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Martino supo potenciar el trabajo de Sabella

El actual entrenador de la Selección argentina jerarquizó un equipo que estaba establecido y le imprimió su idea.

Martino supo potenciar el trabajo de Sabella

Con la salida de Sergio Batista del seleccionado argentino tras el fracaso en la Copa América 2011, se abría para el conjunto nacional un nuevo camino, una nueva aventura. Un momento emparentado a la historia y la idiosincracia futbolística de un país que respira fútbol y que ha escrito, tantas veces, las páginas gloriosas del fútbol mundial.

Sabella

Hace casi cuatro años, Alejandro Sabella se hacía cargo del primer equipo. Con un perfil diferente a los habituales entrenadores; Pachorra venía de ser campeón con Estudiantes de La Plata de la Copa Libertadores. Trabajador. Honesto. En su primera conferencia de prensa, entre tantas cuestiones interesantes que lanzó, habló de algo que, hoy por hoy, marca a fuego al seleccionado nacional: Sabella hablaba del "sentido de pertenencia". Cómo no recordar esa frase, si cuando la analizábamos nos dábamos cuenta que algo tan preciado se había esfumado con los años secos. Era eso, tal vez, el sentimiento más profundo hacia los colores, hacia eso que nos une con las raíces. Eso que nos iba a hacer luchar hasta el cansancio en busca de un objetivo común.

Sabella supo construir algo tan simple y complejo: un grupo. Todo lo demás es un agregado. Identificó su juego en las eliminatorias rumbo Brasil 2014, potenció al jugador más esperado, el que aun no brillaba en la Selección y era resistido, Messi. Hizo de la homogeneidad del grupo un valor incalculable que hoy perdura. Sabella llegó al Mundial con una idea, pero cambio en la marcha. Las circunstancias lo obligaron. Los rivales lo hicieron modificar. Y hasta Messi sufrió la transformación y, con su sacrificio, el 10 perdió protagonismo. Pero el grupo era lo primero. Y el grupo se consagró subcampeón del mundo, logrando el anhelo más preciado: volver a convencer a todo un país que los jugadores estaban sedientos de gloria.

La llegada de Gerardo Martino a la Selección fue una incógnita. El Tata venia de una floja temorada en el Barcelona y con ello se acercaba la obligación más sustancial como entrenador. Martino supo conservar las virtudes del plantel y potenciar las deficiencias. Atrás quedaba la Copa del Mundo. Jugadores y cuerpo técnico ya le apuntaban a la Copa América. Nadie más que ellos saben de la carencia de títulos de la Selección mayor en los últimos 20 años y de la posibilidad de que sus nombres queden grabados para siempre en lo alto del fútbol argentino.

Gerardo Martino supo mantener el grupo, como si fuera una cofradía. Un grupo de amigos, como tantas veces explica Chiquito Romero. Incluso, con la llegada de Carlos Tévez, ausente de la Selección argentina durante todo el proceso Sabella. Martino también supo darse cuenta de que las largas sobremesas del plantel, con todo los que esto representa, era lo primordial. La señal de cordialidad lo decía todo. Luego vendría el tiempo para trabajar una propuesta futbolística nueva.

Pastore

Con poco tiempo de trabajo, Martino le imprimió al equipo su versión. Consiguió mantener a una defensa que sale de memoria e innovar en la zaga central con la incursión de Nico Otamendi por Martín Demichelis. Una cuestión generacional más que futbolística. Además, el Tata encontró al mejor Messi visto en la Selección argentina, por sobre el del Mundial 2014. Messi es amo y señor del equipo. "Hace y hace hacer". El as de espada. Pero como si fuera poco, le encontró al 10 el socio ideal: Javier Pastore. El volante del PSG perteneció a los 23 que fueron a Sudáfrica 2010 de la mano de Diego Maradona, aunque el Flaco recién comenzaba a hacer sus primeras armas en la Albiceleste. Con Sabella debió esperar otra oportunidad. Y fue Martino quien confió en el ex Huracán, de una técnica envidiable, de una jerarquía exquisita. Hoy, Pastore pertenece en forma indiscutida al once ideal de Martino. Arriba, un grupo de amigos: Di María, Agüero, y los demás.

En el fútbol argentino es una fija hacer y deshacer con los distintos procesos. Destruir todo lo realizado, sin importar rescatar algún aspecto positivo. Pocas veces existe la continuidad o el trabajo a largo plazo. Martino supo rescatar la mejor faceta de la era anterior y aggiornar al equipo en función del juego deseado.

Argentina goza de un presente futbolístico maravilloso, más allá del resultado del próximo sábado en la final de la Copa América 2015 ante Chile. La oportunidad es ahora y los futbolistas lo saben. 

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17 de octubre de 2017 | 03:57
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