentaron con violencia. Esta incondicionalidad de hoy viene de un estalinismo tardío, a lo Ceaucescu. Una perversa contaminación en la diáspora del peronismo y que puede ir más allá del peronismo. Recordemos el apoyo del PC, contra viento y marea, a la candidatura de Herminio Iglesias en 1983. 

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