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Voladora: un telefilm local que se estrella apenas despega

La película del artista plástico Gustavo Coppoletta deambula sin rumbo ni tono definido. Un guión fallido y una limitada factura técnica, conspiran contra una idea que pudo llegar a mejor fin.

Voladora: un telefilm local que se estrella apenas despega

El artista plástico Gustavo Coppoletta ha tenido un dificultoso y conflictivo paso por el mundo del cine. La suspensión del rodaje de El faldón, su ópera prima, generó una gran polémica allá hacia fines de 2009. Según Coppoletta, el film no se completó porque la gestión del INCAA con los proyectos del interior es vergonzosa.

Tras aquel primer paso inconcluso, y sin el apoyo del máximo organismo oficial relacionado con la producción audiovisual en la Argentina, el plástico se lanzó a una nueva aventura de manera independiente. El resultado es Voladora, una película que desde fines de 2012 intentó infructuosamente ingresar al circuito de exhibición en salas de cine, y que finalmente aterrizó en la pantalla local de El Siete el sábado a la medianoche. Con un esmerado trabajo de difusión por parte del grupo UNO Medios, que el año pasado estrenó el notable telefilm El Silencio, dirigido por Andrés Llugany; la propuesta de Coppoletta vio finalmente la luz, con una versión adaptada para televisión, con 10 minutos menos que el montaje previsto para la pantalla grande.

Voladora afiche


Inspirada en la vida de Carola Lorenzini, una mujer que rompió los paradigmas de una familia conservadora en los años '30, y se lanzó a concretar su gran sueño: pilotear un avión; Voladora también alude a la historia de Amelia Earhart, la aviadora estadounidense desaparecida en el océano Pacífico, que intentó el primer viaje aéreo alrededor del mundo. En la ficción estrenada el sábado, la actriz y modelo Ana Victoria De Vincentis hace su debut cinematográfico interpretando a Ana, la joven que se rebela contra el dictamen familiar de casarse y ser una buena ama de casa, para arrojarse a su desafiante viaje alado. 

El telefilm carretea con dificultad en unas primeras escenas que buscan dar con una lograda ambientación de los años '30, aunque sólo quedan en la intención. Con un tono que deambula entre el culebrón y un sketch de Capussoto, Ana confronta con su familia, grita que "no es virgen" y le confiesa a su hermana que es fruto de un amor clandestino de la madre de ambas con otro hombre. La protagonista porteña y los secundarios locales hacen lo que pueden en esta aparatosa introducción, y hasta logran salir airosos con un guión que no les hace justicia. La imagen en blanco y negro no alcanza para dar con el verosímil de los años '30. Los personajes no lucen como si estuvieran en aquella era, sino que se ven más bien forzados a recrear una ilusión retro. A los rasantes logros visuales, se suma un sonido con registro directo, que por momentos tiene demasiado ruido ambiente y dificulta la comprensión de los diálogos.

Pasado el momento de ruptura familiar, Ana emprende su vuelo en una suerte de cachalote, que uno supone fue concebido desde una premisa voluntariamente artificial. Aquí la película intenta unos pasajes más climáticos, reforzados en la inspirada música de Leo Mut y algunas logradas vistas aéreas. El problema es el exceso de post producción digital, con recurrentes nubes aceleradas y cóndores atravesando el cielo en busca de una poética simbiosis con la aviadora. Los momentos en los que aparece alguna paleta de color, parecen más caprichosos que narrativamente justificados.

Pfening de vincentis


Cuando todo relato deambula sobre una cornisa, a veces el amor llega como salvación. No en este caso. El romance prohibido entre Ana y un apuesto francés (un Guillermo Pfening con un imposible acento galo), cuya historia está basada en Henri Guillaumet, el piloto que se estrelló en las inmediaciones de la Laguna del Diamante, irrumpe y se desarrolla tan de los pelos como el resto de los acontecimientos que se intercalan en el film de Coppoletta. A esto se suma que cada vez que el investigador o algún policía, encargados de dar con el paradero de Ana, se presentan en el pueblo en que transcurre gran parte del film con el latiguillo: "Estamos buscando a una chica que anda en un avión negro", no sabemos si reír o sentir una pizca vergüenza ajena. 

En los últimos años, producciones locales como Road July, Algunos días sin música y La pasión de Verónica Videla, llegaron a los circuitos de salas en Mendoza y transitaron festivales nacionales e internacionales. En caso de estrenarse en nuestros cines, Voladora podría llamar la atención de todo espectador ávido de ver una historia que tiene escenarios tan bellos como los de alta montaña y el Valle de Uco. Desde el punto de vista cinematográfico, no representa ningún tipo de salto cualitativo con respecto a sus predecesoras, por lo que sólo contaría con el talismán promocional del "hecho en Mendoza".  Es sabido que el concepto de auto crítica es complejo para todo hacedor de un acontecimiento artístico que no logró desarrollarse en su forma más plena. El "archívese" encierra la sensación de despropósito, y el "publíquese" tiene a veces un dejo de inevitable sabor amargo.


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