opinión

Solidaridad con la profesora del DAD

Hay un número cada vez mayor de alumnos que “han decidido no estudiar”.

Solidaridad con la profesora del DAD

Desde mi posición de docente secundario recientemente jubilado, con más de treinta años de docencia, siempre frente a alumnos y de docente universitario aún en actividad, deseo expresar mi opinión con respecto a lo ocurrido con la docente de Literatura del DAD, y que es de público conocimiento.

A la profesora Laura Cogni, que no conozco, le quiero expresar mi solidaridad como colega y decirle que me he sentido totalmente identificado con su situación ya que he sido protagonista de muchas situaciones similares, en quinto y sexto año en las escuelas técnicas más prestigiosas de Mendoza.

A la profesora se le cuestiona el vocabulario utilizado, pero seguramente en el contexto del aula y al querer reprocharle con vehemencia a los alumnos, ella intentó hacerlo con las mismas palabras que ellos utilizan habitualmente en su léxico diario.

Yo mismo debía efectuar, cada vez con mayor frecuencia, este tipo de planteos tanto a los educandos, como al gabinete psicopedagógico, o a las autoridades escolares y muchas veces a los propios padres de los alumnos.

Gracias a Dios en todas las escuelas y en todos los cursos hay alumnos estudiosos y dedicados, por los que vale la pena realizar cualquier esfuerzo, pero hay un número cada vez mayor de alumnos que “han decidido no estudiar”, digo así porque desde los primeros días del ciclo escolar ya “dejan algunas materias para Diciembre o Marzo”, no estudiando absolutamente nada durante el año, lo que implica dirigirse al profesor con un “no estudié” en las lecciones orales y “entregar una hoja en blanco” en todas las evaluaciones escritas.

Este tipo de actitudes de los educandos para con los profesores que nos preparamos para dar clases magistrales, bien estructuradas, con tecnologías de punta y ricas en ejemplos y demostraciones, deben interpretarse como una falta de respeto hacia el docente y esto hace que reaccionemos, en algunas ocasiones, como lo ha hecho la docente del DAD.

Se han instalado falsos modelos que permiten acceder a los mejores puestos de trabajo a través del nepotismo, el clientelismo, el amiguismo o la militancia, en lugar de hacerlo por concursos que clasifiquen a los aspirantes por sus valores personales y su capacitación profesional.

El paradigma que hoy intentan emular los jóvenes, es aquel que ven, a manudo en los medios, que muestran a algunos que lucen frondosos prontuarios amasando fortunas o también a aquellos que de un reality, saltan del anonimato a la fama, en un simple chasquido de dedos. Es difícil incentivar a los jóvenes a estudiar y capacitarse, cuando verifican que en su entorno existen portadores de ricos curriculums, que se cansan de golpear puertas sin conseguir un trabajo digno.

Se hacen diferentes conjeturas con respecto a quienes son las víctimas y quienes son los victimarios en estas situaciones, como así también sobre quienes recaen las diferentes responsabilidades y los que tienen la en sus manos, la difícil tarea de encontrar soluciones al problema; pero mientras tanto, situaciones de este tipo se repiten diariamente en muchos establecimientos educacionales de la Provincia y del País.

Están mal entendidos los roles que debe desempeñar cada uno en el desarrollo de un niño o un adolescente, ya que la educación se recibe en la casa, quedando para la escuela la formación y la capacitación. Lógicamente que la mejor educación proviene de hogares bien constituidos, armoniosos, con ingresos dignos y en una casa digna.

En la actualidad muchos padres utilizan la escuela como guardería y pretenden que la escuela complemente o supla la educación que ellos, por diversos motivos, no le pueden dar a sus hijos.

En ocasiones, padres de alumnos con problemas de aprendizaje, me manifestaron que están desbordados y sin saber que hacer por algunas de las actitudes de sus hijos, temen lo peor frente a algunos indicios de sus actitudes, del entorno de amistades donde se mueve su hijo y de sus reacciones para con los otros miembros de la familia.

Los alumnos necesitan que los profesores les pongamos límites, del mismo modo que se lo exigen a sus padres en la casa, pero esos límites tienen que ser puestos en tiempo y forma ya que cuando son extemporáneos, los jóvenes se rehúsan a recibirlos con las consecuencias que ello trae aparejado y que tan bien conocemos los padres y los profesores.

A los lectores de este artículo les pido que antes de juzgar una actitud puntual como la que me inspiró a escribir estas líneas, entiendan que este es un problema social grave en el que nos encontramos inmersos y que está en nosotros, padres, profesores, autoridades y gobernantes, encontrar las soluciones en beneficio de nuestros hijos y de las futuras generaciones.

Le pido a los que tienen la responsabilidad de la educación a su cargo, a que coloquen este problema en un lugar relevante de sus agendas, ya que es necesario y sin más pérdida de tiempo, legislar y dictar normas claras y concretas, tendientes a optimizar la educación de los jóvenes de hoy, que serán los encargados de conducir el destino del país en las próximas décadas.

Quiero despedirme con las palabras de un gran escritor del siglo pasado, Gilbert K. Chesterton: “la educación es el alma de una sociedad que se trasmite de una generación a otra”. 

Opiniones (5)
17 de noviembre de 2017 | 17:13
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17 de noviembre de 2017 | 17:13
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  1. Tiene razón 1984. Insultar, amenazar y/o ridiculizar a los alumnos no es la forma correcta de poner límites. Engendra violencia, que es incluso naturalizada por los alumnos, que al crecer, hacen lo mismo. Las clases "magistrales" que este profesor parecer sobrevalorar, son buenas en algunos contextos, pero en el secundario, no debieran ser el principal ni el único método didáctico. Hay muchos profesores, especialmente los que tienen poca actualización pedagógica, que enseñan del mismo modo que ellos aprendieron. No entienden que la forma de aprender de los estudiantes ha cambiado y que además la regla general son los estudiantes con formas muy diferentes de aprender. Los alumnos de la profesora Cogni, son una elite de estudiantes, muchos hijos de profesores y supuestamente de buenos promedios. Esos son los que más se aburren, son difíciles de motivar, a veces son soberbios, por su edad. Pero la respuesta no es que el profesor descargue su impotencia en forma de insultos o agresiones. El profesor debiera actuar como un ingeniero de la didáctica de su materia. ¡Acaso cuando un ingeniero se enfrenta con una maquinaria que no funciona como se espera y no responde a sus intentos la agarra a golpes e insultos? ¿o dice, !Ah, no, a mí no me prepararon para tratar con maquinaria rebelde o que no funciona como me dijeron que tenía que funcionar? Creo que los docentes debieran comportarse como ingenieros de la pedagogía y de la didáctica de sus materias. Si no, dedíquense a algo más fácil, como la ingeniería. La docencia es una ciencia muy compleja, porque tiene en sus manos la formación de personas. Nuestros actos ante los alumnos dejan en ellos marcas permanentes y si cuando no logramos los objetivos nos ponemos violentos, crueles o hirientes, eso es lo que aprenden.
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  2. Excelente nota!! Coincido absolutamente en todo lo expresado (y me animo a decir que, afortunadamente, muchos piensan así también).
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  3. Insultar y amenazar no es poner límites, es agredir y faltar el respeto, venga de dónde venga. La doble moral de los docentes asusta
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  4. Hay que estar hablándole a quienes no te escuchan... no hay respeto por nadie, no hay un mínimo de modales... ya a los chicos los forman otros chicos ( la calle o las juntas o los compañeros) pero los padres no les enseñan, no los "crían"... El tema pasa por los adultos... Bien por la profesora, no hay que tolerar esa falta de respeto y para que ellos lo comprendan hay que utilizar su propio lenguaje
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  5. Tenés toda la razón del mundo Oscar. Acompaño totalmente tu pensamiento en esta nota. Seguramente encontrarás muchos opositores a la misma, quienes aunque interiormente también ven como vos la decadencia educativa, no se animan a decirlo por temor a las críticas o por querer mostrarse más tolerantes o comprensivos con la realidad actual. Desde el punto de vista de la educación, aunque los políticos de turno quieran hacernos creer otra cosa, ESTÁ TOTALMENTE DESTRUÍDA. Y lo que es peor, esto no solo no lo arregla nadie, pues al igual que los planes sociales y los subsidios, YA SE HA CREADO TODO UN HÁBITO que será imposible de erradicar, y que inclusive ya está ganando terreno también en el ámbito universitario. En las escuelas ya está instalada definitivamente la idea que hay que dejar que los alumnos hagan lo que se les de la gana. Las autoridades de los colegios tampoco saben que hacer y solamente tratan de disimular su desencanto sin poder mejorar la situación por escapar a sus posibilidades y convicciones, esperando una jubilación que tampoco premiará con justicia sus esfuerzos y malasangre. A todo esto, quienes ostentan las jefaturas de Ministerios,Direcciones, Secretarías, etc. de Educación (provincial y nacional), se limitan a trasladar el verso emanado de autoridades superiores (que ni ellos se creen) al resto de la sociedad. En una palabra: "ESTÁ TODO PODRIDO", como lo está la política y desgraciadamente gran parte de la sociedad. La Democracia está totalmente vapuleada y desacreditada, precisamente por este tipo de conductas demagógicas que la clase política, en este caso, también practica con la educación. Ojalá, alguna vez las autoridades y la sociedad toda tome conciencia del grave perjuicio que todo esto está ocasionando en nuestra provincia y el país, repercutiendo en las futuras generaciones. De una vez por todas y con seriedad, en materia educativa SE REQUIEREN CAMBIOS PROFUNDOS EN TODO SENTIDO Muy buena tu nota y te felicita un colega y amigo.
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