opinión

A 200 años de nuestra primera independencia

Cumplimos dos siglos de nuestra primera independencia y es bueno recordarla, ya que los liberales de ayer y de hoy no lo hacen.

A 200 años de nuestra primera independencia

Desde Bartolomé Mitre en adelante, siempre se esmeraron en ocultar este hecho. Este lunes no será diferente. Y cuando no pueden esconderlo más, lo vacían de contenido.

Fue el 29 de junio de 1815 en Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay), un año antes del Congreso de Tucumán y dos años después de la Asamblea de 1813, en la que el centralismo porteño había metido la cola para no aceptar los delegados artiguistas que ya en esa ocasión iban con el mandato preciso de decretar la independencia bajo la forma de gobierno federal.

En 1815, el Congreso de los Pueblos Libres, o Congreso de Oriente, reunió a la Banda Oriental y también a las provincias de Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, integrantes de la Liga Federal que adoptarían además la bandera de Belgrano pero con el listón rojo que la cruza como símbolo del federalismo. De hecho, esas provincias no acudirían a la cita de Tucumán un año más tarde, salvo Córdoba.

En esta ocasión, el Protector de los Pueblos Libres declaró la “independencia no sólo de España sino de todo poder extranjero según el sistema republicano y federal”. Hay que recordar que los centralistas porteños usaron al menos dos veces a los portugueses para que invadieran la Banda Oriental con tal de sacarse de encima a Artigas. Una muestra de hasta dónde puede llegar el entreguismo.

Como siempre, los hechos aislados no nos suelen decir nada, pero si los ponemos en contexto adquieren su verdadera relevancia. Por eso es bueno ver qué pasaba en Buenos Aires al mismo tiempo.

En enero de ese mismo 2015, apenas asumido como director de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Carlos María de Alvear manda una carta a Lord Strandford, embajador británico en Río de Janeiro. En esa carta, Alvear quiere entregar la Patria, y dice entre otras cosas: “…Estas provincias desean pertenecer a Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés y yo estoy resuelto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las afligen. Es necesario se aprovechen los momentos; que vengan tropas que impongan a los genios díscolos y un jefe plenamente autorizado para que empiece a dar al país las formas que sean de su beneplácito, del rey y de la nación a cuyos efectos espero que V.E. me dará sus avisos con la reserva y prontitud que conviene para preparar oportunamente la ejecución…". Belgrano es quien desbarata esa jugada de increíble cipayaje.

Luego Alvear quiso remover a José de San Martín del gobierno de Cuyo, y una pueblada se lo impidió. Quiso invadir Santa Fe y su propio ejército, al mando de Ignacio Álvarez Thomas, se le sublevó y desconoció su autoridad.

Alvear, debilitado tuvo que renunciar en abril, pero abrió una línea continua de tiempo junto con Bernardino Rivadavia, la de los traidores y entregadores, línea que continúa hasta hoy. Cada uno completará en su cabeza esa línea que ha durado 200 años.

Ese es el contexto en el que Artigas convoca al Congreso Oriental y declara nuestra primera independencia. También hay que recordar que para entonces, ya en 1814 había vuelto al trono de España Fernando VII y había reinstalado con más crudeza que nunca el absolutismo monárquico, reprimiendo duramente a los liberales y constitucionalistas en la península. Por lo tanto, tampoco corría más aquello de “la máscara de Fernando”, según la cual, desde 1810 teníamos gobiernos propios sólo para ser fieles al rey de una España avasallada por Napoleón Bonaparte.

Es decir, hacia 1815 ya no había ninguna excusa para no declarar la independencia, como lo reclamaba no sólo Artigas, sino también San Martín y Belgrano, entre otros.

Mientras algunos gobernaban dictatorialmente y de manera inconsulta querían entregar el país, otros democráticamente querían la independencia total de la Patria.

Y digo democráticamente porque otra cosa a rescatar es la forma en que se llevó adelante la elección de los delegados al Congreso Oriental, con voto universal, sin distinción de clases sociales, antes que nadie en ningún lugar del mundo.

Esa condición democrática del artiguismo fue la que lo impulsó a los cambios transformadores cuando gobernó. Porque Artigas en la Banda Oriental (al igual que San Martín en Mendoza), tuvo la posibilidad que no tuvieron Moreno y Belgrano: la de poder llevar a la práctica sus ideas políticas y económicas. Y cuando gobernó en la Banda Oriental, hizo cambios verdaderamente revolucionarios, como el Código Agrario, sancionado el 10 de setiembre de 1815. Fue la primera reforma agraria de América y se basaba en la confiscación de propiedades de “malos europeos y peores americanos”. Y en esa reforma agraria, no sólo se repartieron tierras a los campesinos, sino también ganado, con la obligación de no vender y de montar un establecimiento rural en menos de dos meses.

Casi 33 años antes que el Manifiesto Comunista de Carlos Marx, Artigas ya hablaba en 1815 de igualdad de clases y decía: “Los más infelices serán los más privilegiados”. Y allí incluía también a los afroamericanos y a los pueblos originarios.

Todo esto es parte de lo que nos ocultaron durante 200 años. Por eso, el bicentenario de nuestra primera independencia es un símbolo de los dos proyectos de nación que subsisten hasta el día de hoy. Por eso, están vinculadas aquella primera independencia del Congreso de Concepción del Uruguay con la lucha actual por la segunda y definitiva independencia.

Mariano Saravia.

Opiniones (0)
18 de agosto de 2017 | 02:52
1
ERROR
18 de agosto de 2017 | 02:52
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Bunkers de la Segunda Guerra Mundial
    15 de Agosto de 2017
    Bunkers de la Segunda Guerra Mundial