Economía

La principal dificultad para crecer en 2016 será más política que económica

La gran pregunta es si es posible crecer cuando al mismo tiempo hay que corregir precios relativos y encaminarse a una inflación decreciente.

Tal como preveíamos aquí el mes pasado el Fondo Monetario dio a conocer sus habituales estimaciones de crecimiento global y por países para 2015 y años siguientes que se muestran en el cuadro. Tal como preveíamos predominaron abrumadoramente los rojos. 

Entre las regiones o países más importantes sólo se salvaron área del euro y, llamativamente por haber padecido fuertes turbulencias financieras, China. La región más castigada fue LATAM, con rebajas de 1,2 puntos y única región que cae en 2015, y dentro de ella Brasil, con castigos de 2 puntos en sólo seis meses. Estimaciones y proyecciones del crecimiento del PIB Fuente: FMI, Perspectivas de la economía global, octubre 2014. Las revisiones respecto de abril de 2015 se destacan en rojo (recortes) o en azul (subas). 

La Argentina fue ascendida para 2015 y castigada para 2016. Argumentaré aquí que ambas estimaciones me parecen bastante erróneas. El panorama global es poco favorable, pero las principales evidencias indican que las cosas no empeorarán, y aun pueden mejorar lentamente. Los granos parecen haber detenido su caída y, en sintonía, el dólar está bajando; cuando se produzca, la suba de tasas de la Reserva Federal de EEUU será lenta; a China le sigue costando aumentar el consumo en desmedro de las exportaciones y la inversión, pero lo conseguirá. Como en 1999 y los años siguientes la principal amenaza para la Argentina es Brasil y no sólo por su economía sino también por su complejísima situación política. 

Volviendo a la Argentina, a contramano del FMI aquí subimos el pronóstico de aumento del PIB del 1,3% al 1,5%, el mismo valor pronosticado a fines del año pasado, y reducimos levemente, a 27%, el pronóstico de inflación. Esto no impedirá que la Argentina termine siendo uno de los países de peor desempeño en aumento del PIB entre 2011 y 2015 –por ejemplo, sólo peor que Venezuela y Brasil en América Latina- y el quinto en inflación para este año, detrás de Venezuela, Ucrania, Sudán del Sur y Yemen. Estos y otros indicios, tales como el déficit fiscal financiado con emisión monetaria, el retraso cambiario y el cepo, los subsidios a los servicios públicos por más del 4% del PIB, llevan a coincidir en la pesadez de la herencia que recibirá el próximo gobierno. Y tal parece la razón por la que el FMI pronostica una recesión en la Argentina para 2016. 

Contra esta fuerte corriente que ve inevitable un ajuste recesivo –no sólo el FMI, sino muchos otros que no se animan a decirlo- argumentaré aquí que existen políticas económicas capaces de hacer crecer significativamente a la Argentina en 2016 –hasta un 5%- y que las dificultades más importantes para lograrlo vienen más de la política que de la economía. Como señalamos en el último editorial las oportunidades siguen abiertas, en buena medida porque ha sido tan intensa la mala praxis de la política económica, especialmente desde 2011, que con sólo dejar de cometer errores que pocos países cometen el margen para mejorar es enorme. Ciertamente, las oportunidades de aquí en más no serán “a granel” –o sea, commodities con precios volando- sino más refinadas y endógenas: instituciones, buenas políticas tributarias, políticas sistémicas de competitividad y valor agregado, adecuada y plena inserción internacional. 

La gran pregunta es si es posible crecer cuando al mismo tiempo hay que corregir precios relativos y encaminarse a una inflación decreciente. Hay un antecedente valioso que es el de Chile a partir del restablecimiento de la democracia en 1990. Creciendo más de 6% anual logró bajar la inflación de 28% a menos del 10% en poco más de cuatro años. Aunque tuvo la ventaja de no tener que corregir el tipo de cambio y las tarifas públicas tanto como es necesario en la Argentina de hoy el ejemplo es relevante. 

Ante todo, debe darse prioridad a una estrategia de desarrollo sostenible generando amplias oportunidades de inversión en todos o casi todos los sectores de la economía. Para esto es vital la confianza que genere el gobierno en cuanto al cumplimiento de sus promesas para lograr, por ejemplo, que las empresas y los empresarios decidan invertir no sólo basados en los precios del hoy sino también en los precios esperados. Ocurre que crear las condiciones para invertir implica cambios que difícilmente puedan hacerse de un día para el otro. Algunos sí, por ejemplo eliminar los permisos previos para exportar y las retenciones a las exportaciones para todos los productos –regionales, industriales, agrícolas, ganaderos- menos los del complejo sojero. Otros no, por ejemplo eliminar de inmediato las restricciones para importar o los subsidios a la energía y los transportes, ni siquiera para los sectores pudiente. Pero hay algo que puede ayudar mucho y es, paradójicamente, la brecha cambiaria. Dado que casi seguramente se tenderá a la unificación del mercado de cambios y que el precio de convergencia se ubicará casi seguramente en un nivel intermedio entre el oficial y el informal, si se genera suficiente confianza puede haber una fuerte corriente vendedora de divisas que haga desaparecer en poco tiempo el “problema de reservas” artificialmente creado y esta entrada de capitales tendría un efecto de reactivación de la economía. 

Con reactivación y crecimiento, eliminación gradual de subsidios y de gastos innecesarios, mayores imposiciones al juego y a las rentas financieras más el impacto fiscal positivo de la devaluación el déficit fiscal se puede reducir a la mitad en tres años aun teniendo en cuenta la rebaja de las retenciones. Podría seguirse abundando largamente en argumentos demostrativos de la factibilidad de un crecimiento significativo de la economía a partir de 2016 (más allá del arrastre estadístico del 2015, que será positivo). Por eso creemos que las principales dificultades para crecer pueden venir más desde la política que desde la economía. En primer lugar porque el crecimiento dependerá mucho del resultado de las elecciones. Hemos visto que generar confianza es crucial y, por lo visto y oído hasta ahora, quien más puede lograrlo es Cambiemos pero sus chances de ganar en octubre o noviembre son menores. 

Por ahora seguimos pensando que con Macri la economía puede crecer 3% más que con Scioli. Sin embargo, los conflictos internos del Frente para la Victoria (Kicilloff contra Blejer o Fernández contra Scioli) sugieren que las verdaderas políticas de Scioli implicarían una mejora respecto de las actuales, pero también serían fuente de resistencias internas. Estas resistencias muestran la punta del hilo de la segunda dimensión de los límites que la política puede imponer al crecimiento de la economía, que es la de los conflictos internos, más bien ideológicos pero también con componentes reales. Unos y otros pueden conspirar contra una herramienta crucial para poder crecer a partir de 2016 cual es un plan de estabilización que requerirá necesariamente acuerdos de precios y salarios, como los aplicó aun Chile a partir de 1990. 

En un contexto político enrarecido por el conflicto estos acuerdos serán más difíciles de lograr. Por lo dicho pensamos que, desde la economía, las posibilidades de mejora de la Argentina son amplias a partir del 10 de diciembre próximo, pero también que las profundas grietas políticas e ideológicas determinan, como pocas veces en el pasado, que el resultado final dependerá mucho más de la política que de la

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16 de agosto de 2017 | 15:52
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