opinión

El cuerpo que se quiere

Cuando el cuerpo carga el peso: una mirada clínica y social a la obesidad.

El cuerpo que se quiere

A través del tiempo, el cuerpo ha sido visto como vehículo de comunicación con el otro. Es por medio del cuerpo que expresamos nuestras emociones y establecemos los vínculos que nos unen, o nos mantienen alejados, de la sociedad en la que estamos inmersos. Es precisamente la sociedad la que coloca el pie forzado para la construcción de nuestros cuerpos. Señalan Varas y Toro (2005): "Nos dicen qué hacer y qué no hacer con nuestros cuerpos para que se vean saludables." Esta cita pone de manifiesto la influencia socio-cultural a la que estamos expuestos y que, a su vez, determina, la relación con nuestra corporeidad.

Tradicionalmente, se ha tratado de dar forma al cuerpo de la mujer. Fueron ellas las primeras en hacer frente a la presión socio-cultural de amoldar sus cuerpos a los estándares externos. Fueron también ellas las que comenzaron a preocuparse por el peso, las dietas, la imagen, y la vestimenta; en fin, por su apariencia. Las estadísticas suelen hablar de cuántas mujeres sufren de trastornos alimentarios, sin embargo, hoy en día, tanto mujeres como hombres se encuentran sujetos a la presión de esculpir sus cuerpos. Hoy en día, los hombres también han sido "objerizados", millones de hombres sufren las mismas presiones que las mujeres. El peso, la imagen y la apariencia se han convertido también en aspectos preocupantes para el género masculino. Este artículo es precisamente acerca de la relación de ese otro, el varón, con los asuntos corpóreos; de cómo el género masculino se enfrenta a un estándar de belleza inaccesible en nuestros días y de cómo la exposición al mismo puede generar la presencia de sintomatología psicológica.

El cuerpo es después de todo un fenómeno que trasciende el ámbito de lo biológico para dar cuenta de la normativa social. En el cuerpo se instaura el sustrato biológico resignificado por las relaciones y el discurso social. "...la materia corpórea es también un fenómeno de corte cultural" (Varas & Toro, 2005). Cuando el cuerpo se aleja de las expectativas sociales y no representa el discurso socialmente aceptado, la corporalización se convierte en un enigma y manifiesta precisamente la exclusión por la imagen de lo que no posee o no demuestra. Esto es así cuando hablamos del cuerpo saludable y del cuerpo enfermo. Es el cuerpo la imagen proyectada de lo que entendemos que es salud y enfermedad.

Existe una tendencia a responsabilizar a cada individuo respecto a su estado de salud y apariencia física, de modo que la enfermedad o la presencia de deformidades es vista e interpretada como un descuido que debe ser penalizado (Cash, & Pruzinsky, 2002). Se pretende dar cuenta del discurso en el espacio de la clínica de los significados que un hombre atribuye a su cuerpo de frente al cuerpo social esperado.

El cuerpo que se quiere

A diario, las personas, tanto hombres como mujeres, son bombardeadas con imágenes acerca del "cuerpo ideal" (Banfíeld & McCabe, 2002; Cafri, et. al, 2005). Estas imágenes son presentadas en la televisión, la prensa, los anuncios publicitarios y aun en el discurso de las personas. El propósito de las mismas es vender una imagen por medio de la asociación de ésta con cualidades que, social y culturalmente, se han relacionado al éxito, la aceptación de otros/as, la felicidad y la salud. Entre estas imágenes, resalta claramente a la vista el énfasis en la delgadez y las habilidades corpóreas que la misma significa, como ideal de belleza. Para los hombres, la sociedad establece que éste debe ser musculoso, joven, fuerte, sexualmente atractivo y saludable; cualidades que, de acuerdo a los estándares sociales, se obtienen por medio del cuerpo.

La fortaleza física entre los varones es motivo de admiración, y su ausencia es vista como un factor de vulnerabilidad (Cash, & Pruzinsky, 2002). Son precisamente estos hombres, en su afán por "acomodar" su realidad corporal al ideal de belleza masculina que la sociedad promueve, quienes pueden llegar a tener relaciones poco saludables con la comida, la imagen corporal y el peso. Esto parece ser así ya que se enfocan en tratar de obtener el tamaño corporal que cumple con los estándares sociales. La visión cultural de qué se define como atractivo y de que todo el mundo puede ser delgado choca con la realidad biológica de la mayor parte de los seres humanos. Aquél que fracasa en la construcción de la empresa de su cuerpo de acuerdo a las expectativas sociales, es señalado, ridiculizado y, en ocasiones, hasta marginado.

Las preocupaciones en torno al cuerpo que se tiene, sobre todo si éste no cumple con las expectativas de la sociedad, pueden provocar angustia en las personas que no "encajan" en el molde

Cuerpo social

Alrededor del 1950, la obesidad se convirtió en uno de los problemas de salud más serios en Estados Unidos. El remedio para esta "enfermedad" fue la implantación de dietas con el propósito de perder peso (Bennett & Gurin, 1982). Al iniciarse la industria de la pérdida de peso, el cuerpo se convirtió en un objeto a ser moldeado y en símbolo de control (Cafri, et al., 2005). El cuerpo era la evidencia de la falta de control en la ingesta de alimento y en la representación evidente del fracaso del locus de control interno.

El cuerpo pasó de ser un instrumento a un estilo de vida sobre el que actuaban y, en muchos casos, determinaban, las incidencias de la sociedad y la cultura; los que señalaban a su vez, los afectos que se experimentaban hacia el mismo. La gordura se considera como algo malo y poco saludable, por lo que se teme intensamente al aumento de peso. Por el contrario, el tener control sobre el cuerpo se interpreta como una medida de poder, higiene y éxito tanto personal como social (Cash, & Pruzinsky, 2002). El cuerpo bajo el hambre impone el control que debemos tener y el triunfo sobre las posibilidades de la gula.

Díaz y Blanquez (2002) afirman que el cuerpo es un "mensaje dirigido a los demás y el punto de reencuentro que señala los límites". ¿Qué hacer, entonces, cuando nuestros cuerpos no transmiten el mensaje deseado por la sociedad; cuando nuestros cuerpos se alejan de los límites establecidos? Decía Doltó (1986; 43): "...sin cuerpos no podemos entrar en comunicación con el otro."

¿Cómo se afecta la comunicación con ese otro, con el que nos vemos obligados a interactuar cuando nuestros cuerpos no llenan las expectativas impuestas? Se prestará particular atención al modo en que un sujeto cuyo cuerpo es obeso hace frente y maneja, usualmente de modo inapropiado, su relación con una sociedad que exalta la delgadez extrema como ideal de vida.

Este hombre solicita el espacio terapéutico en su esfuerzo por mirar el cuerpo y las implicaciones que ha tenido durante toda su vida. Sus estados de ánimo, sus relaciones interpersonales y laborales, su mirada al futuro y sus esperanzas de vida se han visto todas a través de los ojos de una corporalidad que sobrepasa los límites. En el encuadre clínico se crea este espacio, tanto físico como psicológico; donde se ofrecen sillas que le permitan estar a este cuerpo y una escucha sin juzgar para invitar a la revisión de los esquemas de pensamiento y las ideas irracionales que, por años, carga este cuerpo.

Respetando el trabajo interdisciplinario y asumiendo la responsabilidad por un cuerpo que siente y resiente, además de que padece, se le mantiene referido al médico de cabecera y nutricionista. El paciente debe dar cuidadoso seguimiento a las implicaciones fisiológicas, metabólicas y coronarias que trae la obesidad que presenta.

A lo largo del proceso terapéutico, aplicando el modelo cognitivo-conductual, se trabajan diversos temas, que contienen la experiencia de estos hombres en relación a su corporeidad. Algunos de los temas abordados incluyen: obesidad, episodios de atracones, distorsión cognitiva, auto-estima, imagen corporal, estética social, y manejo saludable de sentimientos (ejemplos: coraje, ansiedad, estrés, frustración, vergüenza).

Se provee espacio para que este hombre, cuyo cuerpo es representante visual de las cargas sociales, pueda descargar en terapia, en un ambiente seguro y protegido, lo que significa para él la vivencia de su corporeidad y el desarrollo de conflictos asociados a las demandas de un cuerpo idealizado. El espacio terapéutico representa ese encuentro doloroso entre la imagen introyectada de lo que debe ser el cuerpo y el cuerpo real que asume el paciente.

Solow (2001) afirma que las personas que sufren de obesidad utilizan la comida para "anestesiar" el yo interno por medio de la ingesta descontrolada de alimentos. La ingesta de alimentos se convierte en una estrategia inadecuada para el manejo de afectos que, en muchas ocasiones, provocan angustia y ansiedad. El acto físico de comer es visto como un modo de llenar el vacío que sobrecoge a estas personas (Solow, 2001). El cuerpo que se siente vacío se llena entonces de comida. El refuerzo del cuerpo lleno instaura la dinámica de que el vacío y la ausencia de afectos se substituyen con atracones.

Los hombres obesos suelen enfrentar experiencias de prejuicio, vergüenza, ridiculez y discrimen. Su sexualidad e imagen propia se encuentran atadas a su corporalidad. En una sociedad donde lo bello y aceptado para el género masculino gira en torno a la delgadez y la musculatura, los hombres obesos no encuentran cabida. Su volumen corporal actúa como referencia de su capacidad como seres humanos. Es a este volumen e imagen física al que nos enfrentamos en la calle, día a día, y el que es criticado por los medios.

El hombre construye su cuerpo en base a la relación con otros y la sociedad. Sin embargo, la imagen corporal es propia de cada ser humano, se elabora y se encuentra ligada a su historia. El cuerpo refleja, y comparte, las preocupaciones e individualidad del ser humano. Zukerfeld (1996) afirma que los pacientes obesos "presentan una característica privilegiada, que es la presencia de un cuerpo evidentemente modificado." ¿Cómo trabajar con lo inevitable, que inunda e impresiona nuestros sentidos, sin olvidar al sujeto que tenemos enfrente? Añade este autor que, muchas veces, "el tema de su obesidad desaparece de sus palabras y permanece en su cuerpo..." (Zukerfeld, 1996), un cuerpo que, aun mudo, expresa a gritos la problemática del sujeto, un cuerpo que engorda. La mirada del/la terapeuta queda impregnada por la visión que ante sí se tiene. Ante esta muestra visible y evidente, que ocupa por completo el espacio, es necesario trabajar con los sentimientos diversos, y en ocasiones encontrados, del terapeuta.

Los asuntos del cuerpo son tan pesados, tan profundamente importantes, que muchas veces no pueden ser apalabrados…(Dimen 1998)

Lic Patricia Frascali

Psicóloga especialista en obesidad

PAOS Programa de Autocontrol de la Obesidad y Sobrepeso

Mail: patofrascali@gmail.com

Opiniones (1)
17 de diciembre de 2017 | 15:34
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17 de diciembre de 2017 | 15:34
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  1. Hágase eco de sus últimas palabras en negritas. Un obeso es un enfermo, tanto como una flaca con una masa corporal insuficiente. Son enfermos que deben ser tratados. No los haga creer que son víctimas de un sistema. Si lo son, es de ellos mismos.-
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