opinión

Debatir en la zona de confort

Exponer ideas desde la comodidad puede dejar impresiones muy variadas.

Pasó el primer debate presidencial de la historia argentina y nos dejó algunas reflexiones. Los cinco candidatos a presidente para estas elecciones tuvieron la oportunidad no solo de exponer los principales enunciados de sus campañas, sino que también tenían el espacio para intercambiar conceptos y realizar preguntas incisivas a los demás, para demostrar su capacidad política de diálogo y debate.

En líneas generales, los candidatos optaron por un perfil discreto y centrado en sus discursos, algo que es sumamente positivo y habla de una maduración política, al menos entre los sectores opositores. Esto también les permitió desarrollar mejor sus ideas sin dar trascendencia a las chicanas que podrían haber recibido, las cuales hubo pocas y casi nada.

Sin embargo, el principal punto débil fue la floja oratoria. Aunque el ambiente era más propicio para la disertación que un acto militante, los candidatos no fueron demasiado convincentes en trasmitir sus conceptos a través de sus tonos de voz. Salvo en contadas excepciones, la mayoría protagonizadas por Margarita Stolbizer, los presidenciables estuvieron algo faltos de carácter.

Nicolás Del Caño, el único exponente de la izquierda clásica, mantuvo fiel su discurso ideológico pero no logró destacarse entre sus rivales. Sin demasiado peso en sus respuestas e incluso ambivalente en algunas ocasiones (como en el caso de la educación en Cuba), el diputado por Mendoza se diluyó al finalizar el debate y no alcanzó a ostentar el protagonismo que se esperaba, dada sus anteriores alocuciones combativas.

Otro que no logró convencer a la audiencia fue el puntano Adolfo Rodríguez Saá. Similar a Del Caño en cuanto a la rigurosidad en su discurso, no se permitió exponer contrapuntos con el resto e incluso evadió algunas respuestas, como la que le hizo Stolbizer con respecto al tratamiento de la violencia de género en San Luis.

Distinto fue el rendimiento de Stolbizer, la candidata de Progresistas. Sólida en sus argumentos, no se le notó ni una mueca de nerviosismo ante las preguntas de sus rivales, se mostró suelta e incluso incisiva y convincente. Su discurso en la exposición sobre seguridad fue el momento más destacable del debate, porque logró romper la chatez oratoria que imperaba hasta ese momento.

En cuanto a los dos principales candidatos, Mauricio Macri (Cambiemos) y Sergio Massa (UNA), hubo coincidencias y diferencias. Llamativamente (o no), ambos optaron por la no confrontación y obedecieron a una estrategia de “no agresión” que, con matices, extendieron hacia el resto de los candidatos. Además respetaron opiniones y tuvieron un trato afable entre sí.

De todos modos, Macri se mostró algo más seguro en su discurso que Massa, quien a su vez dejó caer su impronta de "tercero" en la contienda electoral y su oratoria osciló entre una argumentación sólida en sus ideas y una superficialidad algo tosca en algunos pasajes discursivos, rozando casi la demagogia. Mientras que el líder del PRO demostró que la estrategia "somos todos amigos y rivales" sirvió para dejarlo como una figura conciliadora, en pos de asegurar su segundo lugar obtenido en las PASO.

Caso aparte lo de Daniel Scioli: su ausencia en el debate fue tan significativa como su potencial presencia. Seguramente, si el candidato del oficialismo hubiese ocupado el atril que permaneció vacío durante el debate, la dinámica habría sido, al menos, un poco distinta. Habrá que esperar si su estrategia, que sin dudas así lo fue, tuvo los resultados esperados entre los votantes.

En resumen, los candidatos prefirieron quedarse en sus zonas de confort y no escaparse demasiado de lo enunciado durante la campaña, primando la ideología sobre las propuestas concretas. Faltaron algunas cuestiones trascendentes, como la explicación de los mecanismos de implementación de políticas públicas (si proponés urbanizar 2,4 millones de lotes, ¿cómo obtendrás los recursos?, por ejemplo) y el anuncio de los nombres de potenciales ministros, tal como pidieron los moderadores.

Si la falta fue por tiempo, los asesores de los candidatos deberán trabajar en ello: no poder desarrollar una oratoria concisa en dos minutos habla de una falla discursiva. Trasmitir ideas en concreto en un corto lapso de tiempo es clave en este tipo de exposiciones.

Claridad, trasparencia, elocuencia, seguridad y vitalidad son conceptos claves que, consciente o no, la ciudadanía reclama a los candidatos. El debate demostró que, si bien vamos por buen camino, aún falta para llegar a los objetivos.


Opiniones (1)
22 de agosto de 2017 | 01:00
2
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22 de agosto de 2017 | 01:00
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  1. UN EMBOLE!!! Y PARA COLMO PURA DEMAGOGIA!!!
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