opinión

En otra sintonía

Una invitación a pensar en tiempo preelectoral.

En otra sintonía

 A pocos días de las elecciones para definir en manos de quién estará el destino de los argentinos, tiempo en el que muchos que no tienen pertenencia partidaria se debaten en a quién poner su voto de confianza, los candidatos compiten para adelantar quiénes serán sus ministros o cómo desacreditar al otro.

Triste realidad. La práctica democrática exige otras conductas que, quienes aspiran a gobernar, parecen no comprender. Discuten a ver quién es más corrupto y no cómo hacer para desterrar la corrupción; se atropellan con palabras des calificadoras viendo quién grita más fuerte, en vez de plantear propuestas concretas y cómo harán para llevarlas a cabo.

Se pasean por todos los programas televisivos mostrando su mejor sonrisa pero sin desnudar demasiado sus dientes, no sea cosa que pierdan un voto. Y si de votos se trata, cualquier ardid es bueno para tratar de convencer a un electorado en el que, en rigor de verdad, es en el que menos piensan. Sí, porque a ciudadano de a pie lo que le interesa es si tendrá trabajo; si lo tiene, qué pasará con su sueldo; si podrán o no acceder a una vivienda; si sus hijos tendrán un banco en la escuela, si la inflación seguirá comiendo sus bolsillos, por citar algunas "pequeñas" cosas.

Si del oficialismo se trata, entre cadenas nacionales e inauguraciones, reinauguraciones y anuncios que van desde un natatoria hasta lo inimaginable, nos atocigan con números y datos que no llegamos a procesar. Desde la oposición se hace otro tanto, marcando que no hay nada bien. Lo cierto es que los días transcurren y cada vez es mayor la virulencia de la pelea del voto a voto.

En una sociedad cada vez agresiva y poco tolerante, nada de esto es bueno para quienes defendemos al sistema democrático con uñas y dientes por lo que supimos conseguir, como dice nuestro himno nacional.

A la mayoría de los argentinos, más allá de la pertenencia partidaria, nos interesa vivir en libertad, en democracia, en convivencia civilizada, para no tener que arrepentirnos de criar a nuestros hijos entre insultos y agresiones. Lo común no debe convertirse en normal. Hay una gran diferencia.

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21 de agosto de 2017 | 06:04
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