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No bailamos tango: miente, miente, que algo queda

Con condimentos atractivos y actuaciones precisas, esta comedia es una muy buena opción para el público ávido de un entretenimiento digno y eficaz.

No bailamos tango: miente, miente, que algo queda

No bailamos tango es el estreno más reciente de la factoría de obras dirigidas por Ariel Blasco, responsable de premiadas y exitosas puestas como Biónica, Reflejos y La felicidad. El director ensaya aquí un paso hacia el territorio de una comedia más estándar y comercial, y sale airoso del desafío.

El texto, escrito por la cineasta y dramaturga argentina Mónica Salerno, gira alrededor de un matrimonio que ha pasado un largo tiempo instalado en la mentira. Elena Schnell, actriz que venía de protagonizar la dramática e intimista obra de Manuel García Migani Mi humo al sol, se destapa aquí como una gran comediante interpretando a Marga, una mentirosa irrefrenable que ha incluido a su marido Esteban, un siempre eficaz Marcelo Lacerna, en su frondoso mundo de fábulas. La mujer tiene un cuaderno repleto de anotaciones que ofician de una suerte de guión de logros no alcanzados, mientras que su pareja se remite a seguir ese alocado tren de falacias. La llegada desde España de Agustina pondrá a prueba y tensará los hilos de este andamiaje de engaños, generando más de una situación disparatada. Sara Torres, actriz mendocina radicada desde hace varios años en Madrid, acierta con el personaje más incisivo de esta propuesta, a la vez que aporta una creíble tonada española. Más allá de vivir durante la mayor parte del año en el país ibérico, Torres se hace un espacio para pisar las tablas locales cada vez que aterriza en nuestra provincia. De hecho, hace un par de temporadas, la vimos protagonizando Ella en mi cabeza, junto a Lacerna y Aníbal Villa.

No bailamos tango


Con un tema tan fascinante y vasto como el de la mentira, la autora del texto podría disparar más de un nivel de lectura sobre los acontecimientos que vemos en escena. La obra en cambio, apuesta por demás a la elocuencia, pero se beneficia de no regodearse en la sentencia moral. Aunque en la mayoría de las ocasiones resulten previsibles, los gags funcionan y Blasco logra sacar partido del oficio de los protagonistas, a la vez que mantiene el ritmo de un relato que fluye sin baches ni transiciones estiradas.

La puesta cuenta con condimentos atractivos, que van desde una escenografía y un diseño lumínico muy cuidados, hasta la irrupción de un arengador momento musical con un hit de Raffaella Carrà. No bailamos tango busca por sobre todas las cosas, seducir a ese espectador que no va de manera frecuente a espectáculos de teatro local, y al igual que otras comedias como Rotos de amor y Mujer celosa... marido mártir, no decepciona. Más allá de que algunos no lo consideren así, el hecho teatral comienza en la previa de la función. En este sentido, llegar y encontrarse con una larga fila de personas esperando a que den puerta de sala, constituye una muestra de que en Mendoza se puede ir por la conquista de un público ávido de un entretenimiento digno y eficaz. 

Fila no bailamos tango

Próximas funciones: sábado 22 y sábado 29 de agosto en la Sala 2 de la Nave Cultural (España y Maza) / viernes 28 Teatro Luis Encio Bianchi (Lavalle y A.del Valle, subsuelo edificio municipal, Rivadavia).

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18 de agosto de 2017 | 23:08
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