opinión

Un nuevo orden mundial

Cómo queda el mapa mundial tras el acuerdo nuclear de Irán y las grandes potencias.

Un nuevo orden mundial

El acuerdo alcanzado entre el G5+1 e Irán en torno al programa nuclear persa es también síntoma de un nuevo momento global: demuestra la emergencia de diversos polos de poder, en la configuración de un escenario internacional diferente al de fines del Siglo XX. ¿En dónde queda demostrado esto? En los esfuerzos denodados de China y Rusia para avanzar en un acuerdo como el que se ha rubricado, que ahora deberá igualmente ser refrendado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y los parlamentos nacionales.

Teherán lo vive como un triunfo diplomático -resaltando la "perseverancia" del canciller Mohamed Zarif en las negociaciones- porque el acuerdo posibilitará el retiro de las sanciones que pesan sobre Irán desde hace décadas.

La expectativa del gobierno de Hasan Rohani tras este pacto es una sola: poder crecer comercialmente, dejando atrás una asfixia económica que incluso recrudeció ante la baja en los precios internacionales de petróleo. Para ello deberá cumplir tres puntos principales: a) no enriquecer uranio por encima del 4% -es decir, sólo bajo los parámetros pacíficos-; b) no construir nuevas instalaciones nucleares; c) dejar supervisar estos acuerdos al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Las declaraciones de Barack Obama, en tanto, demuestran un cambio de orientación respecto a las administraciones previas, o incluso a sus primeros años de gobierno. ¿Por qué? Porque el presidente estadounidense privilegió, durante los últimos años, un diálogo franco y concreto con Irán, llegando a afirmar que "la cooperación puede vencer décadas de confrontación gracias a la diplomacia", tal como dijo ayer. Y en ello se ven resultados similares a lo sucedido con Cuba -a sólo días de la reapertura de embajadas en Washington y La Habana- cambiando la política unilateral de sanciones por la cooperación.

Sin embargo, la propia elección presidencial norteamericana en 2016 es un horizonte que puede modificar el andamiaje -y la propia puesta en práctica- de estos acuerdos. De ganar Hillary Clinton, la candidata demócrata, continuaría una política exterior similar a la actual; algo impensable, sin embargo, en caso de obtener un triunfo Jeb Bush o Donald Trump, los principales precandidatos republicanos, quienes vienen cuestionando duramente los últimos movimientos geopolíticos de Obama -tanto respecto a Irán como en relación a Cuba-.

Mientras tanto, y hasta que esa elección tenga lugar, Teherán puede darse por satisfecha: saldrá de la lista de países sancionados por la propia Organización de Naciones Unidas, y comenzará a ver caer las sanciones internacionales impuestas. Obama también logra lo suyo: se retirará de la presidencia de su país con una nueva orientación global de Washington, y acuerdos impensables tiempo atrás. Putin y Xi Jinping, por último, siguen demostrando su rol de “global players”, con una voz creciente en el plano internacional. Como se ve, un acuerdo que, al menos por un tiempo, dejará satisfechos a negociadores de uno y otro lado, en un nuevo orden global que comienza a verificarse cada vez con más claridad.

Juan Manuel Karg

Politólogo UBA / Analista internacional

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23 de agosto de 2017 | 19:09
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    23 de Agosto de 2017
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