opinión

La maquinita de la felicidad, desbocada

El país pierde al menos $ 180.000 por minuto. No queda otra que ordenar eso números.

La maquinita de la felicidad, desbocada

 No se sabe si Daniel Scioli será el próximo presidente (es lo más probable), pero sí se puede aventurar que va a insultar seguido, por lo bajo, a sus predecesores del proyecto nacional y popular por el desorden que le están dejando. No sólo no está ocurriendo la primavera de consumo pre-elecciones que le prometieron, sino que los números macro lo obligarán a ajustar en forma inexorable. Aunque sea con fe y esperanza, y siempre para adelante.

Los números oficiales del gobierno son para agarrarse la cabeza, y eso que es bien capaz de falsificarlos. Lo último es el déficit primario del primer semestre, que llegó a $ 46.594,8 millones, lo cual da un promedio mensual de $ 7.765,8 millones o un promedio diario de $ 258,8 millones. Eso significa que por cada minuto que pasa, el rojo de la República Argentina aumenta en $ 179.763. Un descalabro fenomenal que pagamos entre todos.

El dato en sí puede decir mucho o poco, porque las cifras tan grandes son como la historia del universo medida en millones de años: uno pierde las referencias rápidamente.

Pero comparemos con otro dato del mismo gobierno, referido a la misma cuenta y al mismo período: en el primer semestre de 2014 tuvimos un superávit primario de $ 2.200 millones. Es decir que ahí donde ganamos 2.200 esta vez perdimos 46.594. Algo así como haber empeorado unas 24 veces la cuenta, pesos más pesos menos.

El problema es que, después de un comienzo ortodoxo en 2014 (devaluación, pago al Club de París, pago a Repsol por la expropiación de YPF, un pequeño maquillaje al Indec), en algún momento el gobierno se torció y volvió a las andadas. La clave fue el conflicto con los fondos buitre, en donde la presidente prefirió inclinarse por el relato antes que por la racionalidad económica. Y ahí se volvió a ir todo al diablo, incluyendo el pasaje de un pequeño superávit a un brutal déficit primario.

El próximo gobierno tendrá que arreglar ese desbarajuste sí o sí, porque una ley de la vida dice que no se puede gastar indefinidamente más de lo que se genera. Va a tener que meter mano en un indefinido bosque de subsidios estrambóticos, de déficit operacionales de empresas estatales y de cargos públicos que crecen todos los días. Y encima, a dos meses de una elección crucial que le podrá dar continuidad a muchos responsables del desorden, será difícil reducir la velocidad de la maquinita de la felicidad.

El próximo presidente no tendrá más remedio que arremangarse y cortar en varias direcciones, aunque los irresponsables de este desajuste después lo acusen de ajustador.


PD: la lectura de esta columna puede haber tomado unos dos minutos. Durante este lapso el país ha tenido un déficit primario de $ 359.527

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22 de octubre de 2017 | 23:37
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