opinión

El Clan: los límites de apostar a lo seguro

Con una investigación rigurosa y actuaciones notables, la nueva película de Pablo Trapero privilegia el relato testimonial y queda en el umbral de lo que pudo ser un gran film sobre el escalofriante mundo de los Puccio.

El Clan: los límites de apostar a lo seguro

 Internarse en el infernal laberinto de la historia de los Puccio supone de antemano un desafío complejo y fascinante. El guionista y director Pablo Trapero cuenta con las herramientas necesarias para hacerlo. Por un lado, un puñado de películas de notable calidad y alta intensidad, entre ellas Mundo grúa, El bonaerense, Leonera y Carancho. Por el otro, un exhaustivo trabajo de investigación que llevó al realizador a entrevistar a familiares de las víctimas, y recopilar testimonios de jueces y periodistas que tuvieron una estrecha relación con el caso.

Al abordaje minucioso de todas las aristas vinculadas con el criminal accionar de la familia Puccio, se suma la performance impecable de la dupla protagónica. Un Guillermo Francella que mete miedo desde el primer plano en que aparece, con una mirada que dice mucho más que sus palabras. Su Arquímedes es el mismísimo demonio, camuflado bajo la piel del buen vecino que barre la vereda. Mientras que Peter Lanzani se luce en su debut en cine, con un rol protagónico dotado de una fuerte dualidad. El ex chico de la factoría Cris Morena es capaz de pulverizar todo prejuicio con su convincente interpretación de Alejandro, el joven rugbier que atraviesa la tortuosa dicotomía de ser víctima de su padre Arquímides, y victimario de los desafortunados rehenes que caen bajo sus garras. La química entre Francella y Lanzani es formidable, y es el vehículo determinante para que la película sostenga su interés.

El clan portada

El Clan tiene a su favor entonces un guión riguroso y unas actuaciones superlativas. A esto se suma un excelente trabajo de ambientación, la historia se desarrolla entre 1982 y 1985, con autos y objetos de aquella era, que sirven para contextualizar, sin jamás distraer demasiado la atención. La banda de sonido es otro de los aciertos, con un interesante juego de contrapunto, que aporta una cuota de ironía a través de canciones como Wadu Wadu de Virus, o Just a gigolo de David Lee Roth.

Alrededor de un caso tan conocido como el de los Puccio, tal vez hubiera sido más inquietante arriesgar una mirada sobre cómo surgió y se instaló en el seno familiar la dinámica de los secuestros extorsivos seguidos de asesinatos. Un brete difícil de resolver, porque las motivaciones de la gestación de esa mecánica criminal, son hasta el día de hoy parte de grandes misterios y conjeturas. Trapero apuesta a lo seguro, instala su historia en el lapso en el que se sucedieron los cuatro casos por los cuales los Puccio fueron juzgados y sentenciados. Al instalarse en aquellos años de transición, de la última dictadura a la democracia, el realizador cuenta con el plus de explorar una etapa poco visitada por el cine nacional.

Durante el primer tramo, la película logra mantener a fuego vivo los ingredientes por los que esta historia fue tan mediática cuando estalló en las tapas de las revistas hacia mediados de los '80. Una familia de asesinos instalada en el apacible barrio de San Isidro, con un hijo estrella del rugby en el club CASI que también fue parte de Los Pumas, y la cereza de la torta diabólica: los secuestrados y asesinados pertenecieron al entorno social de la familia. Falta en cambio, mayor precisión a la hora de definir el entramado político en el que estuvo inserto Arquímedes. Alguna escena lo muestra en una reunión con miembros de la Fuerza Aérea, mientras otras sugieren un vínculo con la triple A y con la facción más derechista del peronismo.

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Más allá de esa pátina imprecisa (Arquímedes se llevó a su tumba unos cuantos secretos), Trapero acierta en el tono de verosimilitud de un caso que tiene aristas que rozan lo fantástico. Los Puccio tenían a sus víctimas en su propia casa, utilizaban sus autos para los secuestros, y sus colaboradores entraban y salían de su hogar como si nada. La película desarrolla el cambio en el arco de protección política del que gozó este padre de familia, con su eventual caída en desgracia cuando el poder le suelta la mano. Tal vez en ese afán de volver cinematográficamente creíble esta historia, el director va cediendo en intensidad y el relato adquiere un rumbo algo automatizado.

A medida que avanza el film, queda en evidencia que la voluntad de ceñirse a lo testimonial, se impone sobre la idea de internarse en profundidad en el tema. La película no logra despegar un vuelo autónomo, queda sofocada por la crónica policial. Debería viajar en un crispado espiral ascendente, en cambio va perdiendo fuerza a medida que se suceden las secuencias de secuestros y las miradas intimistas al núcleo familiar. 

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El Clan va tomando la forma de un expediente ordenado y riguroso, en el que más allá de un montaje paralelo y algunas idas y vueltas en el tiempo, se conserva el protocolo de cada escena como irreductible causal de la que sigue. Evidentemente, Trapero quiso esquivar el territorio de la explicación psicologista del accionar de los personajes, pero aún dando un saludable margen para que el espectador reflexione sobre los hechos, faltan instancias más potentes del choque dialéctico entre los integrantes de la familia. Cuando llega el quiebre, el director elige manifestarlo bajo la forma del estallido, obviando la enorme riqueza de todo ese caudal de violencia, que aún desde la sombra reprimida, podría causar un mayor nivel de estupor.

El Clan / Argentina-España / 2015 / 110 minutos / Dirección y Guión: Pablo Trapero / Elenco: Ghillermo Francella, Peter Lanzani, Lili Popovich, Gastón Chocchiarale, Giselle Motta, Franco Masini, Antonia Bengoechea y Gabo Correa.

Opiniones (4)
21 de octubre de 2017 | 20:26
5
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21 de octubre de 2017 | 20:26
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  1. excelentes comentarios. un peliculón!!
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  2. Sabés que estaría copado? Que cuando hagas una crítica de este tipo te inventes una especie de muletilla, donde luego de tirar abajo el laburo de un cineasta digas: "pero más allá de estas apreciaciones, estará en el gusto del espectador determinar si le gusta/conforma la historia de está película"... Porque se nota que sos un avezado crítico de cine, pero además da la sensación que querés demostrar que sabés más que cualquiera, hasta que el mismo creador. Por eso tal vez debieras hacer tu "masterpiece" y maravillarnos a todos... Me parece genial que Trapero se ajuste a queres contarnos algo como fue y no fantasear con algunos detalles desconocidos... Como suelen hacer en el cine norteamericano cuando "versionan" un hecho real, donde hacen una libre enterpretación de ciertos detalles ocultos... Saludos...
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  3. Éste se parece al intermediario. No hace nada y es el que quiere la mejor tajada. Sigue siendo nadie.-
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  4. tus opinones son solo eso, no verdades reveladas. Pero condicionas a que alguien que quiera verla. No te voy a leer mas
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