opinión

El fin del chavismo

El autor analiza "¿el fin del chavismo según quién?".

El fin del chavismo

En nuestro análisis anterior[1] hemos planteado que la tesis del fin del ciclo progresista en América Latina es elaborada por sectores de la izquierda continental que, al menos desde hace unos años, no acompañan a los gobierno protagonistas de ese ciclo. Afirmamos que dicha hipótesis ha sido expuesta por analistas pertenecientes a organizaciones que han juzgado a los gobiernos sobre la base del cumplimiento o no de determinadas demandas, de determinados movimientos sociales, teniendo como telón de fondo una concepción de la transformación basada en la autonomía y la no toma del poder. En esta ocasión queremos acercamos al proceso venezolano a la luz de esta discusión.

¿El fin del chavismo según quién?

Antes del fallecimiento de Hugo Chávez algunos sectores de la izquierda venezolana habían tomado una distancia crítica respecto al proceso bolivariano, pero luego de que ésta sucediera se incrementó su número así como presencia en los espacios de opinión pública. Algunos de ellos empiezan a hablar del fin del chavismo, mientras que otros pretenden presentarse como un "chavismo crítico" que toma distancia del gobierno. Lo que caracteriza a ambos sectores es la ruptura con el gobierno y la intención abierta de formar espacios aparte, algunos con una clara intención electoral.

Desde hace un par de años se produce una aparente ruptura con el gobierno por parte de quienes hace mucho más tiempo han marcado distancia o nunca se han visto como parte del chavismo[2]. Estos grupos se han dedicado a evaluar el avance o no de la revolución bolivariana sobre la base de su capacidad para superar el esquema rentista de la economía, acusando al proyecto bolivariano de ser una continuación desarrollista basada en la explotación de los recursos naturales y la renta generada por el petróleo. En torno a este esquema se han agrupado los sectores más representativos del movimientismo a nivel nacional, teniendo como premisa la articulación de los movimientos sociales y la calificación del gobierno de Chávez de acuerdo a cómo responda a las demandas de éstos. En la mayoría de los casos han centrado sus exigencias alrededor de la problemática indígenas y la agenda ecologista[3].

Uno de los más representativo analistas de estos grupos es Roland Denis Boulton, quien recientemente declaró su adiós al chavismo[4], a pesar de llevar más de una década condenando el desenvolvimiento del gobierno. En sus diferentes publicaciones ha descrito el proyecto socialista llevado a cabo por Chávez como un desvío burocrático basado de la cooptación corporativa de los movimientos de izquierda por parte del Estado[5]. Desde el inicio de la Revolución Bolivariana se ha encargado de desarrollar tesis basadas en la capacidad de la multitud para construir una república sin Estado[6] lo cual lo acerca directamente a posiciones como las de Raúl Zibechi (con quien comparte espacios de opinión en portales informativos) y por supuesto a Antonio Negri.

En todo caso, si algo no se puede negar es que Denis Boulton ha sido coherente a lo largo de los años, desarrollando una perspectiva crítica cada vez más aguda sobre el gobierno primero de Chávez y ahora de Maduro, así como de la revolución bolivariana en general. En ese sentido, lo que llama la atención es el impacto mediático que produce su despedida y sentencia final del chavismo como si se tratara de una posición novedosa, o como ha sido vendido por los medios de la derecha, la crítica realizada por un militante del chavismo. Cuando un rastreo básico por sus artículos sencillamente demuestra que nunca se asumió como tal, al menos no desde hace más de diez años.

En general, estos sectores, que siempre han marcado distancia tanto con el gobierno, como con el proyecto de transformación propuesto por Hugo Chávez, hoy declaran como si se tratara de una ruptura reciente. Quienes desde hace tiempo han intentado construir, de manera recurrente, un movimiento alternativo al proyecto chavista, hoy aparecen haciendo apología de su fracaso o sentenciando su fin. Como hemos sostenido en relación a quienes diagnostican el fin del ciclo progresista en la región, estos movimientos y sus analistas están apostando a tener razón, simplemente para ratificar que sus diagnósticos anteriores han sido acertados.

La crisis venezolana. Una hipótesis en desarrollo.

La hegemonía a lo interno del gobierno fue sostenida históricamente por Hugo Chávez, en su condición de líder de la revolución bolivariana, en torno a él se articulaba la política y la gestión, sin estar exenta de contradicciones. A pesar de que muchas decisiones o intenciones expresadas por el comandante Chávez no se llevaban a cabo o se actuaba contrariamente a ellas, existía una orientación general en la gestión. La visión estratégica del Presidente y su liderazgo se tradujeron en una política social determinada, una política internacional específica y una visión económica orientada a la construcción de una sociedad no capitalista.

En conjunto con sus principales asesores creó un proyecto de país, que fue madurando con el tiempo y derivó en un proyecto de sociedad más allá del capitalismo. Este programa puede leerse en distintos documentos oficiales, algunos que fueron elaborados como propuestas ante una coyuntura electoral y otros pensados como un proyecto de gestión gubernamental correspondiente a toda una etapa. Así, han llegado a nosotros documentos, desde El libro azul al Plan de la patria, complementado por el legado contundente que fue expresado en el golpe de timón.

El proyecto logra ser hegemónico por la fuerza del liderazgo de Chávez y su capacidad estratégica, que le permiten articular dentro del gobierno a distintas corrientes, grupos con diferencias en la visión de país pero que terminan confluyendo en torno a su figura. Esos grupos siempre fueron de procedencias variadas y con distintos intereses, durante los primeros años de gobierno entre 1999 y 2001 algunos quedaron en evidencia, mientras que posteriormente su visibilidad fue menor. Sin embargo, esos sectores desarrollaron pugnas internas constantemente que no se hacían evidentes con frecuencia.

Una vez que Hugo Chávez fallece se produce una ruptura en esa unidad interna, la hegemonía del proyecto elaborado por el líder y expresado por un lado en el mencionado Plan de la patria y por otro en las directrices del golpe de timón se debilita considerablemente hasta llegar a la fractura. Se hace patente que hay diferencias en torno a las decisiones que se deben tomar como gobierno, así como la dirección que deben llevar las políticas, esto se evidencia a través de las declaraciones contradictorias entre miembros del gabinete, así como decisiones orientadas en sentidos diferentes.

Desde el inicio del gobierno del compañero Nicolás Maduro se han visibilizado las contradicciones entre las declaraciones y acciones del gabinete ejecutivo. Un ejemplo son las informaciones contradictorias sobre el destino de la política económica que trajeron claras diferencias entre Nelson Merentes[7] y Rafael Ramírez que supuso el remplazo de uno por otro, hasta que hoy en día quien aparentemente había salido se mantuvo al tiempo que Ramírez se encuentra apartado de las decisiones ejecutivas. Mientras, el Presidente de la República anuncia la necesidad de ajustar los precios de la gasolina[8], la urgencia de llevar a cabo una “revolución tributaria”[9] así como el desarrollo los controles en los precios, sin que ninguno de esos anuncios se traduzca en una política concreta y efectiva[10][11].

Desde esos momentos hasta ahora han sucedido cambios en las carteras encargadas de dirigir la economía nacional, quedando en manos de Rodolfo Marco Torres como ministro de Economía, Finanzas y Banca Pública, al mismo tiempo que presidente del Banco de Venezuela. Este importante funcionario ha anunciado recientemente el establecimiento de mesas de trabajo con las principales empresas financieras del mundo como JP Morgan[12], afirmando que los invitó a invertir en el país. Sin embargo, estas intenciones tampoco se han traducido en una política específica favorable a aperturas o agendas cercanas a una derechización de la política económica.

A su vez, a mediados de este año, un diario nacional publicaba una nota en la cual el comisionado presidencial para el Sistema de Empresas Recuperadas, Ocupadas, Nacionalizadas, Creadas y Aliadas (Ronca) sostenía que se debía estimular la participación de las inversión privada en ese sector con la finalidad de mejorar su funcionamiento[13], lo cual estaría en consonancia con las declaraciones más recientes de Marco Torres. Lo cierto, es que hasta la fecha esa idea tampoco se ha traducido en una política concreta dirigida desde el Estado.

El presidente Nicolás Maduro ha realizado varios llamados a radicalizar la revolución, lo cual supondría avanzar hacia un modelo donde se da una mayor participación de los trabajadores, así como el fortalecimiento de la participación popular a través de las comunas, esto sumado a la importancia de las políticas anunciadas el año pasado y que hemos recogido más arriba. Por otro lado, nos encontramos con las declaraciones de Marco Torres y otros personajes asociados al gabinete económico, que nos indicarían un camino distinto a este. Hasta la fecha no se han concretado políticas específicas en ninguno de los dos sentidos, más allá de la continuación de las que fueron encaminadas durante el gobierno de Chávez.

A nuestro juicio el juego está trancado a lo interno del gobierno nacional, ya que los distintos grupos que forman parte de éste se han enfrentado en temas neurálgicos como la orientación de la política económica. Esta ausencia de consenso produce un vacío en las decisiones, así como declaraciones discordantes entre estos representantes. Es la desaparición física de Chávez la que produce la disolución de hegemonía en el proyecto de gobierno, su ausencia produce que estos grupos entran en un enfrentamiento directo, sin que ninguno logre formar una hegemonía. De ese modo el vacío se perpetúa.

En muchos casos, analistas que critican al gobierno desde la izquierda lo ven como un bloque consolidado, que como tal desarrolla políticas específicas. Son estos mismos grupos los que han venido denunciando una derechización de la política económica, lo cual a nuestro juicio no se puede demostrar señalando políticas concretas de gobierno. Lo que hay es una ruptura del consenso, lo cual se expresa en la usencia de acciones específicas, expresándose los distintos intereses y sectores en la dirigencia política. Por supuesto, esta situación ha sido aprovechada por la derecha nacional en alianza con el imperialismo para intensificar sus estrategias y colapsar al país.

En varias ocasiones el presidente Maduro ha tomado decisiones para revertir otras que en su momento causaron importantes críticas y desacuerdos por parte de la base chavista. Una de ellas fue la paralización, luego de protestas, del proyecto de ley semillas que abría las puertas a los transgénicos[14], derivando en la creación de un proyecto surgido a través de la consulta directa con los movimientos sociales involucrados[15]. Luego de eso, el propio presidente intervino en el caso de la comuna El Maizal, que corría el riesgo de desaparecer producto de una decisión arbitraria por parte del Tribunal Supremo de Justicia, hasta que el jefe del gobierno ordenó estudiar el caso en detalle y tomar acciones[16]. Por último, recientemente fue derogado el decreto 1606 que promovía la apertura de nuevas minas para la explotación del carbón y que había movilizado a múltiples organizaciones en rechazo al mismo[17].

Esperamos que todo esto sirva para ilustrar que no existe una expresión homogénea del gobierno nacional, lo que llega a nosotros son indicaciones no del todo claras de los sectores que están en conflicto, ya que mientras algunos apuestan a un programa de aperturas económicas, otros escuchan reclamos populares y toman decisiones que reflejan el espíritu de Chávez. Las contradicciones se han hecho más presentes que nunca a partir de la muerte de su muerte, pero eso no quiere decir que dentro del gobierno no exista la intención de continuar su legado por parte de un sector que no es para nada irrelevante. Las organizaciones populares, el pueblo chavista en general debe saber identificar esas contradicciones y a quién debe apoyar para que se resuelvan a su favor inclinando la balanza en el sentido correcto.

*

Finalmente, el fin de un proceso de cambios no se decreta a partir de análisis ni se vislumbra a través de anuncios proféticos. El destino de nuestros pueblos nos pertenece y cuando las contradicciones se agudizan la salida no es tirar la toalla sino armarse de valor para continuar la lucha. El retorno al pasado no es una opción, ni la retirada una estrategia, hemos avanzado considerablemente durante la última década en nuestro país y nuestro continente, es la hora de reconocer los aliados fundamentales y apoyarlos para que logren vencer a todos aquellos que quieren echar por la borda lo alcanzado.

Opiniones (1)
16 de agosto de 2017 | 21:42
2
ERROR
16 de agosto de 2017 | 21:42
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Que dice de los Derechos Humanos? ¿De eso no se habla?
    1
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