opinión

Mendoza cuenta las chirolas

Una semana con la sensación de que todo está bajo el agua.

Las noticias de economía de Mendoza son las típicas de los que cuentan las chirolas. Estamos en problemas y no se pueden disimular. La transición, después del desayuno esperanzador, no está siendo más que una sucesión de discusiones sobre un tema fundamental: en qué estado van a quedar los números provinciales.

Para empezar, está todo lleno de deudas, con los policías, con la salud, con los contratistas de obras. Para colmo, hay que cumplir con las promesas electorales y llenar de gente la planta permanente, algo inútil al fin y al cabo porque ni con eso y los aumentos pudieron ganar. Pero da lo mismo, total lo pagaremos entre todos.

Encima, esta semana hubo un plan de pagos (o moratoria) donde lo que menos importa es lo semántico, sino el fondo de la cuestión: que la plata no alcanza y hay que rascar el fondo de la olla. Aunque sea dejando en off side a los ciudadanos de a pie que pagaron a tiempo, que ven que si se hubieran guardado la plata ahora les perdonarían hasta el 93% de los intereses. Falta que lancen una campaña promoviendo la cultura tributaria.

El gobierno, además, tiene deudas con las comunas por coparticipación y un descubierto con el Banco Nación de $ 1.400 millones. Dentro de un contexto en el cual, en el mejor de los casos, dejará un rojo de $ 5.700 millones. A pesar de eso el gobernador, con voluntarismo característico, aseguró que dejará diciembre con el sueldo y el aguinaldo pagos, aunque sin decir de dónde saldrá la plata.

El problema es que esto no es un mero faltante de caja, sino puro desorden. Es decir, no son deudas que estén sosteniendo alguna reforma estructural, sino simplemente deudas que se contrajeron para salir del paso. Mendoza no está haciendo la gran obra hídrica, no ha encarado la gran red de carreteras, no está perforando la montaña para salir más rápido hacia el Pacífico. Mendoza no está haciendo nada que justifique la deuda que tiene, y el próximo gobierno, antes de poder encarar algún gran proyecto (si es que lo tiene), va a tener que acomodar como pueda lo que le dejen.

Esto es bueno pensarlo en la misma semana en que, después de años de ingresos récord para la economía argentina, volvimos a ver poblaciones enteras transitadas en botes, mientras uno piensa adónde se fue la bonanza de la soja, adónde quedaron los impuestos para obras hídricas que pagamos con cada litro de combustible o adónde terminaron los años felices de crecimiento a tasas chinas. Es desolador, pero a veces agarra el temor de que todo lo que se hace en la Argentina termina, simbólica o literalmente, bajo el agua.

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17 de octubre de 2017 | 17:42
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