opinión

Tras la paliza, los puentes

La tarea que le queda por delante a Cornejo es titánica.

El electorado cristalizó este domingo una fuerte corriente de cambio en una provincia cuyo gobierno ha gestionado en forma errática, con falsa soberbia y sin diálogo con sectores políticos, sociales y empresarios. Francisco Pérez quedó deslegitimado como gobernador por una avalancha de votos que fueron hacia la principal fuerza de la oposición. Allí se propuso a un gestor municipal para tomar las riendas de la provincia, Alfredo Cornejo, y no le resultaron suficientes las credenciales de gestor al oficialista Adolfo Bermejo, opacado por una administración provincial que le dio el "abrazo de oso" al mostrarlo como la continuidad de una gestión a todas luces inviable.

Más allá del análisis de lo sucedido, la tarea que le queda por delante a Cornejo es titánica.

Llega al día del triunfo sin información creíble en torno a las cifras de la Provincia, tanto de indicadores económico financieros, como de cuestiones más sensibles a la piel de los vecinos, como la inseguridad.

Una nebulosa se cierne en torno al desmanejo de muchas áreas del gobierno, confiadas a un club de amigos de la escuela secundaria del actual gobernador, unos con más experiencia que otros en la tarea de llevar adelante nada menos que un gobierno; otros, solo con el entusiasmo de poder iniciarse en la política. Vuelo corto.

MDZ no tuvo problemas en encontrar listas de ingresos de "último momento" a la planta del Estado, a todas luces pactado por los gobernantes en complicidad con los sindicalistas que se dicen defensores del trabajador. Las negaron, pero era todo verdad. Forzaron votaciones en la Legislatura para conseguir dejar a su gente atornillada al sueldo eterno del Estado desparramada desde la Corte hasta la última oficina de Vialidad, Irrigación u otra dependencia estatal.

Pero no solo eso. También negaron la crisis financiera y se endeudaron sólo para seguir pagando deuda: una fiesta que algunos de sus ideólogos de las finanzas soñaron como imparable y con la poco científica premisa del "Dios dirá qué pasará mañana".

Debido a ello, resulta algo pendiente, digno de una auditoría externa y esclarecedora, las decisiones en torno a quién pagarle las deudas y cuándo.

El gobernador que se va instaló en su despacho el comando del cuánto y a quién se les paga, con la sola complicidad de su esposa, Celina Sánchez, una ministra sin cartera que ha hecho y deshecho a gusto e piacere desde el despacho de "Jefe de Gabinete", que no es, pero que ejerce sin control.

El "misterio" de Cultura, por caso, es una caja negra. MDZ ha podido derribar algunos muros que aportaban a la opacidad, impidiendo la transparencia de la gestión y allí, lo que puede verse, es aterrador. Mientras por un lado buscaron contagiarse del prestigio de indiscutidas figuras, consiguiendo por ello algún aplauso por vía indirecta, por el otro el manejo por lo menos desprolijo de los dineros públicos ha sido notable.

¿Quiénes, por qué y bajo qué objetivos y precios lideran la obra pública estatal?

No hay una clara señal de planificación en tal sentido, sino que se han salpicado obras que parecieran, a simple vista, que parecen ser más producto del capricho de alguno que el resultado de la demanda de una provincia que ha perdido protagonismo en el país en materia de infraestructura.

Todo el Estado se encuentra atravesado por un relato oficial que niega una crisis que se percibe en el aire y, por lo tanto, en esta provincia que ni siquiera tiene presupuesto para el año que ya promedia, Cornejo empieza la transición hacia su asunción el 10 de diciembre con más sospechas en torno al tamaño de la debacle que certezas. "Todo puede ser peor", piensan en su entorno y, por lo tanto, le tocará conjugar el verbo "gestionar" en toda su extensión.

Es verdad que hay que mirar hacia adelante. Mendoza no puede seguir así: lo dijo el electorado, con fuerza.

Pero sí es necesario girar la cabeza para no repetir errores. Cornejo es un dirigente de carácter fuerte, como Pérez, pero una cosa es el "capricho" sin sustento y otra la firmeza en la toma de decisiones. Deberá elegir su camino. El perdedor empezó mal su camino de salida de la Casa de Gobierno cuando insistió, aun en medio de la debacle, en "marcarle la cancha" al ganador: "Momentito -dijo- que acá voy a decidir yo de qué puntos hablamos", prepeó Pérez en la insólita conferencia de prensa en la que Bermejo, a diferencia del mandatario, se mostró humilde y generoso. Cornejo, por su parte, dio el puntapié inicial con un gesto de humildad, al reclamarle a la tropa propia "no repetir errores del pasado" y convocarlos no a tomar el poder por asalto, sino "a trabajar".

Es tan sencillo lo que hace falta que haga un equipo de gobierno que parece una afirmación "ñoña": solo tienen que trabajar y conseguir que los demás lo hagan.

Para hacerle frente al "monstruo" del Estado, que quiere tener vida propia y manejarse por la inercia de acumulaciones de acuerdos y sobreentendidos previos, hace falta eso, pero de parte de gente preparada para hacerlo, con independencia propia y con alguien que lidere la tarea.

Pérez dinamitó todos los puentes. No solo se negó a escuchar sino que quiso imponer su punto de vista sobre todos los temas, aún sobre los que no demostró capacidad ni conocimiento.

Quiso imitar a Cristina Fernández de Kirchner, pero sin representar siquiera una proyección de su sombra en la política mendocina. Así le fue: adentro y afuera de su partido fue repudiado.

Sin embargo, será el gobernador de Mendoza hasta el 10 de diciembre y es por ello que le quedan unos pocos meses para resignificarse, le guste o no, quiera o no hacerlo. Es su responsabilidad tender por lo menos uno de esos puentes que tiró abajo: el que permita que los equipos de Cornejo accedan a la verdad de las cifras de la Provincia y puedan adaptar lo que les propusieron a los mendocinos en la plataforma electoral a las posibilidades reales de la nueva época que se iniciará.

Pérez tiene una última oportunidad de "bajar el copete" y cambiar, al menos, el diseño del pequeño párrafo que le deparará la historia. A Cornejo le tocará después manejar un poder que ningún gobernador ha tenido en los últimos 20 años, en cuanto al caudal de apoyo social en una elección y, también, al haber obtenido mayoría propia en ambas cámaras legislativas. Ojalá cambie Mendoza.

Opiniones (2)
20 de octubre de 2017 | 12:11
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20 de octubre de 2017 | 12:11
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  1. Excelente nota. Es cierto lo que afirmas, Gabriel, le espera a al Lic. Cornejo , a sus intendentes y a su equipo de trabajo una tarea titánica: en economía, en educación , en cultura, en seguridad. No faltarán, como en otros tiempos y según sus costumbres, peronistas (o K) que pongan piedras en el camino, ambición de quedar atornillados en puestos clave, impunidad para "salvar" sus desmanejos en beneficios personales, existen muchos "lobos" rondando el poder. Sin embargo, los ciudadanos han optado por la muy buena gestión de de la fórmula ganadora. Hay capacidad y solvencia política, por lo tanto, seguramente, el Cambio será el que todos los mendocinos anhelamos.
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  2. Excelente análisis de situación Gabriel, pero a esto habría que agregarle que el nuevo gobierno de a conocer al pueblo de Mendoza, los resultados, área por área, de como reciben la Provincia y ante irregularidades como las de cultura, se proceda a las denuncias judiciales. No faltaran quienes digan que esto es revanchismo, cuando en realidad se trata de empezar con honestidad una nueva gestión. Es indispensable y prioritario terminar con la concepción generalizada de la corrupción estructural, uno de los factores que más ha cansado a la ciudadanía. Por otro lado, debe olvidarse la impunidad de los supuestamente poderosos, única forma de contar con el apoyo del pueblo, por un lado, porque habrá que remar desde abajo y por otra, porque no es costumbre del peronismo dejar gobernar a otros partidos.
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