opinión

La miseria de la clase política

El autor de la columna fija atención en la crisis de representatividad.

La miseria de la clase política

Estos días de veda electoral sirven en términos políticos para reflexionar en torno a la miseria. Sobre todo a la miseria de los aparatos partidocraticos. No hablo de miseria como pobreza social sino como estrechez espiritual de la clase política. Estos días sirven para apreciar-observar la mezquindad y el egoísmo en toda su brutal-bestial anchura. La partidocracia expone -entre otras cosas- la miserabilidad de su propia aparatología.

Si alguna vez creamos los partidos políticos con el afán de depositar en ellos nuestras mas legítimas aspiraciones y sueños, hoy esa representatividad, atraviesa por momentos una profunda-aguda crisis.

En su mayoría los partidos solo responden al clientelismo empresarial o político. El pueblo no forma parte del paradigma-pragmático de la clase política. Ni la derecha ni la izquierda, escapan a esta crisis. Ni los que suman mas ni los que suman menos. En estos días vemos como el concepto de pueblo -muchas veces- en el discurso político, termina por ser una alusión vacua carente de significado y significante.

Estos síntomas sociales nos ponen a nosotros mismos en entredicho, nos cuestionan como sociedad y nos obligan a una reflexión mucho mas profunda aun.

¿Como cuidar la democracia de la partidocracia?

Sin duda la democracia es nuestro bien social más preciado y su cuidado debe ser uno de los principios constituyentes de la sociedad en si misma. Pero que pasa cuando la partidocracia -en casi toda su anchura- la degrada. Que pasa cuando quienes deberían cuidar ese bien social lo degradan sirviendo intereses expureos. Que ocurre cuando la partidocracia nos somete a la agenda del anti-pueblo.

La articulación tripartita del estado -poder legislativo- poder ejecutivo- poder judicial- tiene como propósito velar por los superiores intereses sociales. Pero que sucede cuando estos mismos poderes son atravesados-invadidos por la agenda del anti-pueblo. ¿Y ellos mismos dejan de representarnos? El aparato funciona pero estamos solos.

¿Quienes nos representan cuando los partidos dejan de representarnos?

Lo que suele sucede cuando las representaciones sociales entran en crisis, es que ese lugar vacante -que deberían ocupar los representantes sociales- es sustituido. Reemplazado. Y muchas veces esa sustitución encierra mas de un peligro, la historia nos da un sin números de ejemplos, que van desde el militarismo golpista a la seudo-democracia neoliberal.

Las crisis de representatividad social suelen ser el campo más fértil para el poder corporativo económico, que ve en dichas crisis la oportunidad de instalar en el seno social, su propia agenda. Incluido el corporativismo mediático, vocero de ese poder.

Cuando la partidocracia nos traiciona como grupo social, toda la sociedad se degrada.

Fortalecer las organizaciones sociales. Hacernos cargos para hacerlos cargo.

Sin duda la única salida es hacernos cargo como sociedad de estos cuestionamientos, y poner al poder político en entredicho, para poder hacerlos cargo también a ellos. Desarticular en el interior de la partidocracia sus resortes antidemocráticos. Es decir debemos obligar -como sociedad- al poder político a asumir como suyo este cuestionamiento. Y deben ser las propias organizaciones sociales- a través de los más democráticos y populares procedimientos- quienes los obliguen. La única manera de confrontar al poder político es fortalecer las organizaciones sociales.

Carlos Córdova.

PD1: Si la argentina post-2001 se caracterizo por una creciente ideologización de la sociedad, hoy es esa misma sociedad empoderada de si misma, quien le reclama al poder político nuevos compromisos y eleva el estándar. La sociedad plena de nuevos derechos espera del poder político un compromiso social mas profundo.

PD2: Es de uso corriente en la calle escuchar como los ciudadanos expresan -mas allá de sus particulares ideologías- su descreimiento de la política. Y lo peor es que este descreimiento no solo degrada al poder político sino que también expresa nuestra incapacidad social para generar un cambio. Vuelvo a decirlo. La única manera de confrontar al poder político es fortalecer las organizaciones sociales.

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23 de octubre de 2017 | 07:27
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