opinión

Tucumán

El análisis crítico del integrante de Plataforma 2012.

Tucumán

 La sentencia de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo, de Tucumán, se conoció hace unas horas (puede verse en el sitio del CIJ, acá) y objeto de tremebundas descalificaciones por parte de juristas que cobran millones desde el oficialismo (que hablaron de "sedición" ¡¡¡), o de periodistas oficialistas, como don MW, acá.

La nota de Wainfeld plantea algunos puntos de interés, y me dirijo brevemente a ellos.

En lo personal, coincido en que uno quiere más y mejores fundamentos en una sentencia de este tipo (aunque hay un esfuerzo argumentativo que no me parece menor, centrado en la importancia de la soberanía popular, y el valor crucial del voto en democracia). Pero disiento en aspectos importantes de su posición.

MW comienza su artículo dejando de lado el análisis de la cuestión de competencia (y yo lo haré con él), para centrarse en los argumentos "de fondo," que resume en dos: la existencia de prácticas clientelares, y la presencia de acciones irregulares en torno al comicio. Sostiene que la sentencia peca de elitista/paternalista:

"Se autoerige en custodia de los sectores “desamparados” a cuyo voto le pasa por arriba. La categorización de “desamparados” no está escrita en ningún texto legal: es un arrebato ideológico, sintomático de las clases dominantes. La compasión –superioridad– niega la autonomía de los sujetos."

Afirma además que anular una elección debe ser algo excepcional, enmarcando la idea en un criterio general de no interferencia con la política:

Anular una elección es excepcional: requiere presupuestos de enorme dimensión. En líneas generales, los jueces deben preservar la validez de los actos de otros poderes y, en este caso, del pronunciamiento ciudadano.

De lo dicho por el autor, resistiría tales puntos (como en parte lo hice ya en mi post anterior sobre el tema). Básicamente entiendo que es falaz decir que es propio de "las clases dominantes" considerarse custodios del voto que los "desamparados" emiten (los Alperovich-Insfrán-Urtubey qué vendrían a ser?), y es erróneo agregar que lo que dicen los jueces (sobre la custodia a los "desamparados") no está escrito en ningún texto legal: los jueces son custodios del proceso democrático, y deben encargarse de controlarlo de modo estrictísimo. De ningún modo los jueces se erigen en custodios del buen resultado de la elección, lo cual sería obviamente inaceptable. Pero si dicen "hágase de nuevo" o "no voy a aceptar las prácticas de fraude que se convirtieron en reglas dominantes" afirman, antes que niegan, la voluntad popular. En el fallo, los jueces subrayan una y otra vez la superioridad incuestionable de la "voluntad soberana del pueblo". Entonces, es engañoso sugerir que los jueces -como parte de la "clase dominante"- van a anular las elecciones de "los negritos", como diría alguno, hasta que el pueblo vote bien, o sea conforme a los deseos de la clase dominante. No. El resultado puede ser cualquiera, el que el pueblo quiera, pero el proceso de la elección debe ser limpio, y el presupuesto es, y debe ser, que lo que tiende a ocurrir es lo contrario (fraude en masa, siempre). (No hace falta que agregue que los Alperovich y Manzur algo tienen que ver con la clase dominante expoliadora tucumana, y no pueden aparecen en cambio como los adalides del pueblo liberado).

Aquí aparecen entonces otros dos puntos, uno político y otro jurídico: primero, esta elección -me consta en lo personal, porque me lo han reconocido desde lo más alto de la dirigencia k, y subrayo- fue fraudulenta "en exceso" y de modo "torpe". Fraude tiende a haber siempre -en mayor o menor grado- en cada elección nacional y provincial, y aquí el fraude resultó notable, en todo caso, porque fue excesivo y burdo. Esa es la realidad. Entonces, estamos frente a un bastardeo de la voluntad popular, que no lo llevan a cabo los jueces, en este caso, cuando lo resisten. (E, insisto, el resultado de la elección siempre lo determinará el pueblo: se pretende, simplemente, que la elección sea lo más limpia posible, más allá de quién gane).

El tribunal hace un esfuerzo por enumerar las pruebas del fraude, que -no hay que negarlo- podría ser mucho mayor. No olvidemos, sin embargo, que tienen apoyo para decir lo dicho, incluyendo lo afirmado por el gran fiscal tucumano Gómez, que dio por probado el fraude, frente a la evidencia que conoció (no pasemos por encima a este antecedente, para mí también crucial, conociéndolo a Gómez, en su radical honestidad y su constante enfrentamiento contra "los poderosos de turno" -llámense empresarios mineros, políticos corruptos, etc.).

Pero además (y éste es el otro punto que me interesa mencionar), no es correcta la idea de que los jueces deban abstenerse de intervenir en relación con la política: ese juicio es dependiente de una concepción del control judicial repudiable, vinculada con la torpe, conservadora idea de las "cuestiones políticas no judiciales". No se trata de que los jueces intervengan sobre todo, cambiando los resultados de la política. Se trata de que intervengan sobre algunos casos, relacionados sobre todo con las condiciones del juego político, para que luego la ciudadanía decida el resultado del juego, democráticamente. Entonces: los jueces no deben interferir, como suelen hacerlo, sobre el contenido de la política, pero deben interferir mucho más (como no lo hacen, por razón de doctrinas como las que MW equivocadamente avala) de modo sistemático y con el escrutinio más estricto, sobre las reglas de juego del procedimiento democrático.

Ultimo punto: la democracia argentina, como la de tantos países occidentales -desde Estados Unidos a Alemania, pasando por Venezuela o Ecuador- está vaciada de contenido, capturada por elites, controlada por los poderosos del momento (empresarios y políticos hoy asociados). La ciudadanía, por eso, vive un sentido de expropiación y ajenidad políticas: otros deciden por ellos, a su nombre. Sabemos, nos consta, del modo en que el poder económico-político ha secuestrado al sistema democrático, y -muy en particular en países latinoamericanos- arrasado con los sistemas de control. Entonces: el presupuesto de control estricto sobre las reglas de juego debe ser mucho más intenso que siempre, excepcional, extraordinario. Insisto: demoler los abusos que dominan la escena, para asegurar que los contenidos de la política comiencen a estar en manos del pueblo y dejen estar, como hasta hoy, en manos de elites cada vez más corruptas y sobre todo peligrosas, dispuestas a cualquier cosa para poder seguir viajando en camello.

Opiniones (2)
24 de septiembre de 2017 | 02:20
3
ERROR
24 de septiembre de 2017 | 02:20
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Tremendamente lúcido. No es solamente porque el clientelismo es una constante de este gobierno y sus acólitos provincianos, es directamente fraude.
    2
  2. Como siempre Gargarella con un lucido analisis.
    1
En Imágenes
Finalistas del concurso 'El fotógrafo del año de la naturaleza salvaje'
20 de Septiembre de 2017
Finalistas del concurso 'El fotógrafo del año de la naturaleza salvaje'