opinión

El derecho a la vida es constitucional

El premio Nobel argentino se manifiesta en defensa de la Ley 7722 y de todas sus leyes hermanas.

 La humanidad está frente a grandes desafíos, las tecnologías han cambiado el pensamiento y provocado la aceleración del tiempo, lo que incide en la vida de los pueblos. Los llamados países desarrollados, del Norte, explotan de diversas formas a los países del sur, dejándolos sometidos a sus intereses políticos y económicos. Lo trágico de todo esto es que los propios países del Sur - como es el caso de Argentina en su gran mayoría de dirigentes políticos y empresarios- están tan sometidos al colonialismo cultural que terminan repitiendo los mismos mecanismos del ‘sistema’, privilegiando a los grandes capitales trasnacionales y haciéndolos pasar por encima de la vida de los pueblos. De los pueblos donde ellos mismos nacieron.

Por suerte, todavía existen los hijos de esta tierra que eligen la vida por sobre el capital. En medio de un mundo devastado y sufriente, se animan a luchar y a defender sus más preciados bienes comunes.

Tal es el caso de Mendoza, provincia conocida y respetada (y claro está, odiada por las grandes corporaciones mineras) por su acérrima defensa del agua. Desde el año 2007, cuando fue sancionada la más querida de las leyes provinciales, la famosa Ley 7722, el pueblo dejó en claro el camino que habría transitar frente a esta difícil hora planetaria: el de la convivencia con la Madre Tierra, y el de la clausura de su propio suicidio. Digo bien: con la 7722 Mendoza clausuró la posibilidad de un suicidio colectivo. A corto o mediano plazo. ¿A quién se le puede ocurrir dinamitar la zona de glaciares, el lugar donde reside la fuente de la vida? ¿Quién es capaz de colocar una pileta de mil hectáreas de cianuro en las nacientes de los ríos? ¿Qué es eso sino un suicidio?

Quedará en el recuerdo de todos los luchadores de este país, aquellas jornadas en donde toda la provincia organizada se animó a gritar NI-UN-PASO-ATRÁS frente al avance de los poderes corporativos, tanto políticos como megamineros. Desde Alvear, pasando por San Rafael y el Valle de Uco y llegando hasta Mendoza Capital. No lo olvidemos, la 7722 es hija de ese proceso, no fue dádiva de ningún gobernante. Qué bueno sería que todos estos mandatarios hoy pudieran sentirse orgullosos de aquella ley que promulgaron después de tanta presión popular. Ley que quizás, muy a pesar de ellos, les protege la vida. Y la de sus hijos.

El Papa Francisco en su encíclica Laudato Sí, señala los peligros que amenazan a la vida en la Casa Común, el planeta Tierra, cuando plantea la explotación irracional de las empresas trasnacionales y el empobrecimiento de la población, el uso y abuso del agua y los grandes índices de contaminación con sustancias tóxicas. Frente a esto señala que se torna indispensable crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y que asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia (cfr 53). Eso es la Ley 7722.

Sé, al igual que las asambleas y demás luchadores socioambientales, que precisamos de algunos recursos mineros. Lo mismo pasa con nuestros bienes comunes como el agua, los bosques o la biodiversidad. Pero es preciso recordar que no somos los dueños de la Madre Tierra sino que somos parte de ella. Por eso, el camino es lograr el equilibrio entre las nuestras necesidades y la democracia de la Tierra, hoy violentada y explotada sin misericordia. Cuando se quiebra este equilibrio el resultado es la violencia contra la Madre Naturaleza, y con toda la Creación. Incluso contra nosotros, los seres humanos. Debemos ser conscientes que como humanidad estamos al borde del colapso. Y que toda acción local redunda en beneficio o en perjuicio de la totalidad. Tenemos que sacar de una vez lo mejor de nosotros.

Es necesaria la toma de conciencia crítica y la organización social para ser protagonistas y constructores de nuestras propias vidas. La historia me confió una responsabilidad muy grande, lo que me ha permitido recorrer el mundo y acompañar a los pueblos que más sufren. Debo confiarles que he visto con mis propios ojos los estragos de la minería a cielo abierto. Corrijo: de la minería a infierno abierto. Lo único que tiene de sustentable este tipo de explotación, de altísima violencia contra los pueblos y contra la Madre Naturaleza, es la rentabilidad de sus empresas. No se dejen engañar mendocinos. Ni se dejen manipular. Que no lo vean no quiere decir que no suceda. Su provincia no va a ser la excepción.

Una vez más les toca defender la Ley. Les toca vivir horas decisivas.

Quiero que sepan que los acompaño. La democracia es derecho e igualdad para todos y todas. Es necesario hacer valer tanto este derecho sagrado como así también las leyes que protegen la vida del pueblo.

No se olviden mendocinos que lo que se siembra se recoge. Están a las puertas de sembrar un no rotundo (¡no es no!), para cosechar a futuro, muchos sí definitivos.Anímense a mirar la montaña y jurarle una vida de paz. Júrenselo a ustedes mismos. Por sus hijas e hijos. Ustedes que pueden, miren los glaciares. Allí late el corazón de su ecosistema madre. Mirenlos y díganle que se prometen vivir. Juntos y a la par.

Animo en este proceso.

El derecho de vivir es quizás, el más constitucional.

Esperemos que la Corte Suprema de Justicia este a la altura de las circunstancias históricas y ratifique lo que la 7722 es: UNA LEY CONSTITUCIONAL.

Córdoba ya ha dado su veredicto por unanimidad ratificando hace unos días la constitucionalidad de una ley hermana.

No dejen de defender lo suyo en las calles. Ese es el lugar del pueblo.

Les deseo mucha fuerza y esperanza.

Les envío el abrazo de Paz y Bien.

ADOLFO PÉREZ ESQUIVEL

Premio Nobel de la Paz

Opiniones (3)
22 de septiembre de 2017 | 13:16
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22 de septiembre de 2017 | 13:16
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  1. Alguien leyó la ley?
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  2. Realmente hermosa carta y hermosas intenciones. Hay que defender la naturaleza. Pero hay varias maneras, no solamente haciendo manifestaciones. Quisiera ver si las personas que participan con tanto fervor de estas manifestaciones son capaces de privarse del consumo de artículos suntuarios de plata y oro y del consumo excesivo de todo tipo de bienes que implique el uso de materiales provenientes de minería contaminante. Todo tipo de minería es contaminante. Pero la sociedad moderna necesita de los bienes que esa minería le brinda. Pienso que el secreto es consumir lo necesario, no por consumismo ni por ansia de lujos. Pero todos quieren consumir mucho y barato y también hacen manifestaciones si no lo consiguen. El día que cada uno de nosotros lleve una vida coherente con lo que decimos y proclamamos, quizás comencemos a lograr un cambio a favor de la naturaleza y de la humanidad.
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  3. bravo!!! bellísima carta de Pérez Esquivel. el 3 de setiembre, TODOS A LA PLAZA INDEPENDENCIA!!! EL AGUA Y LA VIDA NO SE VENDEN, SE DEFIENDEN!!!
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