opinión

El día que Scioli calló y otorgó

Un lugar vacío y una transmisión "pública" fuera de foco, las contradicciones que el modelo K supo conseguir.

El día que Scioli calló y otorgó

Sin dudas, el 4 de octubre de 2015 será recordado como el día de las paradojas y contradicciones que el Gobierno supo conseguir.

Es que, fue la fecha en que su candidato presidencial, Daniel Scioli (FpV), prefirió autoexcluirse y autosilenciarse contradiciendo absolutamente los pilares del modelo kirchnerista: inclusión y políticas para todos y todas.

El actual gobernador de Buenos Aires que aspira a suceder a la presidenta Cristina Fernández argumentó que no participaría del primer e histórico debate presidencial televisado, organizado a tres semanas de las elecciones Nacionales (25 de octubre), por considerar que ese tipo de exposiciones se presta para "agresiones" que no interesan a la ciudadanía en general.

Así, no sólo su atril quedó vacío sino también su discurso y sus propuestas. La ola naranja, probablemente, lo hizo subir y subir, impidiéndole allanarse y animarse al siempre valorado "dar la cara".

Además, curiosa y contradictoriamente, el debate no pudo verse a través de la Televisión Pública (que todos y todas sostenemos), cuya transmisión quedó "desenfocada" con el Fútbol para Todos, con la emisión de un partido Independiente-River.

De ese modo, el modelo K quedó confinado en una especie de realidad paralela que, presumiblemente, se traducirá en las encuestas venideras. 

Scioli prefirió callar frente a miles y miles de argentinos y argentinas que necesitaron, sino conocer al menos sí, "sacarle la ficha" a aquellos que pretenden tomar las riendas del país.

Por ese camino, el candidato del oficialismo fue tildado de "irrespetuoso" por quienes sí participaron del debate, quienes sí se animaron a dar la cara, quienes, claro está, le refregaron su ausencia y desplante.

Pasando al debate en sí mismo, hay que decir, primero que nada, que debería institucionalizarse como práctica de una democracia perfectible que ha devenido en delegativa más que en participativa. 

Luego, podría remarcarse que, si bien no permite conocer en profundidad a cada uno de los que aspiran a sentarse en el Sillón de Rivadavia, al menos es útil a los fines de poder advertir conceptos, ideas y propuestas concretas (o la falta de ellas).

Lejos de un análisis exhaustivo y pormenorizado de cada exposición, puede decirse que entre los participantes marcó tarjeta:

-el desmemoriado pero astuto, Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal): "Yo no gobierno San Luis", respondió en un momento atajándose ante una consulta incómoda de Stolbizer sobre por qué no se cumple en su provincia con la Ley de Protección Integral a las Mujeres;

-el que se sirvió de cuanto eslogan encontró, Mauricio Macri (PRO): prometió "paco cero en cinco años", "urbanizar todas las villas del país" y "en cien días vamos a entrar a los barrios más peligrosos"; entre otras frases publicitarias que deslizó al momento de plantear su plan sobre Seguridad;

-el que con cierta volatilidad se mostró más descriptivo de una realidad que propositivo, Sergio Massa (FR): "Ninguna democracia es completa cuando está manchada de corrupción", evaluó en el bloque dedicado a pensar cómo mejorar la calidad institucional.

-el que con inocencia juvenil intentó defender un ideal, Nicolás Del Caño (FIT): "Apoyamos la protesta social porque es un derecho que permite conquistar otros", le contestó a Massa a propósito de su interpelación por los "piquetes";

-y, por último, la que, a juicio de quien escribe, demostró contundencia y solvencia, Margarita Stolbizer (Progresistas): "No aceptemos el 'roba pero hace'. Los que roban son chorros y tienen que ir presos. (...) No vote por mí; vote pensando en sí mismo", fueron parte de las palabras que eligió en su minuto libre de expresión.

Pase lo que pase el próximo domingo de elecciones, el 4 de octubre de 2015 será recordado como ese día en que Scioli calló y otorgó frente a todos y a todas.

Opiniones (1)
16 de agosto de 2017 | 21:39
2
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16 de agosto de 2017 | 21:39
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  1. Excelente nota. Scioli mostró el valor de su palabra ("No firmo porque mi palabra vale y voy a debatir") lo escuché decir. Y la confusión de partido gobernante y Estado. Si no va el candidato oficial (o casi) el canal estatal (u oficial) NO lo transmite. Una verguenza, inaugurar un quiosquito en Berazategui o bailar como si padeciera un ataque de epilepsia amerita una cadena nacional. Un debate de candidatos, NO.
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