opinión

¿Qué es el sexo virtual?

La columnista Patricia Frascali y otra interesante entrega para los lectores.

¿Qué es el sexo virtual?
Es una forma de las relaciones sexuales, cuando las partes se contactan por medio de aparatos virtuales. Ellos intercambian los estímulos sexuales para recibir satisfacción sexual.


Los estímulos pueden ser variados: audio (sexo por teléfono), visuales (online usando cámara web, revisando los materiales porno o los juegos sexuales en 3d, q permiten la manipulación de la imagen creada por computador), táctiles (uso de los juguetes sexuales especiales que permiten a transmitir a la otra parte a distancia sensaciones táctiles, de cambio de temperatura y otras), además se aplica los mensajes de texto estimulantes a través de SMS.

El rango de edad de los interesados por el sexo virtual es muy amplio: en promedio de 15 a 55 años. Más frecuente son los varones, pero no siempre son los adolescentes. En caso de los adolescentes, ellos comienzan su conocimiento del mundo de manera activa y tienen la libido elevada, aunque la realización de la actividad sexual en esta etapa esta con frecuencia limitada. En este caso comienzan los experimentos en el Internet, en los que esta escondido un peligro real.

En lo que se trata de la gente adulta, se interesan por el sexo virtual básicamente los que enfrentan problemas en su vida intima con su pareja real, en la esfera sexual. Cuando se disminuyen o se apagan todas las funciones a lo largo de la edad avanzada, la persona puede dedicarse por completo al mundo virtual sexual, para recompensar las perdidas reales y naturales.

Las características básicas del sexo virtual son la ausencia del contacto directo entre la pareja, cierto anonimato, accesibilidad de cualquier objeto de atracción en cualquier momento de tiempo y el control personal de la forma y la duración del contacto.

La pregunta que surge es: por que las personas de manera voluntaria se distancian uno de otro en el plano de relaciones sexuales? No todo se explica por la inseguridad o falta de experiencia.

Se pueden distinguir:

Los curiosos buscan la novedad y la variedad

Los problemáticos: tratan de recompensar la deficiencia en su vida familiar y personal

Los dependientes: adictos a los vínculos sexuales virtuales A propósito, entre éstos, dos tercios nunca han tenido vida sexual en realidad.

Hay algunos que de verdad les atemoriza enfrentar las relaciones reales por la falta de experiencia; hay otros que tratan de realizar en el espacio virtual sus fantasías perversas; y al final, hay quienes aburridos de la vida, tratan de disfrazarla de nuevas creaciones.

Es un problema digno de atención, y mas serio de lo que parece a primera vista, especialmente en nuestros tiempos cuando las computadoras no solo están en cada casa, sino también prácticamente en cada bolsillo. Existe una tentación constante de llegar a conocer gente, comenzar los vínculos de amistad o eróticos a través de Internet.

Sobre la dependencia

Se trata de dependencia cuando la persona tiende a cometer con insistencia, ciertas acciones estereotipadas, que se convierten en el objetivo de por si (como chequear Facebook a cada rato, por ejemplo). Entonces no tanto el resultado, cuanto el mismo proceso de hacerlo trae una satisfacción efímera temporal y que a lo largo resulta absolutamente insaciable.

Detras de los perfiles “buscapareja” con frecuencia se esconden los amantes del sexo virtual, quienes prefieren no anunciarse abiertamente. Una persona romántica ingenua que busca compartir su alma, al principio fácilmente puede quedar embrujada por la suavidad de sus ronroneos, admiración y cumplidos. Luego sigue la propuesta de desnudar una parte de cuerpo frente a la cámara web (por supuesto para “conocernos mejor”), a continuación estas insinuaciones suben de ritmo, hasta entender que le están usando de manera ruda y vulgar, lo que esta muy lejos de los fluidos del alma compartida.

Sobre las mujeres

Se acostumbra pensar que las mujeres no necesitan de relaciones virtuales sexuales A diferencia de lo hombres, las mujeres ponen el acento en la parte psicológica de las relaciones.

Sin embargo, últimamente se destaca la tendencia a buscar las aventuras virtuales por parte de las mujeres también. Esto se puede explicar por la creciente independencia de la mujer en el plano social, así como la triste estadística del número de mujeres solas y los hogares destruidos.

¿Libertad o dependencia?

Las nuevas tecnologías no producen necesariamente relaciones perjudiciales, pero tienden a convertirse en problema si son el único instrumento de relación

Pero Internet puede convertirse en un refugio y despertar patologías ocultas o agudizarlas. Ofrece la posibilidad de vivir una irrealidad sin conexiones coherentes, algo muy atractivo para quien no se siente feliz consigo mismo. También posibilita hacer daño y expone a sufrirlo. La alerta se dispara cuando esta herramienta, que da libertad, o al menos ofrece la sensación de darla, se convierte en una nueva forma de esclavitud de la que la víctima, además, no es consciente.

Hay demasiada dependencia si...
  • Las horas libres se dedican de forma casi exclusiva a relacionarse con otras personas a través de Internet.
  • Se descuidan los lazos anteriores de amistad, o incluso se rompen.
  • Nos mostramos agresivos o irritables si no logramos establecer conexión.
  • La persona afectada niega su dependencia porque no le gusta escuchar que se está 'enganchando' al chat, al messenger o a los foros.
  • Oculta información sobre los amigos 'virtuales'. Si en alguna ocasión habló de ellos, deja de hacerlo.
  • Dedica muchas más horas a una conversación virtual de lo que es capaz de dedicárselo a una relación personal, incluso robando horas de sueño, trabajo u otras obligaciones.
Diversos formatos del sexo virtual

Para muchos el espacio virtual es como un remedio de lo que llamamos “espacio transicional”. Es un área de juego, diversión, condición que facilita una mayor expresividad, en particular de sentimientos, tendencias usualmente reprimidas. La pantalla opera como una pantalla de proyecciones sobre la que pueden ser derivados aspectos disociados o escindidos del yo. Se instala un “como si” en el que, de modo paradojal, pueden manifestarse las mayores intimidades en el espacio más público del mundo.

Alguien puede ser o pretender ser de cualquier sexo, condición social, edad, ocupación, identidad real, ídolo, diva, superhéroe o villano, sublime o abyecto, adorable o exquisitamente repulsivo. La otra paradoja consiste en estar mucho tiempo conectado a la PC, experimentar vivencias intensas, con conmoción corporal y sensorial, amar, matar, pero en realidad no estar con nadie. Estar solo, con una máquina.

Es el paroxismo de la era de la imagen, paradigma de la exaltación imaginaria, paraíso de la pornografía, de la sexualidad perverso-polimorfa, voyeur, autoerótica.

Pueden oírse voces, leerse textos al instante, ver caras, cuerpos, paisajes.Pero no tocarse.

Los estímulos son innumerables, también los contactos, pero vemos en quienes se “cuelgan” frecuente y prolongadamente de la máquina una tendencia a un modo narcisista de desligazón, a preferir la ilusoria no-dependencia de otro (humano), donde reina la búsqueda de un yo de placer purificado, en el hecho de lograr con un simple clic instantáneo la desaparición de quien o aquello que molesta, perturba. La ecuación consiste en que, “como he decidido que no me altere, lo borro o me borro de la pantalla, por lo tanto no existe más”. Esta modalidad es propia de un funcionamiento regresivo y primario del psiquismo.

Para aquellos que padecen ansiedades de tipo fóbico, utilizar la web es un óptimo canal para manejar la distancia vincular a piacere. Se acercan o alejan hasta donde quieren o pueden. No hay angustias de engolfamiento o encierro, como tampoco de soledad o abandono absoluto. El cliqueo del mouse brinda la sensación omnipotente de quedarse o irse cuando lo deseen. Garantiza además un sexo limpio, sin contagios, sin secreciones molestas, pero sobre todo sin compromiso. Con cuerpos que hacen curvas, pero asintóticas, para nunca tocarse.

Ya que no somos solamente espectadores de lo que acontece en estos tiempos sino también actores, esto nos lleva a preguntarnos si estamos observando nuevas entidades clínicas, nuevas enfermedades producto del uso de Internet. La respuesta es que, probablemente, vemos nuevos ropajes para antiguas patologías.

Lic. Patricia Frascali

Mail: patofrascali@gmail.com

Opiniones (2)
23 de octubre de 2017 | 15:22
3
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23 de octubre de 2017 | 15:22
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  1. ¡Se los dije! Estos artículos no los lee nadie, y los comento sólo yo, para que lo manden al basurero del mendolotudo.-
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  2. Les recomiendo que estas notas las pongan en el mendolotudo, ya que seguro allí alguien las leerá. Es notable la insistencia con gente que no la lee nadie.-
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