opinión

Tragedias viales: todos culpables

La mirada del coordinador general de Voluntarios en Red Mendoza.

Tragedias viales: todos culpables

Desde hace varios años, el tránsito y transporte terrestre en Mendoza atraviesa una época de severa crisis y se muestra caótica, con las consecuencias que ello significa. Esta situación es generada por el crecimiento poblacional, el incremento del parque automotor, la deficiente red vial, las normas difusas y su incumplimiento, la falta de autoridad y la carencia de educación vial en casi toda la sociedad. También confluyen a esta situación el escaso y deficiente servicio de transporte público.

Frente a nuestra vista mueren cientos de personas al año sin que ello sea suficiente como para originar una respuesta decisiva. Los incidentes viales, con sus muertos, sus inválidos, sus familias destruidas y los altos costos de atención médica y daños materiales, configuran a esta altura una forma de lento suicidio de la población. Como si estuviéramos, día tras día, jugando a la ruleta rusa, situación en la que se sabe que tarde o temprano y de alguna manera nos tocará pagar las consecuencias.

Son muchas las causas que confluyen para que exista un incidente de tránsito: se trata de un cuello de botella en la que culminan numerosas formas de irresponsabilidad. Pero no podemos demorar más la reversión de dos factores esenciales que originan esta tragedia: la ausencia de una política de Estado sustentable y la desaprensión absoluta de la población. Esa inacción oficial y la inconcebible falta de conciencia de los conductores nos tiene que llevar a reflexionar si realmente apreciamos la vida, propia o ajena.

Uno de los puntos más graves, es que estos incidentes están incorporados en nuestro imaginario como una forma de fatalidad, que sólo les puede pasar a los "otros", pensar que las consecuencias irreparables y sufrimiento solo le incumbe al círculo más intimo de su familia y amigos. Y ésta es la principal enfermedad: considerar inevitable algo que nos estamos infligiendo a nosotros mismos, por elección o por inacción. Es una tasa de muertes que ya está siendo naturalizada y aceptada socialmente. No estamos, entonces, ante una fatalidad, ante algo inevitable. Estamos frente a una verdadera patología social. ¿Cómo denominar si no aquello que conlleva a una forma de autodestrucción?

Nadie tiene vocación de asesinar a otro ni de suicidarse, pero con ello claramente no basta. Hay que desarrollar una conciencia positiva del cuidado de sí y del cuidado de los demás. Nuestra comunidad aún no pone en práctica ese cuidado, lo cual lleva a pensar que, si bien no hay voluntad de muerte, no hemos logrado todavía, implantar a fondo, nuestra voluntad de vida. Pero no hemos aprendido aún, en forma colectiva, a respetar aquellas cosas que, traducidas en actos concretos, significan respetar la vida propia y la ajena.

Nos encontramos ante una responsabilidad prioritaria del Estado. Nunca ha existido una política de seguridad vial integrada. Esta debe formar parte de la política social. Debe educar a la población en la prevención e inculcar el respeto de las normas. Pero el problema no es sólo la existencia de una ley. Además de contar con una política de Estado, lo más importante es contar con una ciudadanía que comprenda el sentido de la ley y que esté dispuesta a acatarla. Porque cuidar la vida de todos, en última instancia, no debería ser nunca el fruto de una imposición externa, sino de la madurez de nuestra conciencia.

Acusar a los demás de los infortunios propios es un signo de falta de educación. Acusarse a uno mismo, demuestra que la educación ha comenzado. Es mejor prevenir educando que corregir castigando"

Hugo Fiorens - Coordinador General de Voluntarios en Red Mendoza - 

Opiniones (2)
17 de agosto de 2017 | 23:44
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17 de agosto de 2017 | 23:44
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  1. En el derecho penal alemán, se concibe que el delincuente no es el culpable, sino la sociedad que no supo educarlo o re insertarlo. Este concepto de la nota parte del mismo esquema de pensamiento, y en realidad no es así. Ya que si el estado es el responsable del imperio de la justicia y en este caso del tránsito, es obvio que quien adolece de fallas, es el sistema que el estado implementa. Por lo tanto, no es la sociedad la responsable, sino el estado de no hacer cumplir las leyes y castigar a los responsables con la pena que les quepa.- Es seguro que la sociedad avisada que la autoridad impondrá las leyes y sus multas o castigos, no es tonta y en su mayoría las cumplirá y es allí donde bajará sustancialmente el índice de accidentes, siniestros y muertes. Luego, será fácil perseguir a los infractores que sigan incurriendo en faltas y endurecer más las penas con los reincidentes.- Con educación, salud, administración y demás instituciones públicas, pasa algo similar. Ya que el argentino es como es, porque se escuda en el de al lado, es igual o peor y así se forma la cadena de corrupción que tiene de cabeza a los cuarenta y cuatro millones.-
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  2. Excelente nota, no hay duda de que en este tema y en muchos otros nadie está haciendo los deberes, ni el gobierno ni los ciudadanos (es el único reparo que pondría a estas muy buenas reflexiones, al Estado lo formamos todos, gobierno y ciudadanía). La inconciencia es total y tiene un costo altísimo. La situación no es diferente en otras áreas igualmente importantes como educación, salud, seguridad. Gobierno ausente y ciudadanos indolentes, mezcla fatalmente venenosa, "suicida", como dice la nota. Saludos
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