opinión

La batalla de los tenedores

En un mundo hiperconectado, ¿cómo admitir que un tercio de la comida se desperdicie?

 La batalla de los tenedores

Imaginate una parrilla con tres costillares, o tres tortas de chocolate, o tres fuentes de ensalada de frutas. Y ahora imaginate tirar uno de cada serie a la basura. Sin piedad: un costillar, una torta, una fuente de ensalada de frutas. 

¿Dolió? No es un solo un juego retorcido. Es la realidad: un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se desperdician. Lo dice la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO, por su sigla en inglés). Cada año, 1300 millones de toneladas de comida se pierden antes de consumirse, en algún punto de la cadena de producción y distribución. Muchísimo más que un costillar o una torta.

El país que más desperdicia es Estados Unidos, con unos 115 kilos de comida por año por habitante (¡más de tres kilos por persona por día!). La región donde más se cuida el alimento es el sudeste asiático; se pierden unos 11 kilos. En Argentina estamos en el medio: desperdiciamos 38 kilos de comida por persona por año, el 12,5% de lo que se produce. En la ciudad de Buenos Aires, se calcula que tiramos 670 toneladas de comida por día. Demasiado.

¿Por qué agujeros se pierde la comida? Algunos alimentos se aplastan durante su transporte; quizás no se arruinen, pero pierden valor como mercancía y muchos vendedores minoristas deciden descartarlos. Otros se ponen viejos en el punto de venta y sufren la misma suerte. Finalmente, otros tantos son descartados después de la compra, sea por particulares (el clásico olvidarse un alimento en el fondo de la heladera) o por restaurantes u organizadoras de eventos, que producen más cantidad de comida de la que sus clientes requieren.

En un mundo geolocalizado donde a cada vez más cosas se les cuelga el rótulo de “inteligentes”, este desperdicio de comida es un insulto a la humanidad. El hambre ya no es un problema de escasez de alimentos, sino de mala distribución. Con mucha menos prensa que Ayland Kurdi, el chico sirio ahogado en la costa de Turquía, esta semana murió en el Chaco Oscar Sánchez, que a los 14 años pesaba solo 11 kilos. Aunque su desnutrición no dependiera de cuánta comida tiren los restaurantes, empuja a abrir los ojos y buscar la manera de distribuir mejor los bienes.

Es un clásico desafío para la economía colaborativa: cómo unir excedentes con necesidades, cómo aprovechar mejor los recursos con creatividad y buen manejo de la información. Por suerte hay mucha gente en todo el mundo tratando de que la comida llegue a destino. En Buenos Aires, Proyecto Plato Lleno trabaja para convertir las sobras de eventos y fiestas en banquetes para comedores solidarios. Desde mayo de 2013, este equipo de voluntarios conecta a donantes de comida con espacios que reciben donaciones, y pone el cuerpo para trasladar los alimentos. El operativo debe ser rápido: apenas termina el evento, hay que empaquetar rápido las sobras (se calcula que son al menos el 5% de lo producido) y llevarlo al comedor receptor más cercano, para preservar la cadena de frío. Su grito de guerra es #lacomidanosetira.

En todas partes hay casamientos o fiestas, y también gente que necesita la comida”, sostiene Paula Martino, una de las fundadoras de la iniciativa. “Por eso este modelo es totalmente replicable”: Ya hay organizaciones similares en Córdoba y en Perú.

Otra iniciativa anti derroche son las Disco Sopas, que se presentan como “eventos festivos y gastronómicos de protesta contra el despilfarro de alimentos”. Nacieron en Alemania en 2012 y se extendieron rápidamente a Francia y el resto de Europa; pronto pasaron al resto del mundo y desde noviembre pasado se celebran también aquí, gracias al grupo de voluntariosDisco Sopa Argentina. Son encuentros colaborativos en los que se “rescatan” verduras o frutas descartadas de la venta por tener mal aspecto y se las cocina (y come) de manera colectiva, bailando al ritmo de un dj o incluso con música en vivo. La logística empieza unos días antes del evento, hablando con verduleros y mercados para pedirles que guarden la verdura “fea pero rica”, aquella que por alguna imperfección se elimina de la venta. Después, en la Disco Sopa, se organizan estaciones de trabajo; lavado, pelado, cortado, cocina. Lo primero es descartar las partes de los alimentos que efectivamente estén arruinadas y salvar el resto, que se convertirá en sopas, jugos, ensaladas y lo que la imaginación dicte. Idealmente, cada discosopero llega munido de pelapapas, cuchillo o tabla de cortar; todos son a la vez cocineros y comensales. La sopa, por supuesto, es gratis; su intención es ser un botón de muestra del enorme volumen de comida desperdiciada cada día.

Las Disco Sopas son un formato abierto y completamente replicable, contutoriales a disposición de quien quiera organizar una. Casi cada fin de semana se celebra una en algún lugar del mundo; en Buenos Aires ya se hicieron tresdesde noviembre pasado, en la Pulpería Quilapán, en San Telmo. Para probar de qué se trata, lo mejor es participar de la cuarta Disco Sopa porteña, este domingo 13 de septiembre en el espacio Pim Pam Pum, Colegiales, de 11 a 16. Habrá música en vivo, micrófono abierto para artistas y rica comida vegetariana y gratuita, de todos y para todos. Pelapapas bienvenidos. 

Fuente: Télam

Opiniones (1)
21 de noviembre de 2017 | 23:59
2
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21 de noviembre de 2017 | 23:59
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  1. Dice la autora: "...con unos 115 kilos de comida por año por habitante (¡más de tres kilos por persona por día!)" La cuenta NO ME DA. Si cada americano desperdicia 3 kilos por día, en el año, habrá desperdiciado unos 1095 kilogramos! ¿Y si revisáramos antes de publicar?
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