opinión

"Noches de caviar": el meticuloso arte del disfrute

Humor y sensualidad en un viaje barroco con ritmo sostenido. Más de 20 escenas y 150 cambios de vestuario se ensamblan en este espectáculo creado por Jean François Casanovas, con notable fluidez y precisión.

Noches de caviar: el meticuloso arte del disfrute

Desde la previa del espectáculo, Noches de caviar deja bien en claro que el legado del recientemente fallecido Jean François Casanovas seguirá en las tablas por unos cuantos años más. Los protagonistas del espectáculo se pasean en el hall del Arena Maipú, sonriendo, sacándose fotos con la gente, creando paulatinamente una atmósfera barroca y burbujeante. Una vez dentro del Salón de los Olivos, los espectadores tienen la chance de acercarse a la barra y tomar algo, mientras los artistas siguen allí dándole color al preludio de una gran fantasía. Antes de que comience la función el ambiente ya está distendido, suena Bette Midler de fondo, y una voz en off invita al público a sentarse. Lo que sigue es una hora y media de pleno disfrute sensorial. Una suerte de festín en el que se integran elementos del music hall, el cabaret berlinés y la potencia histriónica del transformismo.

Con un timing sostenido de comienzo a fin, se suceden 25 escenas tan frescas como precisas, todas ellas con un desarrollo concreto y un gancho eficaz que se gana la empatía de la platea. Ya sea en los números musicales, o en los cuadros de humor, el espectáculo apuesta al recurso del playback, con unos niveles de perfección que no impiden que las performances luzcan absolutamente orgánicas.

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La selección musical, ecléctica e irresistible, se ensambla a la perfección con una puesta que funciona como relojito, y deslumbra con los 150 cambios de vestuario que tienen los 9 protagonistas del espectáculo. Más allá de que cada uno de ellos tiene su momento de lucimiento, durante todo el show queda en evidencia que funcionan a modo de compañía, con una interacción exquisita y un minucioso cuidado del detalle.

En la puesta que tenemos la chance de ver durante este fin de semana en Mendoza, se combinan integrantes que están desde los comienzos de la compañía (el Grupo Caviar fue fundado en 1981, cuando Casanovas llegó desde París), con otros que pertenecen a una nueva generación. Walter Soares asume la dirección de esta exuberante propuesta. El actor y director ingresó en Caviar en 1985, y más allá de que durante un tiempo se despegó con un grupo propio, más tarde volvió a fusionar su trabajo con el de Casanovas. Soares se reserva el único momento de diálogo con el público en Noches de caviar, una pausa de notable calidez, en la que cabe desde el entrañable recuerdo de su mentor, hasta una reflexión intimista en torno de los afectos, y una desopilante alusión a la gastroenterocolitis por la que está atravesando el artista en estos días.

Después de esa instancia de interacción con la platea, el espectáculo vuelve a zambullirnos en su amalgama de texturas diversas. De un pasaje de humor grotesco, viajamos con gracia a uno de desbordante sensualidad, en un trip que jamás pierde pulso ni creatividad. En todos los casos, Noches de caviar despliega un abanico de referencias que van desde el vaudeville americano, a los gags del cine mudo, pasando por la revista española.

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Cuando el espectáculo termina, con un barroco cuadro final, caemos en cuenta de que el alucinante caleidoscopio que hemos visto en escena, ha sido trazado por los 9 artistas que saludan en el final. El show fluye con tal naturalidad que no muestra los hilos de su sofisticación. Recién sobre el cierre, pensamos en el enorme esfuerzo de estos actores que se cambian de vestuario en tiempo récord, para irrumpir en escena con una nueva caracterización en cuestión de minutos. El Grupo Caviar sigue dándole una exquisita vuelta de tuerca al universo del transformismo, con un entretenimiento meticulosamente cuidado que se coloca en las antípodas de lo que puede verse en un pub o boliche. Cientos de horas de ensayo, sentido del espectáculo y pasión con mayúsculas, son los ingredientes de un show que defiende la noción de disfrute, y trabaja duro para dejar una perdurable sonrisa instalada en el espectador.

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 Funciones: viernes 28 y sábado 29 de agosto a las 21:30 hs en el Salón de los Olivos del Arena Maipú.

Venta anticipada: Beneficio Los Andes Pass 2x1, Arena Maipú, Manos Morenas (Chacras), Tuentrada.com, Chamu Ciudad (Lavalle 35 – Local 16, Galería Independencia), Chamu San Martín (9 de julio 83 - Pasaje Sánchez, Local 26, 27 y 28), Musimundo San Martín (San Martín 1549), Musimundo Godoy Cruz (Shopping Portal Los Andes).

Entradas: Vip $ 400 ( incluye espumante Santa Julia), Platino$ 300, Oro $ 250.


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19 de agosto de 2017 | 16:21
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