opinión

La renuncia de Tsipras, la muerte de Syriza

¿Cuál es el futuro de la Grecia en crisis, luego de la renuncia del primer ministro?

La renuncia de Tsipras, la muerte de Syriza

La renuncia del primer ministro griego Alexis Tsipras fue tomada como un acontecimiento inesperado, pero en realidad fue el desenlace previsto. Es que la semana pasada, cuando el Parlamento griego había votado por el tercer rescate de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), 44 diputados del partido Syriza había votado en contra de su propio gobierno y de los planes de austeridad que vendrán. En esta situación, sin el apoyo de su propio partido, el gobierno cae, porque así funcionan los sistemas parlamentaristas. O si no, para seguir gobernando, Tsipras tenía que negociar una alianza con la oposición neoliberal, y eso lo hubiera diluido definitivamente.

Entonces, lo que hace con esta movida Tsipras, es adelantarse a los demás y renunciar para volver en las elecciones del próximo 20 de setiembre. Así, no le da tiempo a la derecha de reagruparse, tampoco le da tiempo a sus ex compañeros de Syriza que acaban de conformar Plataforma de Izquierda, e intentará volver a ganar en una versión de sí misma más edulcorada y de baja intensidad. Pero principalmente, con esta movida lo que hace Tsipras es no darle tiempo al pueblo griego de que empiece a sentir en carne propia los resultados de este nuevo paquetazo de ajuste, austeridad y privatizaciones impuesto desde el poder financiero internacional.

Esta semana el parlamento alemán (Bundestag) aprobó el tercer rescate para Grecia, por 86.000 millones de euros, y casualmente, esta semana también, una empresa alemana (Fraport AG) se quedó con los 14 aeropuertos privatizados. Aunque los medios hegemónicos se esfuercen en seguir con la mentira de que la crisis es culpa de los griegos vagos y dispendiosos y que Alemania acude a su salvataje, la realidad marca la crueldad del neocolonialismo. Y los motivos de esta situación pueden buscarse en la defección del propio Alexis Tsipras, que tanto había entusiasmado cuando llegó al gobierno en enero pasado con un discurso que se contraponía al imperio del neoliberalismo en Europa. Luego vinieron meses de arduas negociaciones, con su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, como estandarte. Y a principios de julio, el primer ministro apostó fuerte pidiéndole al pueblo un voto de confianza y un NO a los planes que intentaba imponer la Troika.

El pueblo griego le respondió, y un 62 por ciento del electorado le dio un respaldo contundente en lo que fue casi un plebiscito de su gestión. Pero inexplicablemente, al día siguiente despidió a Varufakis y esa misma semana Tsipras entregó semejante victoria, con moño y todo. Negoció con Alemania y los poderes financieros y aceptó justamente lo que pedía rechazar. No hay una explicación política valedera, en el mejor momento de su popularidad y poder. Tampoco la hay desde lo económico, más allá de que él mismo dijera que no había alternativas. Alternativas había, claro que sí, romper con los poderes que condicionan la democracia en el país donde nació la democracia. Salir del euro aunque sea duro y cueste al principio. Y sobre todo, buscar apoyo en las potencias emergentes, sobre todo en Rusia, China y América del Sur. Por eso, la única explicación posible es una defección personal, que llevó a que Tsipras sea hoy una caricatura de lo que era hasta hace sólo un par de meses.

Todo esto no puede sino hacer que valoremos más aún lo que se ha logrado en países como la Argentina, Venezuela, Ecuador o Bolivia, cada uno con sus diferencias por supuesto. Pero ahí está a la vista cómo otros pueblos del mundo intentaron seguir el rumbo marcado por Sudamérica, y se quedaron en el intento. Esta defección de Tsipras y de Syriza es grave, principalmente desde lo simbólico, desde el mensaje político que se da. Y el primer afectado luego del pueblo griego es el pueblo español, porque la esperanza de un cambio estaba muy ligada al resultado que se obtuviera en Grecia. Hoy, el mensaje de Grecia para España es que NO PODEMOS.

Mariano Saravia. 

Opiniones (2)
19 de octubre de 2017 | 05:50
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19 de octubre de 2017 | 05:50
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  1. Mariano, sos un tipo inteligente, buen escritor y buen periodista. Por ello no entiendo como puedes sostener estos dislates populistas que han hecho del fracaso toda una filosofía, de la ignorancia un credo y de la envidia una prédica. No te engañes más con estos autócratas nepotistas y latrocinadores a los que alabas, que lo úncio que han logrado es la distribución igualitaria de la misera y del resentimiento. Pueden hipnotizar a quienes carecen de discernimiento, formación y cultura, pero no a vos. ¿O es que acaso detrás de ese apoyo a estos salvajes hay algo que nosotros, simples lectores, ignoramos?
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  2. Está bien, Saravia. Seguí con el verso del neoliberalismo, y la "inteligentísima" versión de la ayuda alemana. Y seguimos con el verso del partido español chavista. Mientras tanto vemos el desastre mundial que está provocando el gran socio de tu presidenta, al que esperamos que sostenga las reservas con los yuanes y le damos medio Neuquén para que haga una base militar. Leé los diarios, o por lo menos entérate de como nos vamos al carajo.
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