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Apúntenle a Donald

"The Donald", el caso del precandidato Trump analizado a fondo.

Apúntenle a Donald

 Este lunes 7 de septiembre, Día del Trabajo en Estados Unidos, terminó formalmente la temporada veraniega y con ello comienza el año activo.

En septiembre empiezan las series que pararon por las vacaciones en mayo, la gente empieza a prepararse para las celebraciones y las compras del ultimo trimestre del año, la Noche de Brujas de octubre, que encadenara con el Día de Acción de Gracias en noviembre y que seguirá en Navidad y Año Nuevo. Septiembre marca el fin del verano y también de las modas efímeras que traen las vacaciones. Canciones que no dejan de escucharse en las radios súbitamente pasan al recuerdo. Libros que el New York Times destaca en su lista de best-sellers, desaparecen tan pronto la gente deja las playas. Pero a contramano de lo que esperaban (o ansiaban) los principales estrategas del Partido Republicano, una moda parece que no se va con el verano y llegó para quedarse, al menos hasta el próximo enero: Donald Trump.

Pero para analizar el fenómeno de "The Donald", como se lo llama aquí en Estados Unidos, hay que entender el contexto del Partido Republicano, que ha perdido las dos últimas elecciones presidenciales a contramano de un país que cambia social y demográficamente.

El proceso electoral de elección de candidatos comienza en enero en los estados de Iowa y New Hampshire. En la semana del 3 al 10 del primer mes del año, ambos estados concentran la atención del país por su capacidad de hacer o deshacer candidaturas. Por ejemplo, Harry Truman retiró su candidatura a la reelección tras perder en New Hampshire en 1952. Ambos estados (en Iowa es un "caucus", una elección indirecta de delgados, y en NH es abierta) determinan en buena medida si un candidato tiene posibilidades de seguir en carrera porque tras esos resultados las expectativas partidarias, mediáticas y, especialmente, de aportantes de dinero empieza definirse.

Pero "The Donald" escapa a la regla y por eso es visto con sumo recelo por los caciques republicanos.Trump puede financiar su campaña, su decisión de decir lo que muchos piensan pero callan (que, más allá del sabor racista de sus declaraciones contra los mexicanos, no hizo más que poner en blanco sobre negro lo que amplias franjas del electorado cree fervorosamente) le ha dado y le dará toda la prensa que necesite con lo que, gane o pierda, puede decidir seguir en competencia hasta que llegue a los estados del sur (South Carolina y Florida, a finales de enero), donde su discurso de ultraderecha tiene más eco que en los más moderados estados del norte.

Pero el problema no es solo ese.

La retórica "trumpista" está obligando a muchos candidatos a correrse más a la derecha para ganar el voto de la base republicana, indispensable para seguir en carrera en el superpoblado panorama de precandidatos republicanos. Pero ese viraje a posiciones más de derecha solo tiene por resultado enviar a los brazos de los demócratas a latinos usualmente conservadores y potenciales clientes del Partido Republicano, que sin embargo trazan la linea en el insulto y la xenofobia.

“Cualquier candidato que le permite a Trump dictar la conversación sobre la que basan su campaña, terminará irremediablemente dañado", advirtió esta semana Josh Holmes, un estratega republicano. Holmes sabe que no sólo los precandidatos se verán a la larga afectados sino el partido en general.

En 2012, tras perder por segunda vez ante Barack Obama, los republicanos llegaron a la conclusión de que su discurso antiinmigratorio, antigay y antiaborto les había costado vastos sectores que cada vez tienen más peso electoralmente hablando: las mujeres, los jóvenes, los latinos. Para colmo, el votante republicano tradicional está envejeciendo.

"Acompañar el realineamiento demográfico y social era la materia pendiente para el Partido Republicano para 2016. La idea era mostrar un partido mas inclusivo que, sin abandonar banderas antiabortistas, antihomsexueles y posiciones duras en cuestiones de inmigración, pudiera dejarlas en un plano menos prominente y a la vez incorporar elementos de un discurso más inclusivo en lo económico y social", dijo a gacetamercantil.com un asesor político con clientes en la numerosa comunidad de dirigentes cubano-americanos de Miami.

Pero la irrupción de Trump ha tirado por la borda, al menos por ahora, los planes iniciales y todo parece indicar que al menos hasta finales de enero deberán convivir con una personalidad que bien puede sellar la tercera derrota consecutiva de los republicanos para acceder a la Casa Blanca.

De ahí que en las próximas semanas, los ataques a Trump serán más fuertes, se buscará exponerlo como un elemento ajeno a los republicanos incluso acusándolo de liberal, el peor insulto de la política estadounidense, una etiqueta tan dañina como la de derechista en Argentina.

Así que, mientras los norteamericanos se preparan para disfrutar de las ofertas de fin de año y sufrir las primeras nevadas, "The Donald" deberá capear algunas tormentas teledirigidas.

No obstante, el hombre parece no conmoverse. Ha seguido al pie de la letra su estrategia y, lo que suena más ominoso, no ha prometido apoyar a quien gane la interna si él no resultase elegido. De ser así y si Trump decide ir como extrapartidario (a lo Ross Perot en 1992) el triunfo demócrata está asegurado.

Mientras los republicanos tratan de moderar los daños, desde la vereda de enfrente los demócratas, en especial Hillary Clinton, se relamen.

Aunque a ella tampoco le espera un camino a la Casa Blanca lleno de pétalos de rosas.

Pero eso es tema de otra nota.

* Periodista. Publicado originariamente aquí.

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19 de agosto de 2017 | 22:10
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