opinión

No al pago de la deuda

Los candidatos presidenciales quieren pagarla, pero no hay que hacerlo.

No al pago de la deuda

Si hay un punto en el cual coinciden, incuestionablemente, los candidatos presidenciales con mayor chance de ganar en octubre, es que la deuda hay que pagarla. 

Sin ir mas lejos, ayer durante el acto del Día de la Reafirmación de los Derechos Soberanos sobre las islas en el Museo Malvinas que está en la ESMA, la presidenta volvió a reivindicar el ser “pagadores seriales”.

Pero fue aun más lejos. Vinculó la defensa de la soberanía en Malvinas con la “defensa de la independencia económica”, ya en pocos días se cumplirá un año de la sentencia del juez Griesa a favor de un grupo de los holdouts.

El 16 de junio, dijo, “se cumplirá un año de aquella sentencia que condenaba a la Argentina al pago usurario de papeles de deuda externa en posiciones de los fondos buitre que fueron adquiridos por muy pocos dólares (…). Vamos a sostener una y mil veces que estamos dispuestos a pagar al 100% de nuestros acreedores en condiciones legales, legítimas y equitativas para todos”, afirmó en otro pasaje de su discurso.

¿Pagar la deuda es defender la soberanía y la independencia económica?

Durante el desarrollo de la 1º Conferencia Internacional Deuda, Bienes Comunes y Dominación (1) que se hiciera del 3 al 5 de junio, muchas fueron las voces que, desde diferentes sectores, aportaron elementos para aproximar respuestas a estas preguntas.

“La conquista, la esclavitud, la dominación de siglos, están en la raíz de la deuda que hoy seguimos pagando. Por eso cuando hablamos de la Deuda, nuestra consigna principal es ‘No pagamos porque No debemos’. Es importante recordar esto y que no solo es por los orígenes de la deuda que seguimos pagando hoy - la dictadura - sino que todos los años en el presupuesto nacional dedicamos una porción mayor al pago de esa deuda que nos sigue pesando. (…) Hacemos acuerdo con Monsanto para poder pagar la deuda, hacemos acuerdo con Chevrón para poder pagar la deuda y para seguir endeudándonos mas”, afirmó Beverly Keene, integrante de Diálogo 2000-Jubileo Sur, quien explicó el por qué de la ilegitimidad de la deuda.

Es que la deuda es parte esencial de un modelo productivo y de una estructura económica que no ha variado en lo fundamental desde el golpe de Estado a la actualidad. Si miramos un poco hacia atrás, la deuda que comenzó a engrosarse durante la dictadura, luego se profundizó durante el neoliberalismo y, a pesar de los canjes y pagos, se incrementó durante la última década.

Se trata de un modelo productivo altamente concentrado y extranjerizado, con base en el extractivismo que depreda y contamina (en especial de soja y minería a cielo abierto, pero avanzando hacia la explotación de hidrocarburos no convencionales).

“El problema no es DEUDA; es deuda y el modelo organizado en torno a la misma”, afirmó durante la apertura de esa Conferencia, Claudio Lozano, diputado nacional y miembro de la Comisión Bicameral por la Investigación de la Deuda, en el Parlamento.

Una industria que demanda 36.000 millones de dólares en la compra de componentes importados para funcionar, un capital concentrado que ha fugado en la última década cerca de 100.000 millones de dólares, transnacionales que transfirieron al exterior 72 de cada 100 dólares que ganaron (en la última década casi 40.000 millones de dólares) y compromisos para pagar capital - solo en 2015 - de 54.000 millones de dólares, explican el por qué del constante endeudamiento.

“¿De dónde salen los dólares? De la consolidación de un patrón de extracción, apropiación y exportación de nuestros bienes comunes”, afirmó Lozano. “El relato dice que la soja, la minería y los no convencionales nos pueden transformar en Arabia Saudita, pero en realidad nos van a dar los dólares para financiar la inclusión entendida como acceso al consumo, no como resolución de las relaciones sociales en nuestro país, sino el consumo”, continuó.

Esta lógica de supuesto desarrollo se asienta en la superexplotación de la fuerza de trabajo: “la tasa de explotación en Argentina supera el 300%, el 50% de la población está fuera del circuito formal, el ingreso promedio es del orden de los 6.000 pesos para una canasta familiar que en la región metropolitana supera los 15.000”. Como síntesis: “Deuda para sostener un modelo asentado en el cianuro y el glifosato y una armaduría industrial que tiene superexplotacion laboral y contaminación ambiental”, resumió Lozano.

¿Es posible que un solo país, en forma asilada, dé solución al problema de la deuda?

Para Alejandro Olmos Gaona (integrante de la Auditoria de la Deuda y de los TBI –Ecuador), “no puede haber solución si no hay solidaridad entre nuestros países”.

El hijo de Alejandro Olmos - quien investigó la deuda contraída entre 1976 y 1983, presentando una causa judicial que obtuvo fallo a favor del juez Jorge Ballestero (2000) - afirmó que más allá del discurso la necesaria solidaridad concreta no existe. “Y digo que no existe porque cuando terminamos la auditoria de la deuda de Ecuador lo acompañé al presidente (Rafael) Correa a una reunión del ALBA en Caracas donde aparte de una declaración de apoyo moral no conseguimos ningún apoyo concreto. Vinimos a Argentina y por supuesto (nos dijeron) ‘la auditoria es magnífica pero nosotros estamos en otra’, y en Brasil pasó exactamente lo mismo”.

Olmos Gaona sostiene que la deuda de la democracia es peor que la de la dictadura: “Y es peor porque la dictadura dejó 45.000 millones de dólares, la democracia pagó 400.000 millones de dólares y debemos en este momento mas de 230.000 millones de dólares. Además, los contratos de deuda de los gobiernos democráticos han sido peores que los suscriptos durante la dictadura, donde Argentina ha renunciado a absolutamente todos los derechos de defensa que tenía en cualquier foro nacional e internacional”.

A propósito de la posición actual del gobierno contra los fondos buitres - a los que definió como “operadores marginales del sistema financiero”- recordó que en el canje 2010 negoció con fondos buitres por 12.500 millones de dólares, sin hacerles cuestionamientos políticos, ni económicos, ni morales. Sobre esta negociación hay dos denuncias penales de los diputados Claudio Lozano y Pino Solanas, causas que “están absolutamente paradas y pasan de juzgado en juzgado sin que nadie quiera ocuparse”, afirmó.

Se refirió además al doble discurso de un gobierno que en foros internacionales cuestiona a organismos financieros como el FMI, el BM y el BID pero luego aporta para capitalizarlos, en tanto permanece siendo miembro de los mismos. “En diciembre de 2010 el entonces ministro de Economía Amado Boudou firmó con el BID el compromiso de Argentina a pagar 7.560 millones de dólares en tres cuotas a partir de 2011, para capitalizarlo. En 2012 se presentó (el Ejecutivo) un nuevo proyecto (luego ley) para capitalizar al FMI en casi 5.000 millones de dólares. Ahora hay un proyecto de ley que seguramente se aprobará en los próximos días que fue enviado en 2014 para darle al BM 1.000 millones de dólares”, comentó.

En el caso del BM y el BID, en la norma firmada por la presidenta y el ministro de Economía, se sustenta el aporte de capital en el argumento de que estos organismos persiguen el objetivo de contribuir a terminar con la pobreza en el mundo y promover el pleno empleo. Respecto al FMI se resalta su importante labor. “El problema es discutir a esas instituciones pero negociar y darle plata. Correa me decía, ‘qué curioso esto: nosotros les damos plata, ellos nos prestan esta misma plata, y nos cobran intereses’”, reflexionó Olmos Gaona.

¿Cuál es la situación actual de la deuda pública argentina?

“Argentina está metida en una ‘Trampa de Deuda Perpetua’, esto significa que está frente a un cuantum de deuda pública impagable. El país vive refinanciando capital hasta el último centavo y pagando, ni siquiera la totalidad sino la mayoría de sus intereses. Y como la mayoría de la deuda se tiene con el propio Estado, esto es mas simple todavía, se re-empapela el Estado”, afirmó el licenciado Héctor Giuliano, especialista en el análisis del tema de la Deuda Pública argentina.

El economista sostiene que la lógica es la de la usura, o sea tratar que el deudor no la pueda pagar nunca ya que ese es su negocio. “Esto crea un estado de servidumbre perpetua”, dice Giuliano.

El último informe sobre la composición de la Deuda Pública (30.6.2014) dado a conocer por el Ministerio de Economía es de hace un año (2). O sea, no solo no sabemos de dónde la presidenta obtuvo el índice de pobreza que reveló en un 5% (con canastas que no se publican desde el 2013) sino que ahora tampoco tenemos datos oficiales sobre lo que se pagó y lo que se debe.

Según el informe, hace un año atrás la deuda pública total en firme (regularizada y en manos de holdouts) ascendía a 210.000 millones de dólares. Si le agregamos deuda no computada (cupones PBI, juicio de los fondos buitre, reclamos del CIADI e intereses a pagar que se computan en el presupuesto como gastos corrientes y la contraída durante este año) la deuda totalizaría entre 240 y 250.000 millones de dólares.

“Cuando el gobierno asume en 2003 la deuda era de 175.000 millones de dólares. Luego del megacanje en 2005, la deuda por capital queda en 150.000. Hoy la deuda según el MECON es de 210.000. La deuda ha ido aumentando a un ritmo promedio de 10.000 millones de dólares por año”, recordó Giuliano.

El presupuesto 2015 calcula que se pagarán este año 100.000 millones de pesos. Como contraste, para Educación y Ciencia y Tecnología suma alrededor de 67.000 millones de pesos. Además prevé vencimientos de capital para el año en curso de 54.000 millones de dólares y la toma de deuda por 71.000 millones de dólares. O sea que la deuda capital volverá a aumentar en 18.000 millones de dólares.

“El gobierno está mintiendo a la opinión publica diciéndole que el país se está desendeudando (…). La Argentina está frente a una trampa de deuda impagable porque no tiene capacidad de pago para responder a deuda y vive en un re-endeudamiento permanente y toma de nueva deuda”, afirmó el economista.

Sobre el juicio de los holdouts, Giuliano aseguró: “El gobierno se acordó que los fondos buitre eran malos y que ganaban el mil y pico por ciento cuando perdió todas las instancias legales en los tribunales externos cuya competencia había reconocido. El gobierno no les dijo, cuando le presentaron la demanda, que esa deuda estaba siendo investigada por los tribunales argentinos. Tampoco objetó la condición de los fondos buitre que compraron la deuda a 0.17 centavos de su valor y se la reclamaban al valor nominal”.

A pesar de este cuadro, para Giuliano existe una solución que podría ser implementada por un gobierno que tenga la decisión política de resolver el problema de la Deuda. Plantea para ello tres ejes fundamentales: una auditoría integral de la deuda; la suspensión de los pagos por capital e intereses mientras se sustancia esa investigación y finalmente, cuando se determine cuánto es la deuda legítima, que el Estado en su condición soberana establezca unilateralmente su capacidad de re-pago y las condiciones de refinanciación”.

“Hoy aquí en Argentina, el gobierno habla de los fondos buitre, pero se niega rotundamente a hacer una auditoría ¿Por qué? ¿Cuáles son los intereses de los gobiernos para no tratar el tema de la deuda, para luego afirmar que son los buitres los que nos vienen a saquear”, preguntó Adolfo Pérez Esquivel durante el Congreso.

Cuando hablamos de la Deuda hablamos del derecho de los pueblos a su Soberanía, no solo económica y política, sino también cultural y ambiental. Y la deuda, como mecanismo de dominación, de colonialismo económico, viola este derecho. La deuda y sus mentores (grandes corporaciones, organismos internacionales de créditos y gobiernos que las contraen) violan los Derechos de los Pueblos, violan su Soberanía. Como dijo alguna vez Alejandro Olmos: “O se está al servicio del país contra la deuda o se está al servicio de la deuda contra el país”.

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