opinión

El sismo, el derrame y Uspallata Protegida: El futuro llegó hace rato

Cada réplica en los movimientos de la tierra repercute en el mundo humano.

El sismo, el derrame y Uspallata Protegida: El futuro llegó hace rato

En esos minutos interminables en los que se movió todo, con un sismo de 7,1 grados en escala de Richter, lo primero que pensé fue: menos mal que no tenemos un caño como el de la Barrick o un dique de colas en las nacientes del río Mendoza a la altura de Uspallata ¿no? gracias a la ley 7722, y al pueblo mendocino, lo vivimos sin más miedo que el usual ante un temblor. ¿Se imaginan lo que sería tener que vivir con esa espada de Damocles permanentemente sobre nuestras cabezas? Tantos años de evitar que las megamineras cometan la estupidez de mezclar toneladas de cianuro con el agua, y dejarlas depositadas a perpetuidad en una zona sísmica, rindieron sus frutos en ese suspiro de alivio, en la enormidad de la palabra GRACIAS.

Cada réplica en los movimientos de la tierra repercute en el mundo humano: es hora de terminar con esa mentira de un crecimiento infinito en un planeta finito, de poner fin a la era de contaminar a cualquier costo sólo para que unos pocos se hagan asquerosamente ricos, a costa de la desgracia y de la sed de los pueblos. Y es hora de dar también un paso más allá, y exigirles a los responsables políticos que se decidan de una buena vez: urge tomar la decisión histórica de proteger toda la cuenca del río Mendoza, de la que, oh casualidad, la única zona que ha quedado desprotegida es el Área Uspallata-Polvaredas, adivinen por qué…

El remezón operó un milagro: se movieron los anaqueles en los que el proyecto de ley dormía un sueño forzado por el lobby megaminero, y además reapareció el expediente misteriosamente extraviado, donde los uspallatícolas pedimos, firmamos y reafirmamos que queremos un Parque Uspallata-Polvaredas, justo allí donde otros sueñan dejar cráteres, escombreras y diques de colas. Y lo queremos con criterio de protección de la cuenca completa, es decir, en continuidad con los Parques Aconcagua, Cordón del Plata, Tupungato, el Monumento Natural Puente del Inca y la Reserva de Villavicencio, hasta el dique Potrerillos. Toditito el sistema hídrico, con sus glaciares, acuíferos, napas subterráneas, arroyos, ríos, humedales, para que nada altere el equilibrio que la naturaleza nos da. Este río tan generoso que, con apenas un caudal promedio de cincuenta metros cúbicos por segundo, él solito, abastece a más de un millón de habitantes del Gran Mendoza, riega más de 200 mil hectáreas cultivadas, se banca más de 8700 explotaciones agropecuarias, y sostiene el 4° polo industrial del país.

Con eso nada más ya tendríamos razones suficientes, a las que podemos añadir las económicas: poner en valor nuestro patrimonio histórico, natural y paisajístico para incrementar el turismo, otorgarle un valor agregado a toda la agroindustria del Oasis Norte, que podría certificar cada producto con la Denominación de Origen Protegido, e insertarlos en mercados más exigentes, sólo por el hecho de garantizar que todo ha sido regado con agua pura, proveniente de fuentes protegidas. O sea, teléfono para todas las Cámaras de Comercio, Turismo, y todos los pequeños y medianos productores: no permitan que maten a la gallina de los huevos de oro, a las actividades verdaderamente sostenibles, que se definen con la respuesta a una pregunta sencilla ¿podrían seguir viviendo de esto tus nietos? Equidad intergeneracional, que le dicen, ¿podrán seguir bebiendo agua pura tus tataranietos?

Frente al espejo tremendo, por lo cercano, del derrame de cianuro en Jáchal, el dictamen del procurador avanzó sobre un terreno antes inexplorado para casi todos los funcionarios públicos mendocinos: el terreno de la ética. Y es que no sólo se limita a fundamentar legalmente la constitucionalidad de la 7722, sino que añade una frase clave: “sería moralmente inaceptable privilegiar la utilidad económica sobre la integridad psicofísica del ser humano”. Ahora bien, la ley 7722 no basta para protegernos de las voladuras, los microderrumbes cotidianos en las napas subterráneas, y la contaminación de aire y agua, por los metales pesados y los drenajes ácidos de las escombreras, a los que pretende exponernos el proyecto biprovincial de los rusos. Y sería todo un gesto para con nuestros hermanos sanjuaninos, que ya demasiado tienen con lo que les está pasando, para que encima conviertan a Calingasta en un basurero tóxico. El ecosistema es uno sólo, y con el Área Protegida Uspallata-Polvaredas, les decimos: ningún valle nace para ser valle de lixiviación. Ni acá, ni en San Juan, ni en ninguna parte de la tierra.

Pánico y locura en Jáchal, parte II

Desde el domingo 13 en que ocurrió el vertido hasta la fecha, la estrategia de la Barrick, y del gobierno sanjuanino, apuesta a una sola cosa: la disolución. Del cianuro en el agua del Dique Cuesta del Viento, del problema en el tiempo, del sentido común de los sanjuaninos en un vértigo de datos ocultados, revelados, o dichos a medias. Luego del absurdo comunicado del caño roto por el temblorcito o el fresquete, de las irresponsables declaraciones del nopasanada de Gioja, del medio vasito de solución cianurada de Jaime Bergé, de los que decían que el agua no había llegado al río, y el Secretario de Gestión Ambiental y Control Minero Marcelo Ghiglione que afirmaba: “El material salió del valle de lixiviación y fue hacia el río Las Taguas, pero rápidamente se diluyó etc”, los datos revelados por el Informe Preliminar de la Barrick y demás fuentes son escalofriantes.

Los 15 mil litros que decía el mensajito de whatsapp, treparon hasta 224 mil litros de solución cianurada, es decir, quince veces más. Y eso que sólo están contabilizando lo que se derramó en 1 hora y 45 minutos, o sea, entre que se dieron cuenta, y lograron cerrar la válvula. Pero como no saben a ciencia cierta a qué hora empezó el derrame, en un lapso de 16 horas desde la última vez que chequearon la válvula, esa cantidad sólo nos da un piso que nos permite imaginar cuánto contaminan diariamente en una hora y tres cuartos.

La cronología revela un detalle crucial para una de las denuncias que apuntan directamente a Gioja y sus ministros: a las 15 horas del domingo se le avisó a la Gerencia de la Barrick, que minutos después le avisó al gobierno. ¿Por qué Gioja se puso en vocero de la empresa, en vez de tomar inmediatamente medidas para el resguardo de la población afectada? La primer medida concreta vino 3 días (¡tres días!) después, donde “José Luis es el nombre de la historia/ Gioja el apellido de San Juan”, les dice a las comunidades de El Chinguillo, Malimán y Angualasto que “eviten y/o limiten el consumo de agua proveniente del río Blanco”. Y encima ¡¡¡por twitter!!! Querríamos creer que todos o por lo menos la mayoría de los habitantes de esas comunidades han de tener una cuenta en twitter, pero está difícil…

Tanto como apurar el trago amargo del riesgo y el desamparo al que los sometió por tres largos días. Porque, en la proporción de cianuro que usan las megamineras, en cada litro de solución cianurada van 5 dosis letales (¿medio vasito?), que se diluyen en el caudal del río y de los diques, sí, pero cuyos efectos en el cuerpo del ser humano, combinados con los metales pesados, se bioacumulan.

Por los medios masivos de comunicación circulan otros sapos difíciles de tragar: “Las pruebas en muestras de agua revelan que no hay contaminación”, donde la jefa del departamento de Control de Calidad de Obras Sanitarias Sociedad del Estado, y otros organismos como Minería, afirman que en los ríos en cuestión “los valores de cianuro fueron igual a cero”. La pregunta inevitable, para cualquiera que tenga un poquito de ética, y de sentido común, es: ¿cero coma cuánto? Porque los valores máximos establecidos por la OMS para el cianuro en agua son de 0,07 mg/l, y ni hablar para la fauna, en especial los peces.

Le dije, me dijo

Dicen que el cianuro se evapora, y es cierto, pero no es que se vaya al espacio exterior o algo así: mientras está en estado gaseoso, se convierte en gas Zyklon B, el mismo que los nazis utilizaban en las cámaras de gas, que por cierto, todavía conservan vestigios. Después, el ácido cianhídrico vuelve a caer adonde lo lleven los vientos, como lluvia ácida. El que no se evapora, se filtra a las napas. El que no se filtra, permanece a perpetuidad en los diques de cola, a merced de los sismos. ¿Que se biodegrada? Puede ser, pero degradando a la vida a su paso. El que se mezcla con metales pesados, precipita y se vuelve aún más tóxico, cianuro de mercurio por ejemplo.

No hacía falta llegar a un “accidente” así para predecirlo: bastaba el sentido común, y la ciencia que está para predecir resultados. O el principio precautorio de las leyes ambientales, que dice que es mejor prevenir que tratar de remediar lo irremediable. No es necesario acumular más casos comprobados de contaminación megaminera, ya basta. Evité titular esto con algo así como crónica de una catástrofe anunciada, pero cuánto tiempo llevamos diciéndolo: el dique Ullúm ya está seco, y ahora, este desastre ambiental. Los analistas de Toronto y New York dicen que el accidente es consecuencia del Low Cost, es decir, del recorte presupuestario que todas las megamineras están haciendo por la caída del precio de los metales (y de los commodities en general). Porque los fondos de inversión están dejando de apostarle a las empresas contaminantes, por el cambio climático, la encíclica papal, hasta tienen crisis de CEOS. Aunque los dinosaurios de la tecnocracia no lo entiendan: es moralmente inaceptable poner el dinero, el oro, por encima de la integridad psicofísica de los seres humanos. Fin de una era, ya hay otra visión, otro paradigma, otra cabeza.

Cuántas veces los mendocinos ya hemos dicho que NO a la megaminería. En Uspallata, nuestra integridad psicofísica lleva años sufriendo la amenaza del proyecto San Jorge, las psicopateadas de la contaminación social: basta ya. No nos expongan a sufrirlo otra vez, y encima, en ruso. Ya hemos elegido cómo queremos vivir y desarrollarnos: a nuestro propio ritmo, en armonía con los ritmos de la naturaleza. Custodios del agua en las nacientes del río, queremos que a ustedes les llegue tan pura como la recibimos allá arriba. Para eso, queremos ya mismo el Área Natural Protegida Uspallata-Polvaredas, nuestro Parque, para nosotros y para todas las generaciones venideras. Porque el futuro llegó hace rato, y será para el buen vivir, en esta Casa Común cuidada por todos, para los territorios que permanezcan incontaminados.

Opiniones (2)
20 de octubre de 2017 | 14:03
3
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20 de octubre de 2017 | 14:03
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  1. excelente nota Eugenia Segura, yo también pienso "gracias pueblo mendocino por la 7722". A defenderla con uñas y dientes
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  2. si los promineros mendocinos se borran cuando tienen que dar la cara para un debate nomás, no me quiero ni imaginar lo que harían si tuvieran que dar la cara a la hora de la contaminación. ¿y los políticos que van a estar en el poder, qué dicen de esto? ¿y los promotores de la megaminería, con el verso de la maravilla del san juan minero? hay tanto grillo que aturde, muchachos: pónganse los pantalones y den la cara
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