opinión

Leonidas Donskis

Filosofo, sociólogo, político contemporáneo (Lithuania,1962).

Leonidas Donskis

 Vivimos en una época de obsesión por el poder

Entre el miedo y la indiferencia

Nos hemos acostumbrado a considerar al ser humano como una mera unidad estadística. El poder de compra de sociedad y la capacidad para consumir se han convertido en criterios cruciales para evaluar el grado de idoneidad de un país a la hora de ingresar el “club del poder internacional”.

La nuestra es una era de temor. Cultivamos una cultura del temor progresivamente más poderosa y global. Nuestra era exhibicionista, con su fijación en el sensacionalismo barato, los escándalos políticos, los reality shows televisivos y otra forma de autoexposición a cambio de fama y atención pública, aprecia el pánico moral y los escenarios apocalípticos en un grado incomparablemente mayor a los planteamientos equilibrados, la leve ironía o la modestia.

El temor alimenta el odio y el odio alimenta al temor. El temor habla en el lenguaje de la incertidumbre, la inseguridad y la inquietud.

La miedocracia es un sistema de gobierno basado en los temores que aquejan a las sociedades abiertas (Popper).

El miedo siempre es una fuerza poderosa, nace de la inseguridad, del temor a perder espacios propios. En general, apela a las emociones. En el tema que nos ocupa, “Asustar a las masas” es una estrategia de cierta forma de poder.

“Pero la utilización persistente del miedo por parte de los políticos, como sistema de movilizar simpatías y reclamar adhesiones, parece indicar que nuestros líderes contemplan un país constituido por un inmenso gentío de ciudadanos asustados, sólo dispuestos a prestar su apoyo para defenderse del mal que los acecha” (Juan Luis Cebrián. El País.2.008).

Las amenazas en los discursos son las expresiones más acabadas de la intencionalidad del poder que no se ejerce, sino que se compra, a costa de menospreciar el juicio crítico de los ciudadanos.

La pérdida de la sensibilidad política y moral en la modernidad se da a través de dos fenómenos vigentes: la lealtad y la traición. El prototipo del héroe es el que Ernest Gellner llamó “hombre modular” esto es, adaptable a cualquier lugar. La intercambiabilidad de roles sin conciencia de lealtad, sin culpa, ni arrepentimiento.

En un mudo de vínculos humanos intermitentes de palabras, votos y promesas inflados, la deslealtad no sorprende. Cuando la fidelidad deja de estar en el centro de nuestra personalidad y ya no es una fuerza que integra la identidad de un ser humano, entonces la traición pasa a ser una “norma” y una virtud situacional. Al parecer , la traición se ha convertido en virtud y norma de la política contemporánea, efímera y situacional.

Donskis utiliza otra metáfora para caracterizar esta situación del hombre actual, una metáfora aun más fuerte que la del “hombre modular”, se trata de Don Juan, en la ópera de Mozart Don Giovanni, escrita por el libretista Lorenzo Da Ponte. Don Giovanni canta “Chi son´io tu non saprai” y estas palabras revelan la identidad del hombre manipulador moderno, porque en él, el sentido del gozo y la felicitad es el cambio, la variabilidad, el engaño. No sólo el sexo sin sentimientos, la intimidad física sin amor, estar juntos con la sensación de un vínculo frágil, es el desencuentro que sólo genera vacío espiritual.

Así , Donskis se cuestiona bajo qué forma o figura acabaremos por encontrarnos con el Convidado de Piedra de Don Giovanni. Quizás se presentará como esas figuras que regresan, figuras de las que nos reímos abiertamente en esta época global de juventud y culto al cuerpo joven: la vejez, la soledad y el olvido.

Curiosa paradoja del hombre contemporáneo manipulador y, a la vez manipulado por las redes, los servicios de inteligencia que son realizaciones actuales en las que pierde su privacidad y va justificando el debilitamiento de su propia identidad. Vigilar y castigar (Foulcault).

Qué enorme, necesaria y urgente responsabilidad nos cabe a los políticos, educadores, familias, en general a los ciudadanos de hoy: restaurar la confiabilidad y la lealtad , en el sistema político, en la educación, en los valores de amor y respeto en las familias, en las amistades duraderas con carácter de verdadero encuentro, en las comunicaciones personales, el valor del esfuerzo y la palabra.

No nos transformemos en los Convidados de piedra de esta sociedad distópica.

Por: Elia Ana Bianchi Zizzias. zizziaseducar@gmail.com

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