opinión

Cámpora, esa vieja zamba del folklore peronista

Hay un canon a seguir. Arranca con dos mortales convertidos en mito: Perón y Evita.

Cámpora, esa vieja zamba del folklore peronista

 Es en el folclore peronista donde mejor se le pega al bombo para que la cosa pública haga ruido. Guitarras desafinadas y alguna que otra voz disonante completan un concierto que, desde hace años, ha tenido al país entero como auditorio cautivo de una zamba que bien quisiéramos titular: “Zamba para el olvido”.

Hay un canon a seguir. Arranca con dos mortales convertidos en mito: Perón y Evita. Al peronismo no se le puede pedir coherencia histórica. Según pasan las décadas, el movimiento ha zigzagueado de derecha a izquierda y de estatismo sin que esto le cueste la pérdida del fervor popular. El pueblo ha querido eso. No admitirlo sería de necios: pasó de ser estatista a privatista, del indulto a la condena de los asesinos, de quitarle el petróleo a los españoles para dárselo a los yanquis, y así las cosas, la van llevando siempre montados en un discurso falaz que se arma sobre la marcha. Podría seguir enumerando contradicciones ideológicas hasta agotar el estribillo de esta vieja canción.

Recordando aquellas antiguas boticas donde se encontraba de todo, en el justicialismo se puede comprar desde fachos ortodoxos a revolucionarios vencidos, pasando por moderados demócratas y eclécticos de ocasión. El partido se da el lujo de exhibir una fauna sorprendentemente variopinta. Desde un marxista como John William Cook a un católico como Carlos Disandro, pasando por un liberal capitalista como Carlos Menem, un estatista de ocasión como Néstor Kirchner o Antonio Cafiero, un ex montonero devenido a empresario como Firmenich, un Rucci, o un inclasificable Vaca Narvaja. Sin olvidar al facho esotérico de López Rega y a una mujer verdaderamente inservible como Isabelita.

Con el Tío Cámpora la cosa no es muy distinta. La juventud kirchnerista se ha enarbolado bajo las banderas añejas de La Cámpora, acaso como un tardío homenaje a aquel hombre que no fue. Cámpora practicó el servilismo político en su más alta dimensión. Por eso tal vez llegó a presidente. Fue pantalla de una elección que tenía por objeto el retorno del Pocho Perón al país. Perón terminó despreciándolo, se lo sacó de encima y lo mandó a ocupar una embajada en México. Cámpora no tuvo proyecto propio. Y si lo tuvo, nunca se animó a llevarlo a cabo. Eligió ser un servil.

Cuesta comprender por qué los camporistas de este siglo lo tomaron como bandera. No fue un estadista, ¿entonces? ¿Será que la militancia se ha reducido a ocupar espacios de poder bien remunerados? ¿Será que el ejemplo de los funcionarios ha calado hondo en la nueva militancia? Salvarse y salvar a la familia. Lo demás es puro folclore de un disco que se rayó de tanto dar vueltas bajo la delgada púa de la historia. ¿Estamos entonces ante un reeditado “capitalismo de familiares, compañeros y amigos”?

Es innegable: La Cámpora ocupa hoy un lugar de privilegio en el tablero del poder. En el entretenido juego de ocupar ministerios, secretarías, direcciones, subsecretarías y empresas del Estado, no pesa la convicción, el conocimiento o la probidad. Argentina dejó atrás hace tiempo esa clase de parámetros. La guapeza torpe, bravucona e irresponsable ganó el territorio que alguna vez ocupó la decencia, la capacidad y el trabajo comprometido.

Hay que reconocerlo: el Estado argentino no ha generado condiciones de empleo como para que los chicos y chicas se inserten en el mercado laboral privado. Hay muy poco trabajo genuino en el cual se respeten las leyes laborales. Creció el trabajo en negro. No hay garantías de que en la actividad privada se pueda planificar a futuro al menos dos semanas para adelante. En este contexto, se entiende que miles de personas se alisten en La Cámpora, funciona como agencia de empleo. ¿Qué puede ofrecerle el país a esa generación? Lo grave está en que todo se hace con plata del contribuyente. ¿Tiene más derecho de ligar un buen trabajo un militante de La Cámpora que un muchacho de El Encón, Marayes, Ullum, Las Heras o de Chepes?

Los chicos de La Cámpora eligieron bien. No buscan mucho más de lo que buscó aquel presidente que duró poco más de un mes. Aprovecharse del Estado mientras dure la volada. Arrebatar lo que se pueda. Vivir mejor. ¿Y el país? ¿A quién le interesa un detalle tan menor? La historia, como siempre ocurre, se olvidará de registrar los detalles nimios.

Opiniones (3)
23 de agosto de 2017 | 18:20
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23 de agosto de 2017 | 18:20
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  1. Excelente artículo. No solo dice varias verdades sino que ubica exactamente el lugar que le cupo a Cámpora en la historia, solo no recordando la cantidad de presos comunes que largó a la calle apenas asumido, indultándolos. Sobre "Pocho" solo omite otro defecto: su pedofilia abusando de una nena de catorce años llamada Nelly Rivas perteneciente a algo parecido a la Campora,: la UES (Unión Estudiantes Secundarios).
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  2. Excelente articulo, solo agregar la impronta de violencia que siempre lo pseudoperonistas y los peroninstas utilizaron y utilizan para sus oscuros fines.- Son violentos, reclutan delincuentes peligrosos como punteros, arman a sus cuadros de choque (delia, milagros salas, etc.) fortalecen el narco tráfico (fuente de plata fácil para campañas caras de hoteles de lujo).- Es un gran detalle y hay que mencionarlo:_
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  3. Excelente artículo. Ayer salió en otro medio un reportaje a Margarita Barrientos -a quien no debe haber un solo político que pueda mirarla de frente a los ojos, especialmente los que pertenecen a este "movimiento", donde ella habla del trabajo y los subsidios y la miseria. Aconsejo su lectura.
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