opinión

La política del hijo único en China

Cuaro consideraciones demográficas.

La política del hijo único en China

 Ahora que parece que la economía china se desmorona, todos nos hemos preguntadoqué pasará en los mercados y cuál será el efecto en el resto de países. Sin duda nos afectará de algún modo, pero también cabe planteárselo desde otro punto de vista: el demográfico.

El último informe de población de Naciones Unidas pronostica varios fenómenos demográficos mundiales. Uno de ellos, y que ha recibido gran cobertura en los titulares periodísticos, es que para 2022 se espera que China deje de ser el país más poblado del mundo. Ante esta situación, que en realidad lleva pronosticándose desde hace algunos años, las autoridades chinas han empezado a plantearse una completa relajación de la famosa política del hijo único (PHU), ya llevada a cabo para una selecta parte de su población sin demasiada efectividad.

De los 6 hijos por mujer a la política del hijo único

Antes de abordar las consecuencias de la PHU resulta ineludible hacer un breve repaso de su origen y fundamento. Antes de nada pueden leer una breve y no terciada historia de las políticas de planificación familiar (china aquí y aquí por ejemplo) en especial de la PHU. A grandes rasgos la historia es como sigue. Al comienzo de su revolución, Mao Tse Tung creía que si el país quería dar el “Gran Salto Adelante” era necesario aumentar la población: más personas, más crecimiento económico. Ahora bien, el censo de 1953 reveló que China tenía una población de casi 600 millones de habitantes, lo que para algunos se tradujo en una alarma malthusiana: es necesario controlar el crecimiento de la población. Desde entonces y hasta finales de los años 70 se implementaron tímidas políticas con las que se promovió el matrimonio tardío y las virtudes de la una prole poco numerosa, sobre todo en las zonas urbanas. En 1978, ya sin Mao, la población se aproximaba a los mil millones y se estimaba que la media delíndice sintético de fecundidad, o número medio de hijos por mujer, alcanzó los 6 hijos por mujer durante el período 1950-1970, bajando radicalmente a 3 ya en el quinquenio 1975-1980, es decir, antes de la PHU (véase gráfico 1).

Gráfico 1. Ratio de sexo al nacimiento y número medio de hijos por mujer en China. 1950-1955 a 2010-2015.

Grafico china

Ante esa situación en principio insostenible económica, social y medioambientalmente China decidió que era momento de estatalizar la planificación familiar e impuso la PHU para la etnia Han, que representaba alrededor del 85-90% de la población. Con el objetivo de garantizar el futuro de la nación sólo se podía tener un hijo o hija y la edad de matrimonio no podía ser menor de 22 (varones) y 20 (mujeres). Aquellas parejas que no la cumplieran tendrían severas penalizaciones económicas y administrativas, generalmente inasumibles, así como el deshonor hacia el país. En el siglo XXI ha habido una leve relajación de la política, y desde 2011 se permite tener dos hijos si ambos progenitores son hijos únicos, y en 2013 a las parejas en las que al menos al menos uno de los progenitores fuera hijo único.

Cuatro consideraciones sobre los efectos de la política de hijo único

Las consecuencias y evaluaciones de la PHU son muchas y de naturaleza muy variada, y dan para un libro, otro libro y otro libro más, por poner tres de riguroso análisis, y para mil papers de diversas tendencias y áreas de conocimiento. Como en todas las políticas de planificación familiar subyacen elementos ideológicos y valorativos generalmente tendenciosos. Con este artículo me gustaría poner un poco de orden objetivo sobre los efectos puramente demográficos sobre la población de la PHU, que se pueden sintetizar en cuatro puntos.

  1. La población ha seguido creciendo (aunque a menor ritmo)

En primer lugar, es bien sabido que la población china ha seguido creciendo a pesar de esta política, aunque eso sí, a un ritmo necesariamente mucho más reducido. La población es de unos 1400 millones de habitantes, cifra que se proyecta se estabilice o disminuya desde 2025. El número medio de hijos por mujer se estima actualmente en 1.5, por debajo del nivel de reemplazo. Los cálculos oficiales indican que con la PHU han dejado de nacer 400 millones de personas, si bien algunos demógrafos serioscreen que hay una fuerte sobrestimación.

  1. Han aparecido desequilibrios de género como consecuencia no prevista

En segundo lugar, la preferencia por el hijo varón ha desnaturalizado el ratio de masculinidad al nacimiento, es decir, el número de varones nacidos por cada 100 mujeres. La constante biológica se sitúa en 105-107. Antes de la PHU, Naciones Unidas estimaba que este ratio era de 107, una cibra que comenzó a subir desde 1980. En 2013, según datos oficiales del National Bureau of Statistics de China, esta cifra alcanzó los 118 varones por 100 mujeres (gráfico 1). De esta poco equilibrada discriminación de género se desprenden dos graves consecuencias. Primero, se ha producido un excedente de unos 40 millones de varones chinos, varones que no van a poder encontrar pareja femenina de su misma nacionalidad porque no las hay. Segundo, durante todo el período de aplicación de la PHU se ha producido una fuerte presión social y política hacia el aborto y la esterilización, y un probable infanticidio femenino selectivo, a pesar de las políticas para que los médicos no desvelen el sexo del feto.

  1. Se han acentuado las diferencias territoriales y sociales

En tercer lugar, la aplicación de la PHU ha sido desigual en el territorio. Se pueden establecer dos ejes que se superponen: el urbano-rural y el costero (Sur-Este)-interior (Norte–Oeste). La presión del hijo único ha sido más débil en las zonas rurales desde su propia promulgación, y es en esas provincias donde tradicionalmente ha habido mayor pobreza, menos industrialización, menos educación, mayor presencia de minorías étnicas y un mayor control de las autoridades locales, que han tenido cierta libertad de aplicación de la PHU. En este artículo se desgranan esas diferencias, con unos resultados que muestran las enormes desigualdades territoriales de China, ya conocidas en términos socioeconómicos, pero menos tratadas desde la demografía.

  1. La población ha envejecido y la tasa de dependencia ha aumentado

En cuarto lugar, al ya evidente efecto de que hay menos niños se suma el aumento de la esperanza de vida de la población china y el baby-boom de los años 60 y 70, tres fenómenos que en términos demográficos se han dado a una gran velocidad. Consecuencia: rápido envejecimiento de la población (gráfico 2). El World Population Prospects 2015 de Naciones Unidas refleja que un 16.8% de la población china tiene más de 60 años y en 2050 se prevé que ascienda a un amenazante 45.4%. ¿Qué está acompañando a este envejecimiento, producto directo de la PHU? Una disminución radical de la población activa y, consecuentemente, un incremento de la tasa de dependencia, que mide el ratio entre activos y no activos. En otras palabras: habrá más personas mayores, menos jóvenes y menos trabajadores.

Gráfico 2. Pirámides de población de China en 1950, 2015, 2050 y 2100. (Millones de personas)

La línea punteada indica el exceso de población masculina o femenina en cada grupo de edad.

Grafico china 2

Fuente: World Population Prospects, Naciones Unidas (2015)

Estos cuatro puntos reflejan cuatro hechos demográficos que han generado unos efectos sociales (y los económicos asociados) que probablemente las autoridades chinas tienen (o deberían tener) ya sobre la mesa. Entre ellas, el aumento de la desigualdad social y la desigualdad territorial, la posible inestabilidad social, el cambio en las políticas migratorias o la consideración de la edad de jubilación. Pero también, obviamente, el cuidado del cada vez más numeroso colectivo de mayores, la sostenibilidad de unos incipientes estado de bienestar y seguridad social, las diferencias culturales entre generaciones o los nuevos modelos de familia. Además, como planteaba al principio, la efectividad poblacional de una relajación de la política del hijo único constituyen temas que ya son de actualidad tanto para China como para el resto del mundo, que no puede dejar de observar con atención cualquier paso que dé el gigante asiático. Más ahora, con esta crisis naciente, de la que las autoridades chinas pueden sacar que necesitan más gente, más mano de obra, más niños. Dese luego la China de 2015 no se parece en casi nada a la de 1979.

(*) Juan Manuel García

estudió estadística y sociología. Para no ser infiel a ninguna, se doctoró en una mezcla de ambas, acabando así como especialista en la demografía de las personas mayores.  Su columna fue publicada en

Politikon.es

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